Lo que sabemos.

jueves, 1 de septiembre de 2011 by Carmen Porcel
sabes, porque lo sabes,
que pasó nuestro momento.
y sabes, aunque lo niegues,
que tuvimos nuestro momento.
y no sé si sabes, pero te cuento,
que lo dejamos pasar,
que fuimos unos cobardes,
y me siento un poco menos cobarde
si me atrevo a decir que lo fuimos.
no estaba todo de nuestra parte,
pero dejando eso a parte,
sabes, porque lo sabes,
que yo siempre estoy de tu parte.
y perdona si me lío con rimas tontas,
pero sabes que no tengo otra forma
de decir lo que pienso,
de escribir lo que siento
y te siento
tan cerca como siempre,
más lejos que nunca,
que sigues siendo el que fuiste
y que fuiste lo que ya no eres.
que siempre hemos sido dos
y así estaba escrito,
que seguiremos siendo dos,
porque así lo quisimos,
pero que sabemos,
porque lo sé yo y lo sabes tú,
que todo podría haber sido tan bonito...
más allá de las discusiones y de los gritos,
o de las lágrimas encerradas en algunos escritos,
podríamos no habernos perdido,
pero así lo hicimos,
y podrías haberme tenido,
como todavía me tienes.
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Nadie como tú.

martes, 15 de marzo de 2011 by Carmen Porcel

Ahora lo he entendido, no sé si es tarde para ello o es el momento perfecto, pero de pronto he visto la luz sin si quiera necesitarla...

Nunca me vas a dejar ser feliz, ¿verdad? Es eso. Si no es contigo, con nadie, y si es contigo, lejos; y lejos de ti y sin nadie me es imposible ser feliz.

No lo haces adrede (supongo) pero lo haces... si sonrío ha de ser por verte y si lloro porque me faltes, pero reír si otro me hace cosquillas está prohibido desde el momento en que me diste un beso y te lo acepté.

Porque no somos nada, claro. Ni nunca lo fuimos, ni lo seremos, pero es que somos mucho, ¿no? Y no puede haber uno mejor que tú.

Pues sonríe tú ahora, sonríe gracias a mí una vez más, porque tengo que decirte que lo has conseguido: no me siento capaz de tener con alguien lo que tengo contigo. Y aún así, lo que tengo contigo, lo maldigo.

Malditas sean las veces en que no somos nada y malditas las veces en que soy tuya. Maldito sea el día en que dimos un paso hacia delante, y al cuerno con cada vez que me has dicho que este o aquel no era lo suficientemente bueno para mí.

¿Es que tú sí? ¿Eso crees? Pues arriesga y tal vez ganemos. De momento no puedo saber si eres lo suficientemente bueno para mí, porque nunca has intentado demostrarlo.

Déjame andar hacia delante, y si tengo que chocarme, ¡estamparme! Pero no me digas que nadie me merece, porque si nadie me merece, tú tampoco. Y ya no puedo vivir a tu sombra, pero sé que no vas a dejarme ser feliz y ni aún así puedo alejarte de mí.

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Que no hemos muerto.

martes, 8 de marzo de 2011 by Carmen Porcel
"Que el amor verdadero es tan sólo el primero y los demás son sólo para olvidar". - La Oreja de Van Gogh.

Escuchando canciones en tardes largas y vacías, de esas que estoy con otro pero sin ti, me doy cuenta de que aunque ya te has ido todavía estás aquí. Estás en mis palabras, en mi cabeza, en la forma en que me gusta que me besen, en los últimos recuerdos que valoro, en la vida que un día tuve y en todo aquello en lo que pueda poner una pizca de ti, sin querer, pero sin olvidarte. Tú crees que ya hemos muerto, pero yo aún oigo latidos. Tú crees que te reemplacé, pero yo aún sigo esperando. Vivo en el absurdo de creer que volverás, porque sé que te arrepientes, pero no sé cómo soy capaz de pensar que podrías pedirme que vuelva excluyendo a tu orgullo de entre nosotros de una maldita vez; o que podrías darte cuenta de que cuando dije "adiós", sólo quería decir "ven a por mí". Ya lo dije una vez, somos cobardes. Yo nunca me atreví a decirte que estoy hasta los huesos por ti, y tú sólo supiste expresarte quemándome la piel. Todo empezó hace mucho tiempo, después conocí a tu amigo, tú a mi amiga y así son las cosas. Claro, que todo acabó y donde algo termina, algo empieza y nostros resurgimos a lo grande. A mí me preocupaba que no te cuidaras, a ti te preocupaba que no me cuidaran. Un día te marchaste para luego volver, y yo quise demostrarte que podía estar sin ti. Se me olvidó que en ocasiones eres ciego, y si hago sonar la música de que ahora soy feliz, eso es lo que sientes y te perdí, como me pierdo desde hace tantos años escribiendo lo que jamás me he atrevido a decirte a la cara y así escribo cualquier cosa -como esta- hasta el infinito con tal de evitar dos palabras, ocho letras. Ríos de tinta por callar lo que nunca supimos si saldría bien. Lo que ya vivimos, pero sin nombre. Lo que cada mañana pienso que algún día volverá, porque ya caímos antes pero nunca fue el final.
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Summertime.

