Cuando a los ojos del mundo no eras nadie, mis ojos te vieron. Vieron que podías ofrecer muchas cosas y te dejé que me las dieras, y yo también te di de mí todo lo que supe darte. A veces me equivoqué, es cierto, pero mi mayor error fue dejar que te convirtieras en mi sombra, en mi estela, para llegar a ser alguien que predica unos valores y practica otros, o incluso no practica ningún tipo de valor. Y sí, ya no te quiero, pero cuanto te quise... y cuanto me dolió admitir que quien vi entre la niebla, ya no existe. Hoy ya no me duele nada, tan sólo siento lástima ajena de ver como te has podrido en tu innecesaria metamorfosis. Pero ya hace tiempo que se fue el último dolor que me causaste, pues desde entonces tu nombre, como tú mismo, no existe.
Ya no existe.
Cuando a los ojos del mundo no eras nadie, mis ojos te vieron. Vieron que podías ofrecer muchas cosas y te dejé que me las dieras, y yo también te di de mí todo lo que supe darte. A veces me equivoqué, es cierto, pero mi mayor error fue dejar que te convirtieras en mi sombra, en mi estela, para llegar a ser alguien que predica unos valores y practica otros, o incluso no practica ningún tipo de valor. Y sí, ya no te quiero, pero cuanto te quise... y cuanto me dolió admitir que quien vi entre la niebla, ya no existe. Hoy ya no me duele nada, tan sólo siento lástima ajena de ver como te has podrido en tu innecesaria metamorfosis. Pero ya hace tiempo que se fue el último dolor que me causaste, pues desde entonces tu nombre, como tú mismo, no existe.
Fourteen.
y se creía la dueña del universo
primeras caladas, segundos o terceros besos
que iban perdiendo el valor del primero
primeras veces de grandes o pequeños acontecimientos
pero todos ellos igual de especiales para ella.
primeras veces que anunciaban las muchas
en que ella perdería la cabeza,
y mucho tiempo perdiendo el rumbo
o sin rumbo
o en nuevas direcciones imprevisibles.
entonces ella iba a cumplir los sweet sixteen
convencida de que no existían los errores,
de que no quedaba más por aprender
pero no sabía nada todavía.
y cumplió los sweet sixteen
pero no fueron tan dulces
ni tan amargos como a veces se creía, y creía
que no quedaba más por lo que llorar,
que no podía caer más veces al vacío,
que no podría nadie haber cometido tantos fallos
y que de pronto todo se sustentaba sobre el absurdo.
los sweet sixteen quedaron lejos,
y los fifteen resultaban agridulces al recuerdo,
tantas primeras veces, primeros sentimientos.
tantas formas de cometer errores
y tan divertidas, tan únicas.
porque un día fue la dueña de su universo,
pero también la dueña de sus actos
y la dueña de sus consecuencias.
a los sweet sixteen ella prefería pensar
que era víctima de su inconsciente,
de su universo, de sus actos y sus consecuencias
pero al final aprendió,
-porque siempre le quedaba algo por aprender-
que no era víctima de nada ni de nadie,
si acaso ingeniera de su mundo perfecto
o de su mal camino,
según en qué día prefiriese pensarlo.
pero siempre será dueña de su universo,
de aquel camino que escoja para andar,
o para correr, o para escalar.
eso sí, sin tomar nunca el camino hacia la huída
y disfrutando cada vez
de la primera vez
de la vez número mil de cada cosa,
como cuando estaba a punto de cumplir los sweet sixteen.
Salvavidas.
y amanecer dándote cuenta de que ella es el más perfecto cúmulo de golpes, vicios e imperfecciones.
solo ella te destroza así con verdades que te duelen y agradeces.
y sí, es la única que te mira a los ojos y te dice lo que no quieres escuchar sin vacilar,
la que también sabe, además, regalarte los oídos cuando no quieres escuchar más juicios
porque no entra en su mente crítica juzgarte, sino apaciguar tus fieras y decirte cómo arreglar las cagadas.
ella, exclusivamente ella. la que intenta que dejes de buscar precipicios por los que volcarte, con más o menos éxito,
pero aún así olvida esas tres palabras que suelen hacer eco en tu conciencia de “te lo advertí”
para aparecer en el momento más preciso y llamar a las palabras exactas que harán que te levantes y sonrías y que después te conteste:
“deja de hundirte en tu mierda, ¿quieres sexo, tequila o empiezas ya a mirar de frente a la vida?”
sonrojándote hasta extremos que no pensaste ni que existían,
oscilando en una balanza si te apetece más escucharla o follártela,
sabiendo que la mayoría de veces te la follarías,
pero más de la mitad no te quedaría otro remedio que escucharla.
solo ella tiene la virtud de reanimarte a ostias, el defecto de la sinceridad inoportuna,
la que nadie dice porque duele, pero cuanto más duele más vicia.
y cómo vicia... perderse a uno mismo y que ella te encuentre,
sabiendo que podrás perderte quién sabe cuántas veces más
y aparecerá una y otra vez,
y te joderá una vez más, pero ya habrás olvidado cómo no agachar la cabeza para decirle que vuelva
que necesitas sus malditas advertencias para seguir haciendo exactamente lo que no deberías
y que así vuelva cuando se te hunda el dolor en el costado y acabe con él,
contemplando cómo hace maravillas de las miserias,
cómo cada paso mal dado se convierte en una adicción innata a sus rescates
y cómo puede ser tan irremediable que no sepas hacer las cosas bien,
que no sepas darle las gracias por existir cuando recuperas el aliento después del coma,
ni tampoco antes,
que solo sepas acercarte a ella pavoneándote de tu fingida perfección sin ella
o rogándole como un necio que te abra la puerta.
y ni en cien años reconocería en voz alta que ella siempre “me lo advirtió”
pero nunca me previno de que además de comer, fumar, dormir y beber
algún día ella sería otra necesidad vital en mi vida.
y otro día distinto se marchará para siempre
y puede que me arrepienta de no haberle dicho “te necesito”,
pero sí, se habrá marchado y será tarde.
y aunque pudiese ir a buscarla y gritarle frente a frente, cuerpo a cuerpo,
“si te vas, la mitad de mí se muere en vida”
no lo haría.
Porque tu risa es un vicio y lo demás sucedáneos.
Eternamente suya.
Llegó con él a ese lugar que tantas historias albergaba. Allí estaba ella, acaparando toda la luz que pudiese haber en ese lugar, impidiendo que lo que le rodeaba pudiese ser visto como algo más que sombras por aquellos ojos, por aquella mirada que él mantenía fija en ella inevitablemente. Fue después de unos minutos cuando su amigo advirtió su gesto embobado y le dijo: «Mírala. ¿Te gusta?». Esto alertó a X e hizo que reaccionase rápidamente, retirando aquel gesto para comenzar a fingir nuevamente que ella no tenía cabida en su mundo, pero él insistió: «Te gusta ¿verdad? Si quieres, es tuya.» ¡Pensar que aquella mujer tan prohibida y tan única, pero también tan cercana, podía ser suya! ¿Quién lo habría imaginado?
