Ya no existe.

martes, 28 de diciembre de 2010 by Carmen Porcel

Cuando a los ojos del mundo no eras nadie, mis ojos te vieron. Vieron que podías ofrecer muchas cosas y te dejé que me las dieras, y yo también te di de mí todo lo que supe darte. A veces me equivoqué, es cierto, pero mi mayor error fue dejar que te convirtieras en mi sombra, en mi estela, para llegar a ser alguien que predica unos valores y practica otros, o incluso no practica ningún tipo de valor. Y sí, ya no te quiero, pero cuanto te quise... y cuanto me dolió admitir que quien vi entre la niebla, ya no existe. Hoy ya no me duele nada, tan sólo siento lástima ajena de ver como te has podrido en tu innecesaria metamorfosis. Pero ya hace tiempo que se fue el último dolor que me causaste, pues desde entonces tu nombre, como tú mismo, no existe.
(Escrito a 08/01/2010).
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Fourteen.

domingo, 26 de diciembre de 2010 by Carmen Porcel
entonces ella iba a cumplir los sweet sixteen
y se creía la dueña del universo
primeras caladas, segundos o terceros besos
que iban perdiendo el valor del primero
primeras veces de grandes o pequeños acontecimientos
pero todos ellos igual de especiales para ella.
primeras veces que anunciaban las muchas
en que ella perdería la cabeza,
y mucho tiempo perdiendo el rumbo
o sin rumbo
o en nuevas direcciones imprevisibles.
entonces ella iba a cumplir los sweet sixteen
convencida de que no existían los errores,
de que no quedaba más por aprender
pero no sabía nada todavía.
y cumplió los sweet sixteen
pero no fueron tan dulces
ni tan amargos como a veces se creía, y creía
que no quedaba más por lo que llorar,
que no podía caer más veces al vacío,
que no podría nadie haber cometido tantos fallos
y que de pronto todo se sustentaba sobre el absurdo.
los sweet sixteen quedaron lejos,
y los fifteen resultaban agridulces al recuerdo,
tantas primeras veces, primeros sentimientos.
tantas formas de cometer errores
y tan divertidas, tan únicas.
porque un día fue la dueña de su universo,
pero también la dueña de sus actos
y la dueña de sus consecuencias.
a los sweet sixteen ella prefería pensar
que era víctima de su inconsciente,
de su universo, de sus actos y sus consecuencias
pero al final aprendió,
-porque siempre le quedaba algo por aprender-
que no era víctima de nada ni de nadie,
si acaso ingeniera de su mundo perfecto
o de su mal camino,
según en qué día prefiriese pensarlo.
pero siempre será dueña de su universo,
de aquel camino que escoja para andar,
o para correr, o para escalar.
eso sí, sin tomar nunca el camino hacia la huída
y disfrutando cada vez
de la primera vez
de la vez número mil de cada cosa,
como cuando estaba a punto de cumplir los sweet sixteen.
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Salvavidas.

sábado, 18 de diciembre de 2010 by Carmen Porcel

y amanecer dándote cuenta de que ella es el más perfecto cúmulo de golpes, vicios e imperfecciones.

solo ella te destroza así con verdades que te duelen y agradeces.

y sí, es la única que te mira a los ojos y te dice lo que no quieres escuchar sin vacilar,

la que también sabe, además, regalarte los oídos cuando no quieres escuchar más juicios

porque no entra en su mente crítica juzgarte, sino apaciguar tus fieras y decirte cómo arreglar las cagadas.

ella, exclusivamente ella. la que intenta que dejes de buscar precipicios por los que volcarte, con más o menos éxito,

pero aún así olvida esas tres palabras que suelen hacer eco en tu conciencia de “te lo advertí”

para aparecer en el momento más preciso y llamar a las palabras exactas que harán que te levantes y sonrías y que después te conteste:

“deja de hundirte en tu mierda, ¿quieres sexo, tequila o empiezas ya a mirar de frente a la vida?”

sonrojándote hasta extremos que no pensaste ni que existían,

oscilando en una balanza si te apetece más escucharla o follártela,

sabiendo que la mayoría de veces te la follarías,

pero más de la mitad no te quedaría otro remedio que escucharla.

solo ella tiene la virtud de reanimarte a ostias, el defecto de la sinceridad inoportuna,

la que nadie dice porque duele, pero cuanto más duele más vicia.

