De casas y recuerdos.

viernes, 21 de diciembre de 2018 by Carmen Porcel
Siento cómo se desprende de mí un pedazo de mi corazón. El que encierra todos los recuerdos, tanta vida que hubo en estas paredes… y ya no está.
Su ausencia me golpea en forma de hogar. Miro a la derecha y la casa, medio vacía, me transporta al primer día que la pisé. Hace unos dieciséis años, más de la mitad de mi vida y, sin embargo, me sorprendo ante lo cristalino que es el recuerdo. Mi hermana y yo de niñas, jugando con una pelota de baloncesto en el piso aún diáfano.
Podría decirse que estaba igual que ahora: sin vida. Pero no es así. Entonces era, aunque no lo sabíamos, un lienzo en blanco sobre el que íbamos a dibujar algunos de los momentos más felices de nuestras vidas. Hoy ya no. Hoy las pinceladas de la felicidad, la complicidad y el amor que aquí tuvimos lo inundan todo. El piso se queda vacío de cosas, pero lleno de momentos.
En mi corazón hay un flujo constante de lleno y vacío. Se llena sabiéndose afortunado de haber construido esos recuerdos y se vacía pensando en cómo se marchan hacia las puertas del pasado. Como en el eterno dilema de la botella, no sé si mi corazón al final queda medio lleno o medio vacío. Solo sé que voy a abrazar bien fuerte todos estos recuerdos para que no se vayan nunca. Duele recordarlos, sí; pero más triste sería no tenerlos. Y con eso me quedo.
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Cartas que no leerás: Partirse el alma.

viernes, 3 de agosto de 2018 by Carmen Porcel
Tengo en mis ojos las lágrimas de quien ha perdido un amor para siempre. Así es, nunca había vivido un duelo como este. Paradójico, porque pensé que para este estaba más preparada que nunca. Los últimos meses anunciaban un final inevitable y yo me iba queriendo hacer a la idea. De hecho, te perdí mucho antes de que te fueras y, sin embargo, aquí estoy, con un nudo en la garganta y unas lágrimas contenidas que quieren brotar, pero no les dejo.
No les dejo porque ni siquiera estoy en casa. Me acuerdo de ti en cualquier momento, en cualquier lugar. No quiero olvidarte -y sé que no lo haré-, pero a una parte de mí le gustaría que no me invadieras de esta forma tan repentina. Me invade tu recuerdo constantemente. Ni un solo día desde que te fuiste he podido dejar de pensar en ti.
A veces pienso que se me está partiendo el alma. No sé por qué, pero esa expresión exacta es la que me viene a la mente al pensar cómo me siento. En realidad es un sentimiento amargo, una forma negra de partirse el alma. A la vez pienso en ti y en cómo me animabas a sacar el lado bueno de todo, e increíblemente se me ocurre la forma de verle el lado bueno a partirse el alma. Lo contaré de la misma forma en que, probablemente, lo harías tú: con una historia (pero nadie como tú para contar anécdotas e hilarlas con lo que querías decir).
El malo de Harry Potter, Voldemort, dividió su alma en siete partes para hacerse inmortal y la escondió en objetos, lugares y personas. En su caso tenía, obviamente, una intención de lo más oscura. En cambio, yo esta vez quiero pensar que si siento que se me parte el alma es porque un pedazo de mí se ha ido contigo y otro ha entrado en mi alma para hacerte inmortal en mi memoria. Y de la ciencia ficción me paso a una canción: “un amor que es inmortal, que supera las barreras de la lógica y la física”. Así es el nuestro.
Por suerte, no me puedo arrepentir de no habértelo dicho. Nos profesamos amor mutuo tanto tiempo como la vida nos permitió coexistir y ese es mi mayor consuelo. Ese tiempo ha llegado a su fin, pero nuestro amor será eterno. El más auténtico. Ahora solo me queda buscar la forma de seguir hacia adelante como a ti te gustaría, sin poder recurrir esta vez a tus siempre sabios consejos y a tu incondicional apoyo.
Saldré adelante, te lo prometí. Te quiero. Para siempre.
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