De hecho, X se lo había imaginado miles de veces, pero siempre se había visto obligado a acabar retirando esas fantasías de su mente con tal de no aceptar que le quería, y además, le admiraba. Entonces tomó conciencia de las palabras que su amigo acababa de pronunciar: «puede ser tuya.» Todo esto pasó en menos de ciento ochenta segundos. Y realmente su amigo terminó aquel discurso de forma rápida y concisa, mientras todos esos vaivenes de duda sobrevolaban la cabeza de X.
Sus palabras fueron: «Mírala. Te gusta, ¿verdad? Si quieres, es tuya. -dejó que X pensara acerca de aquello unos segundos y continuó- Tan sólo tienes que luchar por demostrarle que le quieres. Ella nunca ha pedido más. Nunca necesitará nada más que amar y sentirse querida, pero amar a una mujer como ella es mucho más difícil de lo que piensas. Puedes tenerla rápidamente: ve ahí, dile que le quieres y dale un beso. ¡Y no pienses en qué, quiénes o cuántos hay a tu alrededor! Haz eso y habrás alcanzado la meta. Será tuya, pero tendrás que amarla todos los días para mantenerla. Si le quieres, puedes creerme: será eternamente tuya. Eternamente».
Aquella noche, X la contempló durante horas. Vio como reía, y como hacía reír a los demás. Notó esa adicción en que se había convertido verla sonreír y soñar con ella. Y cuando estaba casi amaneciendo, tocó tras su hombro y le dijo: «Te quiero. Y soy tuyo para siempre. Sé mía... eternamente»."
Frases difusas.
en algún ejercicio ineficaz de olvidar
esa terrible incapacidad humana que es
no poder desaparecer, esfumarse,
sencillamente extinguirse sin que nadie se pregunte por qué,
me acordaré de haber reído a tu lado
y maldeciré una vez más mi inutilidad
a la hora de evadirme de la realidad,
blasfemaré contra Dios
y probablemente contra quien se me ponga por delante
y aún tendré huevos a preguntarme
una y otra vez, de forma indefinida,
por qué parece imposible olvidarse de cada abrazo,
de cada reciprocidad de gestos
el uno hacia el otro, y el otro hacia el uno;
cuando sé perfectamente que el único motivo
por el que mi memoria retiene ciertas cosas
que mi ser desearía fulminar
estaba en boca de la protagonista
de alguna peli adolescente de finales de los 90...
“pero sobretodo odio no poder odiarte,
porque no te odio,
ni si quiera un poco”.
En caliente.
Si fuesen papel, ahora mismo rompería todos y cada uno de los momentos en que hemos sido felices. Todos y cada uno de los momentos en que hemos reído juntos y retozado en cualquier playa, o en cualquier cama; en los que nos hemos hecho reír cuando más falta nos hacía, y sobretodo desearía que ese papel estuviese escrito en lápiz para borrar con cualquier goma cada una de las veces en que me necesitaste y acudí en tu ayuda sin dudarlo ni un instante, tratando de hacerlo, aunque no perfectamente, de la mejor manera que a mi juicio fuese posible.
¿Y sabes qué? Que a pesar de que fuesen papel, sé que por ti rebuscaría en cualquier papelera esos trocitos para volver a pegarlos con cualquier método existente, porque yo sí que tengo huevos a decirte que por ti me trago el orgullo y me arrepiento de cualquier cosa menos de lo que me hace feliz y lo que considero que vale la pena. Que rectificaría cualquiera de mis palabras por ti excepto aquellas en que dije que contigo, al fin del mundo. Que no tendría cojones, sin embargo, a romper, si fuese papel, ninguna de las veces en que di gracias al mundo por cruzar nuestros caminos. Porque tal vez volví a equivocarme y a jurar en nombre de la amistad que esta vez, la nuestra, sería para siempre.
Y tal vez mi mayor error fue pensar que valía la pena estar contigo incondicionalmente, pero si así fuese, si todo esto fuese un error, tampoco me arrepentiría de haberlo cometido, porque hubiese o no valido la pena en compensación al daño causado, habría sido ante todo una lección vital inigualable de por qué ya no debería volver a confiar en nadie, ni si quiera en ti.
Entre puntos suspensivos.
Que he dejado las páginas de tu diario, sin leerlas,
en el cajón de la mesilla, segunda balda, las llaves ya las tienes en tu cartera,
y si no encuentras una sonrisa del día, así fresca y de buen tiempo,
dame un toque y a ver qué puedo besarte, que a estas alturas del trabajo
uno parece que vuela al ver tu nombre en el móvil, y pienso en la misma calle
numero
y portal que los tuyos, como si fuera fruto de una traviesa coincidencia
al elegir disparates como palabras favoritas de la mano,
anillos que se nos caen de los dedos
rotos -los anillos, claro- de tanto extremar periferias, atentos a la copa de vino
que pongo sobre la mesa, dos corazones,
un 4 de trébol, 11 garfios de picas, ningún oro
y un as de bastos, reina, y eso que yo siempre creí que tenía destino de jota,
tú de guitarra, y quién sabe si quizá también de rock and roll,
es decir, lo mismo pero sin mástil de proa la que dirigirte
en caso de pérdida o extravío,
como te dije en aquella tienda donde compraste tu última minifalda:
las devoluciones sólo se aceptarán los días de luto,
la garantía caducó a los 6 meses,
¿te apetecen galletas y whisky
para mañana?
por la mañana
Este no es mío. Puedes leerlo completo haciendo click aquí.
Abreviando.
No suelo escribir aquí para decir algo tan breve, pero quizás necesito retarme a verlo escrito.
Te quiero.
Tal vez.
Tal vez te quiera... más de lo que quiero.
Con derecho y sin derecho...
No existe el camino fácil.