y cómo vicia... perderse a uno mismo y que ella te encuentre,

sabiendo que podrás perderte quién sabe cuántas veces más

y aparecerá una y otra vez,

y te joderá una vez más, pero ya habrás olvidado cómo no agachar la cabeza para decirle que vuelva

que necesitas sus malditas advertencias para seguir haciendo exactamente lo que no deberías

y que así vuelva cuando se te hunda el dolor en el costado y acabe con él,

contemplando cómo hace maravillas de las miserias,

cómo cada paso mal dado se convierte en una adicción innata a sus rescates

y cómo puede ser tan irremediable que no sepas hacer las cosas bien,

que no sepas darle las gracias por existir cuando recuperas el aliento después del coma,

ni tampoco antes,

que solo sepas acercarte a ella pavoneándote de tu fingida perfección sin ella

o rogándole como un necio que te abra la puerta.

y ni en cien años reconocería en voz alta que ella siempre “me lo advirtió”

pero nunca me previno de que además de comer, fumar, dormir y beber

algún día ella sería otra necesidad vital en mi vida.

y otro día distinto se marchará para siempre

y puede que me arrepienta de no haberle dicho “te necesito”,

pero sí, se habrá marchado y será tarde.

y aunque pudiese ir a buscarla y gritarle frente a frente, cuerpo a cuerpo,

“si te vas, la mitad de mí se muere en vida”

no lo haría.

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Porque tu risa es un vicio y lo demás sucedáneos.

lunes, 29 de noviembre de 2010 by Carmen Porcel
Eres todo lo que callo,
todo en lo que pienso,
el dueño de mis silencios.
Eres el miedo a decir un “te quiero”,
un “te quiero” que no sé si es cierto.
Eres las ganas de vivir
y de llorar al mismo tiempo.
Las noches que me acuesto sin ganas de dormir
y el tiempo que dedico pensando en ti (y en mí).
La forma de hacer que salte de la cama
por mucho que quiera dormir toda la mañana,
porque por ver esa cara que pones cuando hay ganas,
doy mi cara y mi cruz,
te doy todo menos la espalda.
Que de domingo a jueves no tengo vida,
porque no cuentan los días en que no escucho tu risa.
Que tus manos me vician,
que quiero lo que me das,
pero también mucho más.
Y esta es una llamada perdida de cientos,
porque te diría lo que pienso
pero no quiero perder el tiempo
diciendo cosas que en realidad,
ni yo misma sé si las siento.
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Eternamente suya.

miércoles, 10 de noviembre de 2010 by Carmen Porcel

Llegó con él a ese lugar que tantas historias albergaba. Allí estaba ella, acaparando toda la luz que pudiese haber en ese lugar, impidiendo que lo que le rodeaba pudiese ser visto como algo más que sombras por aquellos ojos, por aquella mirada que él mantenía fija en ella inevitablemente. Fue después de unos minutos cuando su amigo advirtió su gesto embobado y le dijo: «Mírala. ¿Te gusta?». Esto alertó a X e hizo que reaccionase rápidamente, retirando aquel gesto para comenzar a fingir nuevamente que ella no tenía cabida en su mundo, pero él insistió: «Te gusta ¿verdad? Si quieres, es tuya.» ¡Pensar que aquella mujer tan prohibida y tan única, pero también tan cercana, podía ser suya! ¿Quién lo habría imaginado?

De hecho, X se lo había imaginado miles de veces, pero siempre se había visto obligado a acabar retirando esas fantasías de su mente con tal de no aceptar que le quería, y además, le admiraba. Entonces tomó conciencia de las palabras que su amigo acababa de pronunciar: «puede ser tuya.» Todo esto pasó en menos de ciento ochenta segundos. Y realmente su amigo terminó aquel discurso de forma rápida y concisa, mientras todos esos vaivenes de duda sobrevolaban la cabeza de X.

Sus palabras fueron: «Mírala. Te gusta, ¿verdad? Si quieres, es tuya. -dejó que X pensara acerca de aquello unos segundos y continuó- Tan sólo tienes que luchar por demostrarle que le quieres. Ella nunca ha pedido más. Nunca necesitará nada más que amar y sentirse querida, pero amar a una mujer como ella es mucho más difícil de lo que piensas. Puedes tenerla rápidamente: ve ahí, dile que le quieres y dale un beso. ¡Y no pienses en qué, quiénes o cuántos hay a tu alrededor! Haz eso y habrás alcanzado la meta. Será tuya, pero tendrás que amarla todos los días para mantenerla. Si le quieres, puedes creerme: será eternamente tuya. Eternamente».

Aquella noche, X la contempló durante horas. Vio como reía, y como hacía reír a los demás. Notó esa adicción en que se había convertido verla sonreír y soñar con ella. Y cuando estaba casi amaneciendo, tocó tras su hombro y le dijo: «Te quiero. Y soy tuyo para siempre. Sé mía... eternamente»."