lunes, 28 de febrero de 2011 by Carmen Porcel
Te busco, no te encuentro. No te busco y tú me encuentras. Si te reclamo, cuentas cuentos. Si me llamas, me tientas. Y caigo, y acudo. Y voy, y te ayudo. Y me prometo no volver a buscarte, pero te busco. Una y otra vez, la misma historia.
Hay que saber compaginar lo que una busca con lo que una encuentra...
(Escrito a 6/08/2010).
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¿Jugamos?

sábado, 26 de febrero de 2011 by Carmen Porcel
Podríamos jugar a que nunca nos hemos conocido. No hace falta jugar a que no somos amigos, ni a que no nos queremos... seguramente eso sea un hecho. Pero podríamos jugar a que nunca hemos sido amigos, a que nunca nos hemos querido y a que jamás nos tuvimos cariño. Jugar, como decía, a que nunca nos hemos conocido. Encontrarnos en medio de la gente e intentar conocernos, saber quiénes somos y qué nos gusta hacer. Es posible que sea como la primera vez, incluso es posible que, en realidad, nunca nos hayamos molestado en conocernos. Podríamos jugar a que esta vez fuese solo sexo. O a que esta vez todo saliera bien. En cualquier caso, lo mejor sería jugar a no habernos conocido nunca y conocernos por primera vez, a ver qué sale en esta partida. ¿Juegas?
(Escrito a 24/03/2010)
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Sin agachar la cabeza.

lunes, 21 de febrero de 2011 by Carmen Porcel
El tiempo me ha enseñado que en esta vida no hay que pedir perdón dos veces por un mismo error. Si quien ha de perdonarte, no sabe hacerlo, ¿por qué habría que conceder que se regocijen en nuestros fallos? Quizás por amor, pero no por costumbre.
(Escrito a 10/02/2010)
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60’

miércoles, 16 de febrero de 2011 by Carmen Porcel
Que borrases de tu memoria todo lo malo. Que de pronto recordases que un día te hice sonreír. Que recordases mis besos en el cuello, la música de tu habitación camuflada bajo mi risa, las noches juntos, los abrazos en silencio, las miradas cómplices, las cenas sin motivo alguno. Que un golpe en la cabeza te hiciera regresar al momento en el que viste algo que te hizo enamorarte de mí. Que de repente me aceptases otra vez con mis vicios y mis virtudes. Y que después de ese momento, de esa regresión al pasado, el mundo se paralizara 60 minutos, para darte de nuevo mis mejores sonrisas, mis mejores besos en el cuello, para decirte que te quiero y que no te volvería a dejar escapar nunca. Que por ese momento daría el resto de mi vida, por 60 minutos de inyecciones de recuerdos a tu lado.
(Escrito a 20/03/2010).
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Siempre en contradirección.

viernes, 11 de febrero de 2011 by Carmen Porcel
Crítica. Aparentemente descerebrada pero con cerebro. Fumadora compulsiva, poseedora de numerosos vicios. Irresponsable, a veces inconsciente pero perfectamente consciente de lo que hace. Sabe decir no y no le disgusta decir sí. Fría y misteriosa. Cuando crees que la conoces, en realidad no sabes nada de ella. Cuando la has conocido, te das cuenta de que siempre te quedará algo por descubrir en ella. Provocación y decisión, seguridad e inseguridad. Calmada cuando discute, un volcán el resto del tiempo. Imprevisible, risueña. Algunos dicen que está loca, otros sabemos que no la hay más cuerda que ella. Niña inocente y persona madura. Incomprensible, pero no pretende que nadie la entienda. A la inversa de toda lógica, siempre en contradirección.
(Escrito a 11/08/2009).
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Ven.