Me da igual si eres un filósofo de prestigio, doctor Honoris Causa o el mejor de los cardiólogos, porque en asuntos del corazón no importa lo listo que seas, el talento que tengas o lo avispado que estés. No importa cuanto hayas reflexionado sobre las cosas o cuanto hayas analizado los comportamientos humanos. Me da lo mismo que tu coeficiente intelectual sea superior a la media. Existe una cosa, una sola en el mundo, que nunca entenderás por muy listo que seas si no recorre tu sangre de pies a cabeza, si no la vives en tu piel y no la sientes en tus huesos: el amor. Y me dirás que cuantísimos filósofos han hablado ya de ello, que si me creo novedosa u original por hablar de ello. Y te diré que no, que no me creo nada ni pretendo ser más ni menos que la que te enseñe que ni yo ni nadie podrá enseñarte lo que es el amor hasta que lo vivas. Que me da igual si alguien cree que sí. Que me es indiferente si crees que podrás leerlo en los libros o verlo en las películas de Hollywood, que te lo enseñarán en el colegio o que analizando “El Banquete” de Platón hallarás todas las respuestas. Porque no hallarás ni una. Porque jamás conocerás lo que es el amor si no lo vives, y jamás conseguirás amar sin errar. Te equivocarás, caerás, te levantarás y volverás a tropezar, sufriendo en cada poro de tu piel pero degustando ese dolor como si fuera el más exquisito de los sabores. Y sentirás cosas tan idílicas que creerás que eres pariente de Walt Disney, que hasta te parecerá irreal lo que estás viviendo de pensar que pueda existir algo tan maravilloso. Porque algún día entenderás que amar es algo mucho más grande que pisar la Luna, que inventar Microsoft y que presidir una potencia mundial, y que por más que investigues, no encontrarás la respuesta a lo que es el amor si no lo vives. Y no encontrarás el manual de instrucciones si no te equivocas primero. El único camino que existe hacia el conocimiento absoluto del amor (el único conocimiento verdaderamente útil, valioso y atemporal, por cierto) es la experiencia que supone estar enamorado, aunque después no seas capaz de plasmarlo con palabras para que otros lo entiendan. Si lo vives, sabrás que ya estás graduado en esa materia. Que ya lo has vivido, que sabes qué es el amor. Porque lo decía aquel soneto: “quien lo probó, lo sabe.”
A veces.
No sé, cariño, si alguna vez me echas de menos.
Si alguna vez te acuerdas, aunque sea un poco, de mis besos.
No sé si tú encuentras lo mismo cuando paseas por tus recuerdos.
Ni tampoco sé, si no lo encuentras, cuánta culpa tengo en eso.
Hay cosas que nunca lograré entender;
otras que nunca podré olvidar
y algunas que no quiero admitir, como que de vez en cuando
yo sí, te echo de menos.
Y que me duele que una historia dulce sea agridulce
por ese puto uno por ciento de amargura que supuso su final.
Que no te quiero (ya no).
Que no te recuerdo (desde hace un tiempo).
Pero que a veces, de cuando en cuando, nos echo de menos.
Éste es el desafío.
El don es mío. El tiempo es mío. El reto es mío. El juego es mío. El mundo es mío, está en mi mano. Yo, vi la belleza en las cabezas de las bestias y sentí la tristeza entre las luces mas intensas. Yo me encontré con la muerte y la besé, viajé a través del universo y ya regresé.
Gracias por venir.
O una cosa o la otra, quizás ambas o muchas más.
El primero que vino, por no darme ni una pizca de lo que tenía
y cogerle tanto, sin recibir nada.
Por volverme completamente loca,
y con esa locura hacer que hallase mi cordura.
Por hacerme a mí, porque me hizo.
Me hizo a medida el amor, y desde entonces no soy la misma,
pero ésta soy yo,
la que desde entonces veis
o tratáis de adivinar.
El segundo, por tenderme su mano y abrirme sus brazos.
Por hacerme saber que a veces las cosas también pueden ser bonitas,
que el cielo puede estar mucho más bajo
o yo más alta,
y que por eso a veces una puede dejarse flotar entre las nubes,
que parecen más blandas desde que me elevó hasta ellas
y toqué el final del cielo con las yemas de los dedos.
Y que a veces las nubes se esfuman
y llueve, y pierdes muchas cosas,
pero nunca perderás la sensación de haber sido el ojito derecho del sol,
la niña mimada de las nubes.
El tercero, por no ser ni el último ni el primero.
Por darle un poco de sal a la vida,
y también azúcar, y tequila.
Porque con su sal, cura mis heridas, nacen mis sonrisas,
miradas cómplices y unas risas.
Porque con su azúcar, a veces todo parece mucho más dulce
y otras me sienta mal, pero sobrevivo.
Porque con su tequila, las noches cambian, se hacen más breves.
Más profundas y más activas,
más relevantes que el día aunque no haya sol,
porque las noches de su tequila,
son más noches que ninguna,
porque por luz están las estrellas
y por calor, nuestros cuerpos como cerillas prendidas.
Porque el tercero fue, es y será;
porque no me aburre ni me aburrirá.
Porque ya me lo conozco y nunca lo perderé,
porque conozco el camino de regreso demasiado bien.
Y si yo lo olvido, no hay problema,
dejamos restos de sal y azúcar pegados en el suelo por el tequila,
de modo que alguno de dos sabrá encontrar el camino siguiendo esas huellas.
Como te decía, por aquí las personas no pasan sin pena ni gloria.
Todos tuvieron su momento de gloria
y por todos tuve mi momento de pena,
todos completamente distintos,
pero igual de trascendentales en mi camino.
Porque dejaron su huella para hacerme a su medida.
Porque yo me hice de huellas,
de rasguños, de caricias,
de miradas, de risas
y de tequila.
Y de noches perdidas y de caminos encontrados.
De ignorantes y soberbios.
Filosofía.
Las cosas que te diría si me preguntases: ¿qué tal?
Todo va tal y como tenía planeado. Tú nunca creíste en mí, pero no importa, porque yo sí que creo en mí. Siempre lo he hecho, si tengo que creerme a alguien empezaré por mí misma y después iré a buscar las opiniones que crea pertinentes. Sí, hubo un tiempo en que buscaba la tuya, pero por suerte siempre tuve personalidad. Y amplias dosis de ego, y de confianza en mí misma. Te dije que haría esto y aquello, y lo de más allá, y me decías que sí como a los locos. Quizás no con maldad, pero siempre pensaste que no tendría el valor para hacer lo que quería o para conseguir lo que me proponía. Decías que sí como si fuese una ilusa y ya ves... aquí estoy mucho tiempo después, habiendo hecho exactamente cada cosa que te dije que quería hacer. Habiendo hecho de ilusiones, realidades. Puede ser, sí, que sea una ilusa. Tal vez no erraste del todo... pero soy una ilusa por tener ilusiones, no por imaginarmelas. Y soy quien soy, de los pies a la cabeza, por conseguir que esas ilusiones me lleven a donde quería. Que me muevan cada día las ganas, las emociones, las motivaciones, los sentimientos, los pensamientos y, en definitiva, sí: las ilusiones. Tú nunca creíste en mí y yo siempre creí en nosotros. Gracias al cielo o al destino, o incluso a ti, por hacerme ver que tal y como siempre he hecho, es en mí en quien tengo que creer. ¿Me envidias? Lo sé. Tú nunca tuviste ilusiones, y sin ilusiones ni metas no hay camino que andar. ¿Para qué vives? No respondas, conozco tus evasivas frente a planteamientos tan complejos como el sentido de tu vida. Mejor corre... vete a fumar.
La canción más bonita de amor.