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Frases difusas.

martes, 2 de noviembre de 2010 by Carmen Porcel
Y en algún intento fallido de evasión del mundo,
en algún ejercicio ineficaz de olvidar
esa terrible incapacidad humana que es
no poder desaparecer, esfumarse,
sencillamente extinguirse sin que nadie se pregunte por qué,
me acordaré de haber reído a tu lado
y maldeciré una vez más mi inutilidad
a la hora de evadirme de la realidad,
blasfemaré contra Dios
y probablemente contra quien se me ponga por delante
y aún tendré huevos a preguntarme
una y otra vez, de forma indefinida,
por qué parece imposible olvidarse de cada abrazo,
de cada reciprocidad de gestos
el uno hacia el otro, y el otro hacia el uno;
cuando sé perfectamente que el único motivo
por el que mi memoria retiene ciertas cosas
que mi ser desearía fulminar
estaba en boca de la protagonista
de alguna peli adolescente de finales de los 90...
“pero sobretodo odio no poder odiarte,
porque no te odio,
ni si quiera un poco”.
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En caliente.

domingo, 31 de octubre de 2010 by Carmen Porcel

Si fuesen papel, ahora mismo rompería todos y cada uno de los momentos en que hemos sido felices. Todos y cada uno de los momentos en que hemos reído juntos y retozado en cualquier playa, o en cualquier cama; en los que nos hemos hecho reír cuando más falta nos hacía, y sobretodo desearía que ese papel estuviese escrito en lápiz para borrar con cualquier goma cada una de las veces en que me necesitaste y acudí en tu ayuda sin dudarlo ni un instante, tratando de hacerlo, aunque no perfectamente, de la mejor manera que a mi juicio fuese posible.

¿Y sabes qué? Que a pesar de que fuesen papel, sé que por ti rebuscaría en cualquier papelera esos trocitos para volver a pegarlos con cualquier método existente, porque yo sí que tengo huevos a decirte que por ti me trago el orgullo y me arrepiento de cualquier cosa menos de lo que me hace feliz y lo que considero que vale la pena. Que rectificaría cualquiera de mis palabras por ti excepto aquellas en que dije que contigo, al fin del mundo. Que no tendría cojones, sin embargo, a romper, si fuese papel, ninguna de las veces en que di gracias al mundo por cruzar nuestros caminos. Porque tal vez volví a equivocarme y a jurar en nombre de la amistad que esta vez, la nuestra, sería para siempre.

Y tal vez mi mayor error fue pensar que valía la pena estar contigo incondicionalmente, pero si así fuese, si todo esto fuese un error, tampoco me arrepentiría de haberlo cometido, porque hubiese o no valido la pena en compensación al daño causado, habría sido ante todo una lección vital inigualable de por qué ya no debería volver a confiar en nadie, ni si quiera en ti.

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Entre puntos suspensivos.

lunes, 25 de octubre de 2010 by Carmen Porcel

Que he dejado las páginas de tu diario, sin leerlas,
en el cajón de la mesilla, segunda balda, las llaves ya las tienes en tu cartera,
y si no encuentras una sonrisa del día, así fresca y de buen tiempo,
dame un toque y a ver qué puedo besarte, que a estas alturas del trabajo
uno parece que vuela al ver tu nombre en el móvil, y pienso en la misma calle
numero
y portal que los tuyos, como si fuera fruto de una traviesa coincidencia
al elegir disparates como palabras favoritas de la mano,
anillos que se nos caen de los dedos
rotos -los anillos, claro- de tanto extremar periferias, atentos a la copa de vino
que pongo sobre la mesa, dos corazones,
un 4 de trébol, 11 garfios de picas, ningún oro
y un as de bastos, reina, y eso que yo siempre creí que tenía destino de jota,
tú de guitarra, y quién sabe si quizá también de rock and roll,
es decir, lo mismo pero sin mástil de proa la que dirigirte
en caso de pérdida o extravío,
como te dije en aquella tienda donde compraste tu última minifalda:
las devoluciones sólo se aceptarán los días de luto,
la garantía caducó a los 6 meses,
¿te apetecen galletas y whisky
para mañana?
por la mañana

Este no es mío. Puedes leerlo completo haciendo click aquí.

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Abreviando.

jueves, 14 de octubre de 2010 by Carmen Porcel

No suelo escribir aquí para decir algo tan breve, pero quizás necesito retarme a verlo escrito.

Te quiero.

Tal vez.

Tal vez te quiera... más de lo que quiero.