lunes, 7 de febrero de 2011 by Carmen Porcel
no quiero que tenga un coche,
ni una moto,
ni un patinete;
ni que tenga un título nobiliario,
o universitario;
ni que vaya al gimnasio a diario
para verse más guapo, o más fuerte.
no quiero que sea, por cierto,
ni el más guapo, ni el más fuerte,
ni el más simpático, ni el más inteligente;
ni que tenga, que se me olvidaba,
grandes dotes amatorias bajo sábanas.
me da igual que tenga o carezca de todo ello.
lo importante es que me haga saber
que seré su primer pensamiento del día
y que estará conmigo cada noche,
incluso cuando estemos lejos,
para coger mi teléfono de madrugada
y a las cuatro de la mañana (o quién sabe a qué horas más raras)
saber que descolgará mi llamada.
lo importante es que a cada paso que dé
se alegre,
y que a cada paso que tropiece,
me levante.
lo importante es que me mire a los ojos
y en silencio lo diga todo,
que al verme sus ojos me griten “por fin”,
y que al mirarme susurren “te quiero”.
lo importante es que me conozca
sin maquillaje y sin ropa,
despeinada y recién levantada,
y que aún así, mienta o no,
me diga: “qué guapa”.
lo que yo busco no es buscar,
sino encontrar.
encontrar a quien me quiera,
y ya está.
quien bien me quiera, me tendrá,
sin más.
preséntate, dame dos besos,
conóceme entre copas o cafés,
entre tecleos o palabras,
qué más da: descúbreme,
y si después me quieres,
bésame: te besaré.
dime, dónde estás?
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Ya no existe.

domingo, 6 de febrero de 2011 by Carmen Porcel
Cuando a los ojos del mundo no eras nadie, mis ojos te vieron. Vieron que podías ofrecer muchas cosas y te dejé que me las dieras, y yo también te di de mí todo lo que supe darte. A veces me equivoqué, es cierto, pero mi mayor error fue dejar que te convirtieras en mi sombra, en mi estela, para llegar a ser alguien que predica unos valores y practica otros, o incluso no practica ningún tipo de valor. Y sí, ya no te quiero, pero cuanto te quise... y cuanto me dolió admitir que quien vi entre la niebla, ya no existe. Hoy ya no me duele nada, tan sólo siento lástima ajena de ver como te has podrido en tu innecesaria metamorfosis. Pero ya hace tiempo que se fue el último dolor que me causaste, pues desde entonces tu nombre, como tú mismo, no existe.
(Escrito a 08/01/2010).
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Que sirvan las palabras.

jueves, 3 de febrero de 2011 by Carmen Porcel
yo y mis ilusiones
siempre en una maleta ficticia
que siempre viaja conmigo,
por supuesto.
preguntándome si seré quién
o qué,
si mis palabras algún día
tendrán precio,
aunque ya lo dijo líriko:
“si la felicidad se comprara,
entonces el dinero sería noble.”
pero no es ese el precio
que quiero para mis palabras,
lo que yo quiero es que valgan
como si la felicidad se comprara.
detrás de un papel,
de un texto,
de una cámara.
que suenen o que se lean,
que se escuchen,
que se entiendan,
que cuenten,
que narren,
que informen,
que digan,
que opinen...
que mis palabras sirvan.
y allá voy con mi maleta de ilusiones
buscando algún sitio con altavoces,
para que precisamente,
mi voz suene más alta.
y quién sabe si seré qué,
o quién seré;
lo importante es no perder esa ilusión.
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29.12.06 – Historias de amar, y de amor.