Para amarte necesito una razón y es díficil creer que no exista una más que este amor. Sobra tanto dentro de este corazón que a pesar de que dicen que los años son sabios todavía se siente el dolor. ¿Por qué todo el tiempo que pasé junto a ti dejó tejido su hilo dentro de mí? Y aprendí a quitarle al tiempo los segundos, tú me hiciste ver el cielo aún más profundo, junto a ti creo que aumenté más de tres kilos con tus tantos dulces besos repartidos. Desarrollaste mi sentido del olfato y fue por ti que aprendí a querer los gatos, despegaste del cemento mis zapatos para escapar los dos volando un rato; pero olvidaste una final instrucción, y es que aún no sé cómo vivir sin tu amor. Y descubrí lo que significa una rosa y me enseñaste a decir mentiras piadosas para poder verte a horas no adecuadas y reemplazar palabras por miradas, y fue por ti que escribí más de cien canciones y hasta perdoné tus equivocaciones, y conocí más de mil formas de besar, y fue por ti que descubrí lo que es amar. Lo que es amar.
(Antología- Shakira).
Felices para siempre.
La felicidad dura un instante. Pueden ser unos segundos, unas horas o unas semanas. Buscamos la felicidad de forma imparable sin querer advertir que la felicidad está ahí, tan solo tenemos que verla. La felicidad es cada momento en que sonríes y dejas tu mente en blanco. Es cada momento que he nombrado. La felicidad no podría ser más barata, ni más simple... y sin embargo nos empeñamos en ser felices todo el tiempo. Nada es eterno, incluso nosotros mismos somos seres efímeros. Incluso el suelo que pisamos desaparecerá, pero ¿la felicidad? La felicidad ya es para siempre: aquel paseo, aquel beso, aquella calada fueron reales y cada instante de felicidad permanecerá para siempre. Porque tú sentiste aquella euforia con aquel gol, porque tú viviste aquel beso como si fuera el primero, porque tú escuchaste reír a aquel niño al que hacías cosquillas. Esos momentos permanecerán dentro de tí, en el apartado de "historia de mi felicidad", y no hay nada ni nadie que te lo pueda arrebatar.
Infeliz no es aquel que no puede ser feliz, sino aquel que no quiere.
Jardín zen.

¿Alguna vez has visto un jardín zen? Son esas pequeñas cajitas con arena que la gente utiliza para decorar sus casas o despachos. Sin embargo, la auténtica utilidad de esas cajitas va mucho más allá de la decoración: cada día debes mover la arena con un cepillo. Hacer un montoncito de arena, alisarla, hacerle tres rayas o tres hoyos. O cien mil, no importa, tan sólo se trata de mover la arena a tu gusto. ¿Y para qué mover una caja de arena una vez al día? Para recordar que cada día es diferente, que cada momento es diferente al anterior y al siguiente. La mueves una vez al día y, al día siguiente, cuando la vuelvas a mover, cada grano de arena estará en un punto distinto. Y si al día siguiente tratas de recuperar la forma inicial, quizás seas capaz de aparentarla, pero jamás conseguirás que cada ínfimo grano de arena esté en el mismo sitio en que estaba hace dos días. Sí, puede que parezca la misma posición, pero no es exactamente la misma. Puede que en ocasiones, los días se parezcan unos a otros, pero no son los mismos. Tan sólo mirando esa caja de arena que meneas un poco una vez al día, verás que ayer había una cosa y hoy otra, y que mañana habrá otra distinta. Un jardín zen es una metáfora preciosa: la vida es una caja, y cada día está compuesto por granos de arena. Todos los días son diferentes, y lo que pasó, pasado está. Lo que hay hoy, no estará mañana. Y lo más importante: sólo tú puedes mover la arena y moldearla a tu gusto; sólo tú puedes hacer con tu vida lo que quieras. Es una pena que la gente use estas pequeñas cajas de arena sólo para decorar. Me gustaría tener una para recordar la metáfora que implica cada día, aunque yo no soy de las que me olvido ni por un segundo de que mi vida es mi novela y soy yo quien la escribo. De que mi jardín zen es mío y soy yo quien lo muevo, sin poder volver atrás.
PD: Si buscas en Google "jardín zen", te sale un jardín zen on-line. ¿Filosofía de vida? Para quien la quiera...
La gente.
Cualquier lector veterano de mi viejo fotolog que entienda un poquito de sentimientos y que sepa encontrar entre las líneas una realidad, te podría asegurar que hace cosa de un año (y un poco más, y un poco menos) yo habría dado la vida por tí. Pasé noches enteras imaginando que algún día me tocaría el turno, que algún día te darías cuenta de que nadie te iba a querer como yo lo hice (y eso lo mantengo). Lloré por ti; y por mí, por no tenerte. Sentí cosquilleos en el estómago y me ilusioné cada vez que me pedías que fuese a verte. Dejé de hacer cualquier cosa, CUALQUIERA, por verte o por hacerte cualquier favor. Reconocí tus defectos y los quise igual o más que a tus virtudes. Te quise, te quise de verdad... como quiere una auténtica loca enamorada.
Jamás pude pronunciar una sola palabra en tu contra o inventar cualquier cosa de tí. Mis ojos solo veían amor, mis ojos ya no veían. La realidad no existía, el amarte me consumía. Y te repito ¿qué hicistes tú? Creer a "la gente". Me dijiste que te habían dicho cosas que jamás salieron de mi boca, creíste que yo hablaba mal de tí e inventaba historias. Por Dios, ¿tan ciego estabas o tan grande era tu desconfianza? Pedí perdón por cosas que no hice, y a pesar de ello no me creíste. ¿Para qué creer a quien te ama pudiendo creer un rumor sin fundamento? No es que tenga más fundamento el amor, pero sí más verdad.
Y así pasaron los meses, y conseguí creer que te odiaba. Más tarde logré que me fueses indiferente. Y a día de hoy, puedo decir que no ha habido nadie ni creo que lo haya en mucho tiempo a quien pueda yo amar como te he querido a tí, pero que NO TE QUIERO. Y me entran ganas de poner un anuncio cuando miro estos últimos meses y pienso "soy libre". Ya no necesito ocupar mi mente en tí, ya no. Esta vez has reaparecido esperando a que, como siempre, te acogiera con los brazos abiertos y volviera a darlo todo por verte; pero esta vez sólo has encontrado una pared, que no ha querido remover el pasado, pero que se niega a un presente o a un futuro contigo. No soy tu amiga, ni lo sueñes.
No tuviste una oportunidad. Tuviste mil, y no sólo las dejaste escapar, si no que al final lograste que nunca más volvieran. Me has perdido para siempre, y ahora ves y enfádate con la gente.
Este es mi momento.
Lo que debería decirte y no puedo, ni quiero, ni me atrevo.
He intentado olvidarte, distanciarme, enfadarme contigo, enrabiarme, he llegado a creer que podía odiarte y ¿te crees que he conseguido algo buscandote todos los defectos? Sí... conocerte más que nadie y quererte tal cuál eres, con tus defectos y tus virtudes. Quererte y punto, porque te quiero a ti y el amor no tiene remedio.