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Con derecho y sin derecho...

domingo, 3 de octubre de 2010 by Carmen Porcel
Me gustaría poder expresar lo que pasa por mi cabeza con palabras y de hecho eso estoy intentando con éstas que lees. Me gustaría poder comprender por qué el ser humano es el único que tropieza dos veces con la misma piedra, por qué me he tropezado, me he hecho daño, he puesto todo mi empeño en levantarme y, cuando por fin había dejado atrás aquel bache, he vuelto atrás para tomar otra vez el mismo camino y tropezar con la misma piedra. Y ya sé que algo que no salió bien una vez, no tiene por qué salir mal la segunda, pero mi conciencia me atormenta al recordarme que igual que un día salió mal, puede salir igual o peor dos veces. Y tres... En cuestión de seres humanos, no sirve la probabilidad exacta.
Y si un día dije a alguien que si se conocía el mapa de mi alma, ¿cómo no veía que había un mundo detrás de mi mirada? Hoy repito mis palabras, sí, pero no el destinatario. Y caigo de nuevo, y dudo otra vez, y si un día dudé, hoy dudo por dos. Dudo por el miedo a lo que va a venir y por el miedo a repetir lo que ya vino. Y tantas dudas tengo que ya no sé si dudo o lo tengo todo claro: que un día aprendí que el destino no pregunta antes de actuar, que de pronto pasa el tiempo y has dejado las cosas pasar o marchar, sin poder volver atrás, y sin haber tenido tiempo de pensar antes de reaccionar impetuosamente porque así te lo pedía algo mucho más grande que cualquier duda, que cualquier pequeña puya que pueda lanzarte tu conciencia.
Ya aposté una vez por esto pensando que quien no arriesga no gana y cuando creía haberme hecho con todos los ases de la partida, una mala jugada me desarmó recordándome que quien no arriesga no gana, pero quien no arriesga no pierde. ¿Apuesto de nuevo? Siempre me han gustado demasiado los juegos... y a todos nos gusta ganar. Y arriesgar.
Amigos con derecho y sin derecho de tenerte siempre.
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No existe el camino fácil.

viernes, 1 de octubre de 2010 by Carmen Porcel

Me da igual si eres un filósofo de prestigio, doctor Honoris Causa o el mejor de los cardiólogos, porque en asuntos del corazón no importa lo listo que seas, el talento que tengas o lo avispado que estés. No importa cuanto hayas reflexionado sobre las cosas o cuanto hayas analizado los comportamientos humanos. Me da lo mismo que tu coeficiente intelectual sea superior a la media. Existe una cosa, una sola en el mundo, que nunca entenderás por muy listo que seas si no recorre tu sangre de pies a cabeza, si no la vives en tu piel y no la sientes en tus huesos: el amor. Y me dirás que cuantísimos filósofos han hablado ya de ello, que si me creo novedosa u original por hablar de ello. Y te diré que no, que no me creo nada ni pretendo ser más ni menos que la que te enseñe que ni yo ni nadie podrá enseñarte lo que es el amor hasta que lo vivas. Que me da igual si alguien cree que sí. Que me es indiferente si crees que podrás leerlo en los libros o verlo en las películas de Hollywood, que te lo enseñarán en el colegio o que analizando “El Banquete” de Platón hallarás todas las respuestas. Porque no hallarás ni una. Porque jamás conocerás lo que es el amor si no lo vives, y jamás conseguirás amar sin errar. Te equivocarás, caerás, te levantarás y volverás a tropezar, sufriendo en cada poro de tu piel pero degustando ese dolor como si fuera el más exquisito de los sabores. Y sentirás cosas tan idílicas que creerás que eres pariente de Walt Disney, que hasta te parecerá irreal lo que estás viviendo de pensar que pueda existir algo tan maravilloso. Porque algún día entenderás que amar es algo mucho más grande que pisar la Luna, que inventar Microsoft y que presidir una potencia mundial, y que por más que investigues, no encontrarás la respuesta a lo que es el amor si no lo vives. Y no encontrarás el manual de instrucciones si no te equivocas primero. El único camino que existe hacia el conocimiento absoluto del amor (el único conocimiento verdaderamente útil, valioso y atemporal, por cierto) es la experiencia que supone estar enamorado, aunque después no seas capaz de plasmarlo con palabras para que otros lo entiendan. Si lo vives, sabrás que ya estás graduado en esa materia. Que ya lo has vivido, que sabes qué es el amor. Porque lo decía aquel soneto: “quien lo probó, lo sabe.”

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A veces.

miércoles, 15 de septiembre de 2010 by Carmen Porcel

No sé, cariño, si alguna vez me echas de menos.
Si alguna vez te acuerdas, aunque sea un poco, de mis besos.
No sé si tú encuentras lo mismo cuando paseas por tus recuerdos.
Ni tampoco sé, si no lo encuentras, cuánta culpa tengo en eso.
Hay cosas que nunca lograré entender;
otras que nunca podré olvidar
y algunas que no quiero admitir, como que de vez en cuando
yo sí, te echo de menos.
Y que me duele que una historia dulce sea agridulce
por ese puto uno por ciento de amargura que supuso su final.
Que no te quiero (ya no).
Que no te recuerdo (desde hace un tiempo).
Pero que a veces, de cuando en cuando, nos echo de menos.