martes, 1 de febrero de 2011 by Carmen Porcel
Corría la Navidad del año 2006 cuando un día irrumpiste en mi vida. Te conocí y pensé que eras el típico niñato flipado, y no causaste en mí ningún interés por seguir conociéndote. Unos días después te conocí en persona, y la verdad es que aparentemente tampoco tenías mucho que aportarme, pero por hacer algo, quedé contigo una noche. Fue curioso ver cómo en dos horas alguien que me era indiferente pudo provocar en mí ese famoso cosquilleo que anuncia que pronto estarás enamorada. Cuando ese cosquilleo surge por primera vez, no eres consciente de lo que se te viene encima. Te desconcierta, te sientes extrañamente feliz pero no te planteas todo lo que pueda haber después. Sólo sé que después de aquella noche, subí y le dije a una amiga “he conocido a un chico, y algo me dice que me durará tiempo…” No sé cómo pude acertar con tanta exactitud si no me había enamorado antes, pero el caso es que lo hice. Acerté: ese chico daría un giro inesperado en mi vida, marcaría el antes y el después en mi forma de ser y me convertiría definitivamente en quien soy hoy.
Hubo momentos en que llegué a pensar que el amor es lo peor que le podía pasar a una persona, y aunque hoy ya no estoy enamorada de esa persona, lo que sí que tengo claro es que el amor, el de verdad, es lo mejor que me ha pasado en la vida y no lo cambiaría por nada del mundo. Como dice una amiga, dejé de ser yo misma, para empezar a ser la verdadera yo. El “yo” que hoy aún prevalece, y que da la sensación de que lo hará mucho más tiempo. Me enamoré de ti, y empecé a moverme por el laberinto del amor sin ayuda de ningún guía. Nadie me ayudó a descubrir ese camino, pero lo descubrí hasta el final y el haberlo hecho yo sola es lo que me convirtió en quien soy. El amor nos hace dejarlo todo por alguien, nos hace sentir que nosotros no somos importantes, que no todo es nuestra felicidad… Y todo porque ese cosquilleo te dice que quieres ver a la otra persona sonriendo, y por verle sonreír, pones tu vida patas arriba si es necesario. Y yo así lo hice. Me enamoré como todo el mundo debería enamorarse: me enamoré sin pensar en el pasado ni en el futuro, sin pensar en mí misma y en lo que podía perder. Lo di TODO y jamás me pregunté si después querría recuperarlo. E hice bien, porque no quiero recuperar nada de lo que di: se gana más dándolo todo por amor, que echando a perder el tiempo en uno mismo.
¿Y qué voy a decir, después de tres años? El tiempo pasa y el amor sigue ahí, el amor existe desde antes que nosotros, y todos aquellos que intentan enamorarse a la fuerza, diciendo “te quiero” sin sentir todo eso que yo sentí, se equivocan, porque el amor es algo que te hace demostrar los “te quiero” sin pensar en que estás haciéndolo, que cuando te das cuenta de que no puedes vivir sin ver sonreír a esa persona, ya es irremediable. El amor no es un juego, y quizás por eso muchos piensan que soy una persona fría y reservada, que nunca abro mi interior a los demás… Pero es que no quiero abrírselo a cualquiera, quiero regalarle mis sentimientos más profundos a quien me haga sentir de nuevo que quiero hacerle sonreír, y con esa persona compartiré todo mi ser, para que pueda aprovechar mis sentimientos para buscarse a sí mismo, como yo me encontré el día que me enamoré.
¿Cursi? ¿Soberbia? De eso nada. Yo no lo sé todo sobre el amor, pero al menos sé lo más importante, que no todo el mundo lo sabe, y lo más importante es que el amor te cambia la vida y no te importa. Los que dicen que en el amor todo vale, no saben lo que dicen. En el amor todo vale para hacer feliz a quien amas, si lo que quieres conseguir en el amor es tu felicidad y no la del otro, no sabes amar.
(Escrito a 6/11/2009).
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Dedícate a vivir.