He conseguido mirarte a la cara y saber que eres imperfecto por fuera y por dentro, que tienes defectos como estudiante, como amigo, como amante e incluso muchas veces fallas como persona, y sin embargo lo acepto porque dejaría que me fallaras mil veces el resto de mi vida si con eso me garantizas que me darás aún tres sonrisas.
Pero no, no sucederá y lo sé. No me quieres y no me vas a querer. Lo asumo, pero no me conformo. Podré vivir sin ti, pero toda felicidad será incompleta mientras tú no estés aquí.
Si me necesitas siempre podrás llamarme. A ti no te guardo rencor, porque adoro incluso tus defectos. Si algún día dentro de mucho tiempo, después de haber recorrido mucho mundo y de no haber contado conmigo en tus buenos momentos, me recuerdas, debes saber que yo estaré viviendo mi vida porque así es como lo quisiste, pero debes saber también que paralizaría mi vida, y el mundo entero si hace falta si tú me lo pidieras.
Recuerda que el amor mueve montañas. Y en mi caso, cielo y tierra por tus brazos.
Te quiero y nunca voy a dejar de hacerlo. Te quiero, te quiero, TE QUIERO.
Siempre.
Hay que pensar en nosotros.
Sinceramente, repasar nuestra propia vida y dar un viaje en el mundo de los recuerdos, nos ocupa ya demasiado. Tanto, que a veces incluso lo dejamos de lado.
Pero hay que pensar en nuestra vida, en nuestro pasado, en nuestro futuro y en nosotros mismos, señores.
Hay que pensar más en lo hecho y en lo que queda por hacer, porque arreglando los problemas de cada uno, pondremos un granito de arena en arreglar los problemas del mundo.
Y un granito de arena, más otro, más otro, más otro y así sucesivamente, forman mil playas.
¿O no?
Un día en Mallorca.
Los buenos.
Las buenas personas no siempre pueden ser vistas ayudando a una mujer anciana a llevar sus bolsas de la compra, dándole limosna a un mendigo o rezando en una capilla, una mezquita o una sinagoga. No son santos ni mártires, muchas veces las buenas personas dicen palabrotas, dicen que “no” cuando no están conformes con algo e incluso hacen el amor fuera del matrimonio, aunque esto sea un pecado en las tres religiones más potentes del mundo. No siempre son sumisos, educados, conformistas y adorables. Pero les puedes ver dándole la mano a su madre, o a un amigo, en un hospital mientras el otro sufre, en silencio, transmitiéndoles la calma que necesitan. Les puedes ver dando consejos en el momento acertado, consejos que para sus amigos serán mucho más valiosos que frases épicas de grandes poetas, filósofos o cineastas. Dando un abrazo a un amigo que llora, o sonriendo cuando un amigo gana un premio, o se besa con la persona a la que ama, o consigue un ascenso, o una beca. Las buenas personas no siempre ganan premios Nobel, ni Óscars. No siempre se les hace una película contando las grandes hazañas que hicieron a lo largo de su vida, ni nadie escribe su biografía. No se les beatifica, ni se les eleva a la categoría de celebridades. Pero siempre cuentan con el reconocimiento de las personas con las que sonrió, a las que les dio un beso, a las que les tendieron una mano.
(Escrito a 07/06/2010).
Tentación.
“Prohibido” es una palabra que siempre me produjo atracción. Si puedes hacer algo cuando quieres no tiene el mismo valor que si no puedes hacerlo. Si está prohibido es por algo, y necesitas caer en la tentación para descubrir el porqué con todas sus consecuencias. Mas a veces está tan prohibido que los remordimientos son más poderosos que la propia tentación. No es algo que suela sucederme, suelo caer en la tentación sin más… pero esta vez, es diferente. Siento la atracción, lo cuál quizás roza ya el límite en la prohibición. Pero no lo sobrepasa. No sobrepasare los límites, no dejaré que me lleve la tentación. No, esta vez temo las consecuencias. Puedo vislumbrarlas antes de caer en la tentación, y no resultan tan atractivas como la propia tentación. Entiendo, en parte, porqué está prohibido lo prohibido en esta ocasión. Por más que lo entienda no puedo evitar querer caer en la tentación, tener la contradicción de sentirme absolutamente atraída por las cosas prohibidas y completamente aterrada por las consecuencias. Todo hipotéticamente, pues a veces las cosas prohibidas cuentan con una valla eléctrica a su alrededor para que no puedas acceder hasta ellas, y yo ni si quiera sé si podría saltar la valla o me electrocutaría. Pero tengo la tentación de saltar la valla, de sufrir las consecuencias pese a lo poco atractivas que son… tan sólo no la saltaré porque temo que esté electrificada, no por lo que podría pasar tras saltarla.
“Huye de la tentación, pero despacio para que pueda alcanzarte.”
(Escrito a 01/06/2010).
Historias de amor con final, pero historias de amor.

"Si alguna vez conoces a alguien que deja una relación y acto seguido, se mete en otra, te digo que a la primera persona no la quería mucho, porque de aquí a un buen tiempo no vas a estar preparado para empezar ninguna relación. Y vas a seguir buscando un porqué, diciéndote "¿qué hice tan mal? ¿por qué no la supe querer?", pero luego te darás cuenta de que hay historias de amor que son cortas, sin más. Porque tenía que ser así, porque se acabó lo que se llama "la chispa", pero no por ser cortas no han sido historias de amor, es solo que tuvieron un principio y un final. Y entre una historia y otra, hay tiempo para disfrutar de otras cosas: para volver a tu vida antes de ella, o para inventar algo diferente en tu vida que no es ni lo que habia antes de ella ni durante. Para crear tu vida. Y suena a tópico, pero es la vida misma..."
Mejor que el alcohol, para curar las heridas.
Si volviera a nacer, volvería a por ti. Si hubiese otro mundo, me iría contigo. Si lo sabes todo de mí y yo lo sé todo de ti… ¿por qué no puedo decir lo más sincero? ¿Por qué mi sensatez le suplica a mis deseos que se callen? ¿Y por qué estos le obedecen sin querer? Si ella te hace sufrir y te hundes, y yo te rescato de lo más hondo de tu ser a carcajadas, si ella te corta el brazo y yo te presto mi mano, si ante cada rasguño que ella causa corres hasta mí sabiendo que yo curaré tus heridas mejor que el alcohol, ¿por qué sé que a pesar de todo tú vives por ella y ella lo sabe también? Tan solo me gustaría que ella supiera cuidarte como lo hago yo, para no tener que verte nunca más. Te echaría de menos cada día, pero sabría que no pude hacer más. Ahora siento que por más que hago, nada es suficiente. Todo lo doy, pero nada vale. Quizás es por lo que callo, tal vez por lo que no digo, seguramente es que el silencio ganó de nuevo la batalla. Nunca se me dio bien perder, pero esta vez te entrego mi silencio. Hágase el silencio, cúrense las heridas. Sumisa a la sensatez, presa del silencio. Tan sólo tú podrías liberarme, si tú no lo quieres, no valdría la pena ganar la batalla al silencio. Tú eres el dueño de lo que no digo, ella es la dueña de lo que callo.