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Éste es el desafío.

martes, 14 de septiembre de 2010 by Carmen Porcel
¿Habéis visto lo que he visto? ¿Habéis estado donde yo? ¿Habéis roto con lo previsto? ¿Habéis sangrado por amor? ¿Habéis tentado a la suerte? ¿Habéis jugado al ajedrez contra la muerte y aguantado hasta quedar inconscientes?
La experiencia es mi maestra, yo fui su mejor discípula: nunca dejé en blanco capítulos. Voy combatiendo monstruos, batalla humana y urbana, porque el 091 puede ser el 666. Es mi batalla en la que caigo y me levanto. Dicen que ando del revés y aquí me ves, con la cabeza bien alta y el mundo bajo mis pies.
Sin dejar que me entre polvo en la nariz voy a por todas, viviendo cada segundo como un momento Kodak. Nadie me puso alas pero aprendí a volar, no detuve vuestras balas pero aprendí a esquivar. Me quisisteis evitar y eliminar, dejarme solo, como un náufrago perdido en la inmensidad del mar.
El don es mío. El tiempo es mío. El reto es mío. El juego es mío. El mundo es mío, está en mi mano. Yo, vi la belleza en las cabezas de las bestias y sentí la tristeza entre las luces mas intensas. Yo me encontré con la muerte y la besé, viajé a través del universo y ya regresé.
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Gracias por venir.

sábado, 7 de agosto de 2010 by Carmen Porcel
Las personas no pasan por aquí sin pena ni gloria.
O una cosa o la otra, quizás ambas o muchas más.

El primero que vino, por no darme ni una pizca de lo que tenía
y cogerle tanto, sin recibir nada.
Por volverme completamente loca,
y con esa locura hacer que hallase mi cordura.
Por hacerme a mí, porque me hizo.
Me hizo a medida el amor, y desde entonces no soy la misma,
pero ésta soy yo,
la que desde entonces veis
o tratáis de adivinar.

El segundo, por tenderme su mano y abrirme sus brazos.
Por hacerme saber que a veces las cosas también pueden ser bonitas,
que el cielo puede estar mucho más bajo
o yo más alta,
y que por eso a veces una puede dejarse flotar entre las nubes,
que parecen más blandas desde que me elevó hasta ellas
y toqué el final del cielo con las yemas de los dedos.
Y que a veces las nubes se esfuman
y llueve, y pierdes muchas cosas,
pero nunca perderás la sensación de haber sido el ojito derecho del sol,
la niña mimada de las nubes.

El tercero, por no ser ni el último ni el primero.
Por darle un poco de sal a la vida,
y también azúcar, y tequila.
Porque con su sal, cura mis heridas, nacen mis sonrisas,
miradas cómplices y unas risas.
Porque con su azúcar, a veces todo parece mucho más dulce
y otras me sienta mal, pero sobrevivo.
Porque con su tequila, las noches cambian, se hacen más breves.
Más profundas y más activas,
más relevantes que el día aunque no haya sol,
porque las noches de su tequila,
son más noches que ninguna,
porque por luz están las estrellas
y por calor, nuestros cuerpos como cerillas prendidas.
Porque el tercero fue, es y será;
porque no me aburre ni me aburrirá.
Porque ya me lo conozco y nunca lo perderé,
porque conozco el camino de regreso demasiado bien.
Y si yo lo olvido, no hay problema,
dejamos restos de sal y azúcar pegados en el suelo por el tequila,
de modo que alguno de dos sabrá encontrar el camino siguiendo esas huellas.

Como te decía, por aquí las personas no pasan sin pena ni gloria.
Todos tuvieron su momento de gloria
y por todos tuve mi momento de pena,
todos completamente distintos,
pero igual de trascendentales en mi camino.
Porque dejaron su huella para hacerme a su medida.
Porque yo me hice de huellas,
de rasguños, de caricias,
de miradas, de risas
y de tequila.
Y de noches perdidas y de caminos encontrados.
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De ignorantes y soberbios.