jueves, 27 de enero de 2011 by Carmen Porcel

¿Dolor? Me han contado a qué se parece, pero sé lo que es. No es una chica diciendo “no” cuando quieres escuchar “sí”, no es una bala en tu cuerpo, no es una desilusión. El dolor es algo mucho más grande. Nada duele de verdad si te intenta hacer daño quien no te importa. Quizás te moleste, de hecho muchos pensarían que molestar lo máximo posible es suficiente para causar dolor, pero el dolor exige estar perdiendo algo que realmente te importa. E “importar” también es una palabra menospreciada por nuestra sociedad, algo que te importa es mucho más que algo que simplemente te gusta. Para que haya dolor, deber estar desvaneciéndose un pilar de tu vida, todo debe dar un giro radical tras el dolor. Del dolor se aprende, te haces más fuerte y seguramente, también más frío. El dolor es el máximo sentimiento, y si logras superarlo, serás algo más insensible. Paradójico, ¿no es cierto? Tras el dolor, tienes miedo. Miedo a volver a perder algo o a alguien, el mayor miedo existente. Solo este miedo, y este dolor, pueden hacer que seas tan precavido para no sufrir que te pierdas un trocito de la vida. Así que si no sabes que es el dolor, no quieras saberlo. No con estas palabras lo has aprendido, sabrás lo que es el dolor solo cuando lo vivas, cuando sientas que algo te quema y te vas consumiendo. Aquí solo te daré un consejo, amigo: si algo te quema, trata de ser hielo, no dejes que te consuma y si logras no convertirte en cenizas, no tengas miedo a volver a sentir el dolor. Dedícate a vivir.

(Escrito a 27/03/2010).

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Recordarás.

lunes, 17 de enero de 2011 by Carmen Porcel
belabela! Recuerdos… Me gusta nadar en medio de ellos y pensar que de algunos siempre quedará un poquito. Duele un poco tener mucha memoria, porque no solo ayuda a recordar lo vivido, sino también qué es lo que hemos sentido a lo largo de nuestras vidas y si juntas todos los recuerdos, eso es un cúmulo de sensaciones infinito. Además no olvidas a las personas. Es un poco lioso, a veces incluso parece una locura, pero quieres a mucha gente que después te decepcionó, desapareció, cambió o te hizo daño, solo porque en tu memoria aún conservas vivo el recuerdo que te hizo apreciar a alguien en su día. Son muchas las personas que conocemos a lo largo de nuestra vida, y sin embargo, pocas son las que se quedan en nuestro recuerdo a lo largo de los años. Yo, por fortuna o infortunio, me acuerdo de mucha gente y a veces da pena pensar en qué se convirtieron o por qué se perdió el contacto, por qué se rompieron las amistades o sencillamente por qué no conocemos el motivo por el cual esa persona ya no está en nuestra vida, ni nosotros en la suya. ¿Y a quién no le da rabia cuando encuentras a alguien que conociste y no te recuerda? Tú, que apreciaste algo de esa persona para guardarlo en tu memoria tanto tiempo, y ella, que ni si quiera se inmutó de tu existencia pasados los 5 minutos posteriores a la última vez que os dirigisteis la palabra. Recuerdos que abruman, que hacen soñar, recuerdos de cosas que se quedaron a medias y tal vez hoy podamos acabar, o tal vez apreciemos que ahora ya es demasiado tarde, recuerdos de personas que nos hicieron daño y de personas que nos abrieron un poco las puertas a la felicidad con las sonrisas que nos sacaron, recuerdos de los días de risas, de fiesta, de peleas y de lágrimas. Tantos recuerdos y tan poca memoria para almacenarlos, aún teniendo una gran memoria. ¿Por qué nos conformamos con acordarnos de tan pocas cosas? Quizás sea porque hay que seguir creando nuevas realidades, pues cada minuto que pasa es un recuerdo al minuto siguiente.
(Escrito a 20/08/2009).
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Cuatro paredes.

sábado, 15 de enero de 2011 by Carmen Porcel

que dicen que algo queda entre 4 paredes

y que de ahí ya no sale,

pero yo digo que las paredes hablan,

que hay lugares que te dicen cosas,

que hay calles que cuentan historias.

que no volveré a pasar por su calle

sin cambiarle el nombre,

sin ponerle aquel nombre.

que no volveré a bajar en esa parada del metro

sin recordar todas las veces en que

paraba en el mismo sitio,

pero con distinto destino.

que no podré pisar ciertos suelos

sin pensar que tiempo atrás

vivieron conmigo momentos.

que las paredes hablan, te lo digo yo.

que hay lugares que me dicen

que siempre que vuelva

me envolverán en una historia,

que dicen que por mucho tiempo que pase

las historias quedaron allí, entre 4 paredes,

y sus 4 paredes me las cuentan.