(Escrito a 31/05/2010).
Si volviera a nacer, volvería a ser yo.
Carta sin sobre.
Se supone que a tu edad la gente no se alegra de cumplir años. Sinceramente, esto me parece una tontería ¿por qué no alegrarse de estar aquí un año más? En tu caso deberías estar doblemente alegre porque en los años que yo he vivido, has conseguido que te admire. Bien es cierto que no siempre lo has hecho todo bien, y ya sabes cuál es mi opinión en muchas cosas, pero hoy no es día de recriminarte nada. Nunca te digo las cosas buenas que tienes y este me parecía un buen regalo de cumpleaños. Creo que para ti, incluso mejor que cualquier regalo que pueda comprarse.
Admiro tu templanza, que cuando discuto contigo me pone nerviosa (a mí y a todos), pero que al fin y al cabo es una cualidad admirable, la capacidad que tienes para sentarte a hablar y arreglar las cosas en lugar de limitarse a los chillidos. Además creo que es algo que, en parte, he heredado de ti. Otra cosa que quizás también he heredado de ti es tu humor, esa ironía tuya, solo que en mí creo que está incluso más pronunciada. Muchas de las veces que estoy contigo, me río muchísimo, y eso no se nota en el momento, pero son cosas que están ahí. Además eres una persona muy neutral, es algo de lo que me he dado cuenta con el tiempo. Una virtud parecida que tienes, pero que no es la misma, es que eres justo. Premias lo que ha de premiarse y castigas lo que ha de ser castigado. Cuando hacemos algo bien, nos haces ver que lo que estamos haciendo está bien, y es una de tantas cosas que tengo agradecerte. Aunque estas palabras acaben aquí, no se terminan aquí las cosas que he aprendido de ti, como el aprender a valorarme a mí misma, que el esfuerzo da resultados satisfactorios o el enseñarme a pensar.
Sólo quería que te quedaras esto por escrito para que, por muchas cosas que pasen, siempre te acuerdes de que te quiero, y de que si eso no es suficiente, además te admiro.
Dos en uno.

Si yo puedo ver desde tus ojos y tú puedes mirar a través de los míos; si yo puedo reírme contigo y no soportar verte llorar; si tú me cuidas y yo me dejo cuidar; si tú vienes conmigo hasta el final y yo me freno para que nunca se acabe; si tú has perdido todo y yo te encuentro en el camino; si tú pareces tener todo pero en realidad no tienes nada y a mí lo único que me falta es lo que aprecio; si tú me haces reír y yo me río; si tú me haces rabiar y aún así sigo riendo; si tú me das la mano y yo la cojo; si yo te doy la mano y tú la coges; si tú no dejas que me pierda y yo me pierdo sin ti… dime ¿por qué somos dos y no uno solo?
------Tus brazos rodean mi cintura para protegerme, estoy a un milímetro de ti y me siento más lejana que nunca. Sin embargo, te siento cercano. Nadie me cuida como tú, nadie me dice que me quiere tantas veces al día como tú, con nadie soy tan yo misma como contigo, nadie impide que me lastime como tú, nadie me guía de vuelta al camino cuando me pierdo como tú, nadie me abraza cuando tengo frío como tú, nadie me entiende como tú, nadie me hace reír como tú, nadie me transmite esa complicidad con una mirada como tú, nadie se preocupa por mí como haces tú, nadie es tan celoso de mí como tú, nadie me valora como tú, nadie me quita el sueño como tú. Y es que tú estás intentando enamorarme, pero aunque quiera, no lo quiero. Pero aunque tú no quieras, quieres. Y es que ya se sabe, amores que matan nunca mueren. Y no queremos que muera, preferimos matarnos lentamente.
Cuestión de tiempo.
Egoísmo.
Y yo.. me pierdo entre tantas preguntas. Quiero estar con él. Quiero volver a mirar sus ojos del color del cielo y volver a verlos brillantes de alegría porque sus brazos rodean mi cintura y sus manos viajan por todo mi cuerpo sin más. Quiero volver a mirarle y no pensar; pensar solo en que le tengo delante y que en ese momento solo él existe para mi y solo yo existo para el. Quiero volver a amanecer junto a él y ver como duerme, oirle respirar y que me parezca el más bonito de los sonidos que puedan rozar mi oido.
Y sin embargo, he de ser 'políticamente correcta' y abandonar todo eso que tanto quiero, porque los amigos duran para siempre (en teoría) y los amores pueden ser pasajeros. Y todo por una simple teoría. Hay que asumir que esto tenía que terminarse porque no estaba bien, porque era algo moralmente prohibido pero sentimentalmente perfecto.
Ni una milésima de segundo.

No me preguntes un porqué, lo único que sé es que te quiero.

Tan lejano lo veo, que a veces pienso que todos mis recuerdos fueron un sueño. Era todo tan bonito, tan perfecto.. que viendo como es todo ahora, parece ficticio. No es que las cosas estén mal, están peor. Están peor porque están indiferentes, si las cosas estuvieran mal al menos estarían claras. Por lo menos ya no me duele. O tal vez me duele tanto, que ya ni lo noto. Pero te sigo queriendo, ¿sabes? Lo hago cada día y cada noche. No veo el fin de eso. No me imagino pensar en otra persona. No recuerdo lo que es no estar enamorado, hasta el punto de que no imagino mi vida si no te quisiera. Tú le das sentido. Quererte me da fuerzas para levantarme cada día, con esa mínima esperanza de que tal vez en ese día nos encontremos, o de pronto hablemos, o incluso la pequeña esperanza de: ¿y si pasara hoy?
Me das fuerzas para levantarme cada mañana con eso, porque pienso que por ti lo he de hacer todo, y si no veo la luz del sol, no podré hacerlo. He de seguir viviendo solo porque tú estás en el mundo. Y que tú estés vivo y en el mundo, es más que suficiente para mi. Lo demás es secundario, son deseos que una tiene o preguntas que se hace: ¿se acordará de mi a veces? Me encanta pensar que sí. Pero hay días que lo quieras o no te hundes y dices "NO. Él no se acuerda. Olvídale." Y ni aún así dejo de levantarme, porque el hecho de querer olvidarte no es suficiente para hacerlo.
Y además, por más que a veces crea querer olvidarte, en el fondo nunca quiero. En el fondo yo, siempre te quiero. Últimamente más en la 'superficie', pero es que da igual donde te quiera o si lo digo o lo dejo de decir: te quiero más que a mi vida y dudo que exista alguien sobre la faz de la Tierra que te quiera como lo hago yo, que piense en ti tanto como yo y que lo haga de la forma que lo hago yo.