jueves, 5 de agosto de 2010 by Carmen Porcel
El mayor soberbio es el mayor ignorante. Jamás me aterró tanto un ignorante como tú: tú, que crees saberlo todo. Que crees ser dueño de tantas cosas que no sabes ni lo que son, que no te molestas en conocer más de lo que ves, de lo que crees saber. Y al final no sabes nada, porque eres rematadamente soberbio y no tienes capacidad de aprendizaje. Eres un ignorante con labia que te hace creer que sabe algo cuando no sabe de nada. Eres la mayor contradicción hecha persona y así me atrapas en tus redes. Me haces sentir que sé, porque sé que no sabes nada, aunque no crea yo saber todo. Me haces sentir que no sé, porque me haces creer que sabes y que tienes el mundo bajo tus pies. Y no, no lo tienes. Ni si quiera me tienes a mí a tus pies. Si hoy dijeras adiós, mañana yo ya estaría diciendo hola. Y me río a carcajadas pensando que estás absolutamente convencido de que no sería capaz de abrir una nueva puerta después de que dijeses adiós. Y me río de que no te des cuenta de que yo también sé decir adiós, y aunque a veces lo hago en broma para ver cómo rápidamente vienes a suplicar que no cierre la puerta, si quisiera decir adiós lo haría. Porque yo me merezco mucho más que tú. Porque tú no aspiras a tanto como yo. Pero es más divertido así, jugando a balancearse en el poder. En el juego de ver quien manda, aún a sabiendas de que si las cosas funcionasen por sí solas nadie debería tener el mando. Mas me duele contradecirme y saber que a pesar de que pudiese continuar perfectamente sin tí, a veces, muy de vez en cuando, te echaría de menos. Tan sólo has tenido suerte de cruzar tu camino con el mío. Yo me sentía muerta, aburrida, vacía y entonces apareciste tú incorporando nuevas dosis de picardía y vivacidad a mis días. Siempre me gustaron los juegos y las batallas, pero cariño, siempre me gustó ganar así que cuidado, que no me voy a dejar vencer facilmente. Haré como una pantera, que cuando se halle el mayor silencio, me veas quieta y creas que estoy derrotada, tenga la última palabra. Quizás un adiós. O quizás un te quiero.
(Escrito a 31/07/2010).

¿Quién me pegará donde más duele, va a mentirme y a quererme como haces tú?

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Filosofía.

martes, 3 de agosto de 2010 by Carmen Porcel
Mi filosofía de vida me dice que tengo que ser fiel a mis principios. Por lo tanto vamos bien, no solo tengo una filosofía de vida sino que además tengo unos principios. No me gusta la gente falsa, y por lo tanto, no soy ni seré falsa. Tampoco soy hipócrita, tengo una filosofía de vida y unos principios y los practico día a día, casi sin querer, me sale solo. No me gusta que me digan lo que tengo que hacer, no me gusta que me den órdenes: me gusta que me aconsejen y ser libre de escoger si quiero ignorar u obedecer los consejos que recibo. Ahí está la clave de todo, la verdad. En ser libre. Me gusta ser libre y ser yo misma. Mi forma de ser me dice que no quiero que me cambien, y lo aplico a mis principios y a mi filosofía de la forma más altruista posible: no quiero a las personas por lo que quiero que sean, sino por lo que son. Y no quiero que nadie me quiera por lo que puedo ser, sino por lo que soy. Además no engaño a nadie en quién soy. Soy tremendamente complicada, y no lo escondo. No es ya mi problema que a la gente le cueste entrar dentro de mi mente. Pero soy absolutamente transparente en cuanto a lo que soy: translúcida. Si pienso algo, lo digo. Si algo no está bien, me quejo. Y no lo considero un defecto sino una virtud: el valor. Para mí es además de una característica, un principio. Imponerte a ti mismo el principio de que hay que tener valor para decir las cosas cuando no te parecen bien y enfrentarte a lo que venga, para conseguir lo que crees que está bien. Normalmente todos queremos que las cosas estén bien desde nuestro punto de vista, así que casi podría traducirse a que hay que luchar para conseguir lo que quieres... pero sólo casi. No hay que luchar, porque no hay que derrotar a nadie. Tan sólo hay que intentar conseguir lo que te propones, y proponerte cosas que te hagan feliz. Y para ser feliz, soy fiel a mis principios. Mis principios son lo que pienso, y se rigen por lo que soy. ¿Cómo no voy a ser feliz si me gusta cómo soy y lo que hago? Ahí está la clave de mi filosofía de día a día. Nada de teoría, pura práctica inconsciente en mi rutina pero con todo un fundamento detrás de cada segundo de mi vida. Aunque mi filosofía no es exactamente nueva, quizás te suene eso del carpe diem. Eso es lo que más rige mi día a día: aprovechar el momento. Ser feliz mientras pueda. E intentar poder ser feliz siempre.
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Las cosas que te diría si me preguntases: ¿qué tal?