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Tenía que decirlo y que callarlo.

miércoles, 12 de enero de 2011 by Carmen Porcel
Me apetece decirle al mundo que estoy enamorada de ti. Que me he perdido en tus miradas, que me he distraído viéndote ser tú mismo, reír, bailar, gritar. Que te he tenido a menos de un centímetro de mi cara y me ha apetecido besarte. No, besarte no. Darte el beso más sincero, lento y eterno del mundo. Dar la vida con él y no pedirla de vuelta. Que el mundo se paralizase en ese beso. Que he soñado mil y una veces con callarte la boca con besos como ese. Que me han temblado las piernas al recibir tus abrazos. Que cuando te oigo decir mi nombre, se me olvida hasta respirar. Que cuando me llamas, no hay obstáculo que no pueda sortear para aparecer hace cinco segundos de cuando me reclamaste. Que ya no imagino una vida en la que no existas tú. Que me encanta escucharte pedir perdón cuando me hieres, y que no quiero tener que disculparme contigo ni una sola vez. Que lo que más siento es alivio cuando veo que aún pones una vez más esa carita que dice “sé mía”. Que no sé decirte que no, aunque sí hacerme la dura. Me apetece contarle al mundo tantas cosas que nunca te diría, que me está consumiendo la espera por volver a sentir correr la electricidad por todos los órganos de mi cuerpo la próxima vez que te vea.
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Fantasmas del pasado.

domingo, 9 de enero de 2011 by Carmen Porcel
¿te acuerdas?
éramos todos muy felices.
vivíamos en una nube, sí,
pero a quién le importaba?
me pregunto qué habrá sido
de los sueños que me contabas
cuando pasábamos las mañanas enteras
tumbados en tu cama,
en medio de una habitación casi vacía,
a cuatro pisos del resto del universo.
tenías tantos planes, tantas cosas por hacer,
y ponías tanto empeño en conseguirlo...
sí, seguramente fue eso lo que me enamoró de ti,
la envidia que me daba verte planear
el resto de tus días con tanta seguridad.
yo, por aquel entonces, gastaba poco de sueños
y mucho de carpe diem,
que mañana ya llegaría,
y eso seguramente es lo que te gustó de mí,
¿verdad?
un poco de sueños y un poco de disfrutar el momento,
era una buena combinación, para que engañarnos.
conversaciones absurdas sobre cosas trascendentes,
diálogos serios sobre banalidades cotidianas o soñadas.
era genial retozarse en un mundo inventado
desde la siete de la mañana hasta las siete de la tarde
o hablar por teléfono de quién sabe qué
durante horas.
tengo que decirte que algunos de los que nos vieron ser nosotros,
hoy ya no son lo que eran.
algunos no se reconocen,
seguro que sabes a quién me refiero...
y otros siguen exactamente iguales,
lo cuál es genial según el caso
y absolutamente desastroso en otros casos.
si tú sigues siendo el mismo, seguro que estarás de acuerdo.
aunque no sé si tú eres el que conocí o no,
porque lo último que supe es que habías abandonado el camino
hacia todos los planes que me contabas que eran tus sueños.
si sólo has cambiado de sueños,
será genial saber que eres el mismo,
pero si abandonaste tus sueños por facilidades,
no creo que quiera escucharte.
¿y yo? ¿que si soy la misma?
yo sigo siendo la misma pero con mejores hábitos.
te invito a descubrir cómo puedo seguir haciendo
que sueñe todo aquel que se ponga a mi vera,
cómo puedo motivar a quien quiera
a ponerse a correr hasta sus metas
y te invito a sorprenderte al ver
que yo ahora también fabrico sueños
y también lucho por ellos,
pero mantengo mi esencia de disfrutar cada segundo de la vida.
eso no lo perderé nunca,
yo no me perderé nunca a mi misma.
¿y tú? ¿quién eres hoy?
estaría encantada de volver a conocerte.
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Quema.

sábado, 8 de enero de 2011 by Carmen Porcel
Miéntete.
créete que puedes evitarlo,
que puedes tocar el fuego
sin quemarte,
que puedes tirarte a la piscina
sin mojarte,
que puedes comer chocolate
sin engordar.
miéntete,
y piensa que hagas lo que hagas,
no pasa nada si nadie se entera,
que el silencio mata lo que esconde,
y que todo está en tu mano.
Miéntete,
y miente a los demás.
Hazlo y sabrás que el silencio
no mata nada, sólo lo oculta,
lo atrapa en algún agujero pequeño
y cuando crece y no cabe,
te oprime el rincón izquierdo de tu pecho,
te nubla los pensamientos al explotar,
te esconde a ti también tras lo que callas.
No importa si llegaste a convencerte
de que las llamas no te quemarían
al lanzarte al fuego más ardiente,
lo cierto es que, igualmente, te duele.
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Condiciones para hacer una promesa.