¿Querer así a alguien? Indescriptible. Un hecho sencillamente único, algo que sólo podría demostrar si me dejases. Te juro que si algún día quisieras, te haría la persona más feliz del mundo. Porque por TI.. la vida o algo más. La pregunta es si algún día me atreveré a dartelo todo, y a decirlo todo tal cuál lo pienso. Y la palabra sí se va aproximando tanto como la palabra rechazo, de modo que chocan y se alejan una y otra vez. Hasta que un día, mi amor supere a ambas y me acerque a ti definitivamente. Y llegará, porque en el amor (al menos en este) no existen barreras, ni obstáculos, ni frenos. Esto es imparable.
Y es que .. te quiero.
Sin nombre.
Tu amiga fiel.

Cuando el amor, realmente, es amor.
La nostalgia no es nostalgia si no ha habido amor. Si no echas de menos algo que amas, nunca estarás lo suficientemente nostálgico como para sentir realmente la nostalgia.
La esperanza no es esperanza si no hay amor. Puedes desear algo, tener ganas; pero si nunca has tenido fe ciega e incansable en quien amabas, nunca habrás tenido suficiente esperanza.
La tristeza no es tristeza si no ha habido amor. Si no has sufrido por el dolor que sufría quien amabas, si no has llorado por el dolor que te causó alguien que amabas, nunca habrás sentido suficiente dolor como para sentir realmente la tristeza.
La euforia no es euforia si no ha habido amor. Si nunca te has alegrado por saber que la persona que amas es feliz, por saber que la persona que amas te hace feliz con su simple presencia, nunca habrás estado lo suficientemente eufórico como para sentir realmente la euforia.
El temor no es temor si no ha habido amor. Si nunca has temido perder aquello que amas, nunca has tenido tanto miedo como para sentir realmente el miedo.
El valor no es valor si no ha habido amor. Si aún pudiendo perder aquello que te importaba, nunca te has arriesgado por aquello que amabas, nunca has tenido suficiente valor como para saber qué es realmente la valentía.
El orgullo no es orgullo si no ha habido amor. Si nunca has sido tan sumamente orgulloso de dejar marchar aquello que amabas, afortunadamente nunca has sido lo suficientemente orgulloso como para saber qué es realmente el orgullo.
La admiración no es admiración si no ha habido amor. Si nunca has sido capaz de admirar algo aún sabiendo que tenía defectos, nunca has sentido la suficiente admiración como para saber qué es realmente la admiración.
El placer no es placer si no ha habido amor. Si nunca has compartido aquello que te gustaba con alguien a quién amabas, nunca habrás sentido suficiente placer como para saber qué es realmente el placer.
La ilusión no es ilusión si no ha habido amor. Si nunca has sentido que el más mínimo detalle de quien amas podía ser tu mayor ilusión, nunca has tenido suficiente ilusión por algo como para saber qué es realmente la ilusión.
La locura no es locura si no hay amor. Si nunca has estado dispuesto a cualquier cosa, sin excepciones, por alguien a quien amabas, nunca has estado lo suficientemente loco como para saber qué es la locura.
Y si nunca has sentido el suficiente amor, nunca has sentido realmente la vida.
Fugitivos de la estabilidad.
Unidireccionales.
Me gustaría saber qué sería de ti y de mi sin nuestro juego, pero me da tanto miedo pensar que podría dejar de existir un "nosotros", que podría tener que borrar tu nombre de mi cabeza y hacer como si todos los recuerdos no hubieran existido jamás, que prefiero no saberlo. Prefiero seguir pasando el tiempo pensando en qué somos y en qué no somos, en qué se esconde detrás de las palabras en clave, intentando leer entre tus líneas y sin dejar que leas entre las mías. Prefiero seguir pasando el tiempo sumida en la constante incertidumbre de saber que cada día que pase seremos algo diferente a pasar el tiempo pensando que perdí los días de incertidumbre en que me sacabas de mis casillas, quería odiarte y no podía, y después me hacías reir un rato y todo parecía perfecto.
Aunque sí, ya lo sé, nada es perfecto entre tú y yo porque somos seres cambiantes que nunca se sabe por dónde vamos a salir, ni tú ni yo... Pero cuando creemos que saldremos por un lado diferente, que nos distanciaremos porque las personas cambian, seguimos siendo exactamente iguales el uno del otro. Unidireccionales, siempre en el mismo sentido y pensando que cualquier día uno de los dos dará un giro de 180º , aunque en realidad nunca lleguemos a dar ese giro. Porque si algún día quiero girar, no podré mirar atrás, porque si mientras estoy girando te veo, volveré hacia tí para seguir tu camino como he hecho siempre, y es que pase lo que pase, y aunque parezca que hay alguien más haciendome feliz, muchos pueden hacerme sonreír pero SÓLO TÚ, y NADIE más que tú, sabe cómo hacerme sonreír sin ni si quiera pretenderlo.
Sigamos jugando.
El odio.
El amor puede existir sin odio, de hecho sólo existe amor cuando no existe odio.
Sin embargo el odio sólo puede ser sincero cuando antes ha habido amor. El daño real solo nos lo puede hacer una persona a la que queramos de verdad, si nunca hemos amado a alguien no podemos odiarle en el sentido más estricto de la palabra. Por mucho daño que nos hagan, poco nos importan las personas si no les hemos amado antes, y si alguien no nos importa, no es odio: es indiferencia.
"Del amor al odio hay un paso, te odio pero te quise, de las mil veces que sufrí yo tú como mucho una sufriste.."
Un recobeco en el corazón.
A pesar de todo siempre en mi.
Y aunque sea un poquito, no puedo evitar que brotes de mis adentros un poquito de vez en cuando.
La noche y la luna.

La búsqueda imparable.