domingo, 1 de agosto de 2010 by Carmen Porcel

Todo va tal y como tenía planeado. Tú nunca creíste en mí, pero no importa, porque yo sí que creo en mí. Siempre lo he hecho, si tengo que creerme a alguien empezaré por mí misma y después iré a buscar las opiniones que crea pertinentes. Sí, hubo un tiempo en que buscaba la tuya, pero por suerte siempre tuve personalidad. Y amplias dosis de ego, y de confianza en mí misma. Te dije que haría esto y aquello, y lo de más allá, y me decías que sí como a los locos. Quizás no con maldad, pero siempre pensaste que no tendría el valor para hacer lo que quería o para conseguir lo que me proponía. Decías que sí como si fuese una ilusa y ya ves... aquí estoy mucho tiempo después, habiendo hecho exactamente cada cosa que te dije que quería hacer. Habiendo hecho de ilusiones, realidades. Puede ser, sí, que sea una ilusa. Tal vez no erraste del todo... pero soy una ilusa por tener ilusiones, no por imaginarmelas. Y soy quien soy, de los pies a la cabeza, por conseguir que esas ilusiones me lleven a donde quería. Que me muevan cada día las ganas, las emociones, las motivaciones, los sentimientos, los pensamientos y, en definitiva, sí: las ilusiones. Tú nunca creíste en mí y yo siempre creí en nosotros. Gracias al cielo o al destino, o incluso a ti, por hacerme ver que tal y como siempre he hecho, es en mí en quien tengo que creer. ¿Me envidias? Lo sé. Tú nunca tuviste ilusiones, y sin ilusiones ni metas no hay camino que andar. ¿Para qué vives? No respondas, conozco tus evasivas frente a planteamientos tan complejos como el sentido de tu vida. Mejor corre... vete a fumar.

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La canción más bonita de amor.

jueves, 29 de julio de 2010 by Carmen Porcel
Me encanta atender a las letras de las canciones. Conforme avanza tu vida, empiezas a entender cada una de esas letras. Las escriben personas que plasman sus sentimientos y al mismo ritmo al que vas viviendo, vas situando cada letra de canción en un momento de tu vida. Vas dándole sentido a esas letras y vas entendiendo letras que nunca entendiste. O que creíste entender, soberbio, sin tener ni idea de qué significaba aquello. Especialmente en las canciones de amor. Hay canciones que pueden llegar a hacerte llorar, a ponerte los pelos de punta y sentir un escalofrío solo por plasmar tan bien qué es eso del amor. Canciones de las que solo un auténtico enamorado podría entender todas sus sílabas y vivirlas como si le estuviesen cantando al oído lo más bonito o lo más doloroso del mundo.
Una señorita, una cantante muy conocida, siempre me ha gustado mucho. Conozco todas y cada una de sus canciones y sé perfectamente que hoy en día ya no las escribe ella. No la conozco personalmente, pero la conozco muy bien. Sé que cada una de sus letras, cuando empezó, contaba en cada uno de sus segundos sus sentimientos. Ahora ya no, ahora utiliza rimas fáciles –y absurdas- carentes de sentimiento. Bailables y pegadizas, no obstante. Pero un día, allá por el año 97, escribió una canción que habla de amor. Como tantas otras, pero mejor. No habla de amor, sino que lo cuenta, lo narra, lo explica con palabras. Te hace revivirlo cada vez que la escuchas atentamente. Pero no te despistes: he dicho revivirlo. Si nunca lo has vivido, no creo que puedas llegar a entenderla.
La primera frase es tajante: explica lo inexplicable del amor, que por más que le busques una razón, el propio amor es la razón del mismo. Dice también que cuando te enamoras, por mucho que pase el tiempo, siempre guardas algo de ese amor en ti. Y cuenta todas esas cosas que harías o hiciste por la persona a la que amabas, y todo lo que te hizo vivir. Que vuelas alto, que estás en una nube. Y que desgraciadamente, nadie te enseña a deshacerte del amor cuando quieres sino cuando puedes.
Parece mentira que ahora escriba canciones sobre lobas que van a la caza con tacones de aguja metálicos o himnos mundiales cuyo mayor significado es que África, el continente más pobre del mundo, es Waka-Waka. ‘Cause this is Africa, claro, con dos coj...
Pero me encanta Shakira. Me encanta. Porque ella supo, aunque ya ahora ya no lo haga en la mayoría de canciones, escribir las mejores letras que he visto. Porque ella escribió la que para mí, es la mejor canción de amor de la historia.
¿Cuál es para tí esa canción?
Para amarte necesito una razón y es díficil creer que no exista una más que este amor. Sobra tanto dentro de este corazón que a pesar de que dicen que los años son sabios todavía se siente el dolor. ¿Por qué todo el tiempo que pasé junto a ti dejó tejido su hilo dentro de mí? Y aprendí a quitarle al tiempo los segundos, tú me hiciste ver el cielo aún más profundo, junto a ti creo que aumenté más de tres kilos con tus tantos dulces besos repartidos. Desarrollaste mi sentido del olfato y fue por ti que aprendí a querer los gatos, despegaste del cemento mis zapatos para escapar los dos volando un rato; pero olvidaste una final instrucción, y es que aún no sé cómo vivir sin tu amor. Y descubrí lo que significa una rosa y me enseñaste a decir mentiras piadosas para poder verte a horas no adecuadas y reemplazar palabras por miradas, y fue por ti que escribí más de cien canciones y hasta perdoné tus equivocaciones, y conocí más de mil formas de besar, y fue por ti que descubrí lo que es amar. Lo que es amar.
(Antología- Shakira).
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Felices para siempre.

