Bajo el cielo de Dublín.

lunes, 14 de octubre de 2013 by Carmen Porcel

Puede que no sea la foto más bonita del mundo, pero para mí es aún mejor que eso. Hay que buscar la magia todos los días.

la bonita de dublin
     El día que tomé esta foto era libre. Eran algo así como las siete de la mañana de un miércoles. De agosto, creo. Salí a fumar un cigarro pese al frío, en compañía de una de esas personas que se cruzan en tu vida durante un instante y tienen un aura especial que hace parecer que siempre hubieran estado en ella aunque vengan de la otra punta del mundo. Y en aquella terraza, me senté en el suelo a lo indio. Me quedé en silencio y me di cuenta de que Dublín estaba en silencio también. Me pregunté cómo sería vivir todo el tiempo en una de esas casas. Supuse que entonces se perdería la magia. Pero esa mañana... o mejor dicho, cuando mi noche aún no había acabado, yo era libre y todo estaba lleno de magia.
     El silencio de Dublín y el misterio de las personas que vivían en esas casas. Lo bien que sentaba el humo con ese frío en pleno agosto. Y miré al cielo. Miré, respiré profundamente y al ver el amanecer fui consciente de esa magia. Que el arcoiris atravesaba Dublín desde el sol hasta el suelo justo a mi izquierda. Que, al otro lado, el cielo no era azul a esa hora a la que nadie lo miraba. Tenía tres colores y yo estaba allí y podía disfrutarlo. Y sentí que aquello era ser libre: creer que el cielo está allí solo para ti aunque cubra un mundo entero. Que nadie perturbe tu silencio, que nadie destroce ese momento con palabras.
     Y quise capturar ese momento. Menos mal. La leyenda que puse en esa foto fue: "lo bonitos que son los amaneceres y el poco caso que les hacemos normalmente. Deberíamos avergonzarnos de ello". Meses después he visto esa foto y revivido esa magia cuando más falta hacía. Como si eso no fuese magia también. Y leer esas frases de las que acompañé mi momento privado con el cielo ha servido para avergonzarme de ello. Si quiero ser así de libre, si quiero sonreír... Solo he de hacerle un poco más de caso a los amaneceres. Y a esas cosas que están ahí aunque no nos demos cuenta.

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