Me vuelves vulnerable, alterable, variable, cambiante. Me sacas de quicio, me haces reír a carcajadas. Me haces soñar, me haces pensar, me haces correr. Correr hacia ti cada vez que te veo entre la multitud. Sentir ganas locas de que estés en el lugar exacto en el momento perfecto. Si te encuentro se paraliza mi cuerpo, se anulan mis sentidos, dejo de pensar. Sólo sigo el impulso de querer caminar hacia ti, la necesidad de verte con el único fin de mirarte. A un minuto de ti todo tiene sentido, a un segundo de ti todo estará otra vez vacío. Y siempre te busco, y cuando dejo de buscar, te encuentro. Es tan bonito mirarte, sentirte de esa manera cuando estás cerca de mi… me muero por ti. Suena alguna canción, se detiene el reloj y solo pienso “esta vez regálame el cielo”. Ya no quiero que nada te aleje de mí, eres todo lo que quiero, amor. Tú me darás la vida unos segundos, yo me dejaré a tu suerte, soy esa amante que no te olvida, necesito tenerte. Pero el tiempo se acaba y no quiero perderte. Y a saber qué pasará si me quedo contigo, te quiero querer pero eso no tiene sentido. ¿Y qué puedo hacer? No cambiarás, siempre eres igual, un desastre. ¿Qué te voy a decir? Si me haces reír y me sacas de quicio, te pasa lo que a nadie, pero te quiero así, siendo un desastre, y te busco, te encuentro y al perderte tendré que buscarte de nuevo. Pensarte y ver tu mirada en la mía me dará la calma, aliviará la pena. No sé lo que haría sin ti, así que si quiero tenerte, no puede ser de otra manera. Y si fuera capaz de mirarte y decir lo que siento, si pudiera tenerte más tiempo del tiempo que tengo, si solo fuera capaz de retenerte en el tiempo para romper mi silencio y decirte que te busco, que te quiero descubrir, que quiero estar donde tu estés, poder ir donde tú vas; pero esto no pasa y la búsqueda sigue. Te encuentro, te pierdo, desespero en tu ausencia pero sigo adelante para volver a encontrarte, para que vuelvas y te quedes diez minutos conmigo. Siempre tan cerca y tan lejos de mí… pero merece la pena vivir buscando si alguna vez me encuentro tu lado, que nada me aleje de ti, porque aunque en silencio, te quiero.No me sale llorar.
Me asusta porque pienso que tal vez cierta persona me hizo tanto daño, que también dañó mi capacidad de amar. Tal vez la experiencia me ha hecho excesivamente precavida y ahora en cuanto te alejas un poco de mí me voy haciendo a la idea de que no debo amarte. Y eso no es amar, amar era aquello que me ataba a quien más daño me hacía; amar significaba darlo todo sin que nadie reclamase nada, sin que nadie agradeciese nada. Y yo quiero amar, ¡yo quiero amarte! Porque sé que te quiero y porque sé que tal vez te amo, porque ya no me asusta que me hagas daño, sino que me asusta no quererte como te mereces. Y sí, eso es sin duda un gran inicio del amor... al fin y al cabo, se sabe que empiezas a amar cuando pones tu felicidad en la felicidad de otra persona, y eso es probablemente lo que me está pasando. Pero ya no piso sobre seguro, ahora amo sin saberlo, y encima me estoy preocupando de lo que mi cabeza me dice (que es eso, la inseguridad, el no saber si de verdad amo o no), cuando debería hacerle más caso al corazón, que me pide a gritos tu presencia y me pregunta porqué no estás aquí y porqué los días pasan tan lentos desde que no te veo, ni te hablo, ni te beso, ni te tengo...
Paseo.

Nada merece más la pena que el instante que tenemos delante y el siguiente, y la oportunidad de hacerlos diferentes.
Imágenes.
Estoy irreconocible desde que te conocí.
Encuentro la mirada de la que ayer hablaba, y me encanta haberlo vivido al menos, soy afortunada por poder haberla mirado. También esas frases que me vuelvo loca de pensar que las dijiste y no supe reaccionar como es debido:
C: ¿Qué has hecho este fin de semana?
T: Pensar en ti
___
T: Te odio.
C: Yo te quiero poco.
T: Ya lo sé. Por eso te odio
___
Y pensar que esta última frase vino acompañada de aquella mirada que tanto añoro, de una sonrisa tuya y otra mía y de tus manos agarrando mi cintura es lo que probablemente me desconcierta. ¿Como pudimos vivir eso y no darnos cuenta? No sabes todo lo que daría por vivir eso, ni si quiera sabes todo lo que he dado por vivir más momentos a tu lado. Conseguí que quisieras llamarme, que quisieras estar conmigo, que quisieras besarme, que te alegrara verme. Pero no he conseguido aún un te quiero de tu boca y recuperar aquellas tardes y noches con esas miradas. ¿Cómo puedo conseguir tanto y tan poco a la vez? ¿Como puedo tenerte físicamente y saber que no eres mío? Quiero tenerte y saber que eres mío, quiero que tú quieras tenerme contigo.
Te necesito, porque te quiero. Te quiero, porque te necesito. Y porque no me imagino mi vida sin ti, porque ya no recuerdo lo que es vivir sin estar enamorada. Cada mañana cuando me levanto pienso en ti, cuando me voy a dormir recuerdo momentos especiales contigo para poder conciliar el sueño, y entre la noche y la mañana sueño despierta con poder estar contigo. Me imagino mi vida contigo, porque sé que podría hacerte la persona más feliz del mundo. No tendría reparo en dartelo todo. Ningún plan sería más importante que estar contigo, no permitiría que nadie se interpusiera entre nosotros, te dedicaría la mejor de las sonrisas cada día y, solo con estar contigo, sería la persona más feliz del mundo.
Me hace gracia que mucha gente me dice: "tengo unas ganas de que T te diga de una vez que te quiere". Y yo suelo contestar: "¿y porqué iba T a decirme que me quiere, si no es así?". Es que el problema no es que no me diga que me quiere, ¡el problema es que no me quiere! Tal vez algún día pensó en mi, pero por un motivo que probablemente tenga nombre propio, eso dejó de ser así y ni de mil maneras he conseguido recuperar esa mirada, esos momentos. Eso que ahora son recuerdos y en su momento eran sensaciones.
¿Sabes qué? Que otra vez estoy llorando como una idiota. Y no tiene gracia, porque me acabo de poner eyeliner y se me están quedando los ojos negros. Se me están quedando así solo porque pienso en ti, porque sé que te quiero y me duele no poderlo cambiar, pero porque sobretodo me duele que tú no me quieras y que no sé si algún día lo harás. Si supieras cuanto me asusta pensar que va a hacer un año que te quiero y que aún no te tengo.. ¡Me asusta muchísimo! Me asusta porque si en un año no he conseguido tenerte, ni tampoco olvidarte o quererte algo menos, ¿por qué voy a conseguirlo en otro año?
Te quiero tanto que me sorprendo incluso yo misma, pienso tanto en ti que mis amigos están hartos de oir tu nombre, te recuerdo tanto que nuestros momentos me parecen un sueño. Y no sé qué hacer con tantos textos, recuerdos y sentimientos, porque si no me atrevo a completar las tres letras que le faltan a esa T que tanto escribo y acompañarlas de un te quiero en frente tuyo, no conseguiré nada nunca.
Pero es que no me atrevo, porque lo último que querría oir en la vida sería la palabra "no" saliendo de tu boca. De la boca de mi "T", mi "T" que no es mío, aunque lo sea en sentimiento.
En fin... no vale la pena seguir escribiendo, porque el eyeliner y el rimel ya me llegan a las mejillas.
Siempre te querré, T.
A día de hoy puedo decir que aquel "siempre", no duró para siempre.)