martes, 4 de enero de 2011 by Carmen Porcel

besodeprisalospecados CUANDO no te acuerdes de quién eres,

cuando no sepas cuál es el siguiente paso,

cuando no quieras recordar más

o cuando te duelan los recuerdos,

cuando el mundo se te caiga encima,

cuando te hayan hecho daño,

cuando tú solito te hayas hecho daño,

cuando todo se vuelva negro

y cuando parece que nada te va bien,

cuando todo eso pase, yo seguiré aquí.

te dejaré venir a mí siempre que lo necesites,

es más, te exigiré que acudas a mí si lo necesitas,

pero, sin embargo, lamento decirte que

tendré que ponerte una condición:

VEN a mí cuando todo vaya bien,

cuando los días sean soleados,

cuando quieras ir al fin del mundo,

cuando parezca que todos sonríen a tu paso,

cuando la vida te regale momentos de felicidad,

cuando quieras reír,

cuando te levantes con el pie derecho

y cuando te levantes con ganas de comerte el mundo.

PROMETO compartir todos esos momentos contigo,

prometo endulzar también las partes más amargas,

prometo matar a la lluvia en tus días soleados,

prometo acompañarte al fin del mundo,

prometo sonreír siempre a tu lado,

prometo regalarte toda la felicidad que pueda,

prometo hacerte reír hasta que te duelan músculos que no sabías ni que existían,

prometo atarte el pie izquierdo a la cama para levantarte de buen humor

y prometo dejarte comerte el mundo a tus anchas empezando por mí.

JURO que nunca me suicidaría, porque mi vida eres tú.

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El chico que convirtió su vida en instantes vacíos de sentido.

lunes, 3 de enero de 2011 by Carmen Porcel
¿Cómo pude no darme cuenta? ¿En qué momento se me escapó de las manos decirte que estabas creando un monstruo? Tardé tanto en verlo que no llegue a tiempo para decírtelo, entonces ya no habría servido de nada, pero sí que me pregunto en qué piensas cuando miras atrás y te das cuente de que ya no eres quien eras. Quizás es porque has creado a alguien nuevo sin más, o quizás te has puesto una máscara para ocultar que eras buena persona. ¿Tan caro te salió ser buena persona? ¿Todos aquellos buenos momentos no te valieron la pena? Momentos de amistad sincera con unos, de amor con alguna cuyo nombre prefiero callarme. Momentos en los que combinabas tus problemas con tu felicidad, en que encontrabas el punto medio donde no ser un monstruo ni un ingenuo. ¿De verdad te llena que tu vida sea sólo fines de semana y los otros cinco días vaciles de lo guay que eres? ¿De verdad te miras en el espejo con la cabeza bien alta por no tener cualidades que te definan, sino historias pasajeras que entretendrán un rato? No sé, yo sinceramente creo que si miraras atrás te darías cuenta de que tenías muchas más razones para tener la cabeza bien alta frente al espejo cuando no eras egoísta ni orgulloso, cuando no pensabas que la culpa de todo lo que te pasaba a tí no era del prójimo, cuando estabas ahí para tender una mano a tus amigos si te necesitaban, aunque también tuvieras tus anécdotas de fin de semana. ¿Es que no ves que algún día a la gente dejarán de interesarle tus historias graciosas pero "de un solo uso" y para ese entonces querrás recuperar lo que tuviste? Probablemente no lo ves, como tampoco ves que ya está casi todo perdido. Yo, que te ví antes de crear tu propio monstruo, seguiré aquí, pero no pienses que te estoy esperando como eres hoy, yo no quiero tu monstruo ni nunca lo quise. Yo seguiré esperando a que algún día rectifiques, y si lo haces, volverás a hacerme sonreír como siempre hiciste. Sino, sólo seré una más de tantas personas que perdiste, y tú un infeliz inconsciente de que la vida no son las anécdotas que cuentas, sino los minutos en que ríes o lloras intensamente.
(Escrito a 26/12/2009).
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