sábado, 10 de julio de 2010 by Carmen Porcel
Un paseo para recordar. Un beso lento. Una calada a un porro. Unas risas con los amigos. Una sonrisa cómplice. Una noche de fiesta. Un baño caliente en invierno. Un petardo que estalla en marzo. Un agradecimiento sincero. Un minuto de euforia después de un gol. Un niño al que le haces cosquillas. Una canción que te encanta. Un momento de calma en la playa. Un día tirado en la cama.
La felicidad dura un instante. Pueden ser unos segundos, unas horas o unas semanas. Buscamos la felicidad de forma imparable sin querer advertir que la felicidad está ahí, tan solo tenemos que verla. La felicidad es cada momento en que sonríes y dejas tu mente en blanco. Es cada momento que he nombrado. La felicidad no podría ser más barata, ni más simple... y sin embargo nos empeñamos en ser felices todo el tiempo. Nada es eterno, incluso nosotros mismos somos seres efímeros. Incluso el suelo que pisamos desaparecerá, pero ¿la felicidad? La felicidad ya es para siempre: aquel paseo, aquel beso, aquella calada fueron reales y cada instante de felicidad permanecerá para siempre. Porque tú sentiste aquella euforia con aquel gol, porque tú viviste aquel beso como si fuera el primero, porque tú escuchaste reír a aquel niño al que hacías cosquillas. Esos momentos permanecerán dentro de tí, en el apartado de "historia de mi felicidad", y no hay nada ni nadie que te lo pueda arrebatar.
Infeliz no es aquel que no puede ser feliz, sino aquel que no quiere.
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Jardín zen.

jueves, 1 de julio de 2010 by Carmen Porcel

¿Alguna vez has visto un jardín zen? Son esas pequeñas cajitas con arena que la gente utiliza para decorar sus casas o despachos. Sin embargo, la auténtica utilidad de esas cajitas va mucho más allá de la decoración: cada día debes mover la arena con un cepillo. Hacer un montoncito de arena, alisarla, hacerle tres rayas o tres hoyos. O cien mil, no importa, tan sólo se trata de mover la arena a tu gusto. ¿Y para qué mover una caja de arena una vez al día? Para recordar que cada día es diferente, que cada momento es diferente al anterior y al siguiente. La mueves una vez al día y, al día siguiente, cuando la vuelvas a mover, cada grano de arena estará en un punto distinto. Y si al día siguiente tratas de recuperar la forma inicial, quizás seas capaz de aparentarla, pero jamás conseguirás que cada ínfimo grano de arena esté en el mismo sitio en que estaba hace dos días. Sí, puede que parezca la misma posición, pero no es exactamente la misma. Puede que en ocasiones, los días se parezcan unos a otros, pero no son los mismos. Tan sólo mirando esa caja de arena que meneas un poco una vez al día, verás que ayer había una cosa y hoy otra, y que mañana habrá otra distinta. Un jardín zen es una metáfora preciosa: la vida es una caja, y cada día está compuesto por granos de arena. Todos los días son diferentes, y lo que pasó, pasado está. Lo que hay hoy, no estará mañana. Y lo más importante: sólo tú puedes mover la arena y moldearla a tu gusto; sólo tú puedes hacer con tu vida lo que quieras. Es una pena que la gente use estas pequeñas cajas de arena sólo para decorar. Me gustaría tener una para recordar la metáfora que implica cada día, aunque yo no soy de las que me olvido ni por un segundo de que mi vida es mi novela y soy yo quien la escribo. De que mi jardín zen es mío y soy yo quien lo muevo, sin poder volver atrás.

PD: Si buscas en Google "jardín zen", te sale un jardín zen on-line. ¿Filosofía de vida? Para quien la quiera...

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La gente.

miércoles, 30 de junio de 2010 by Carmen Porcel
Te estás llevando las consecuencias de hacer caso a lo que dice la gente. ¡La gente! ¿Y quién es la gente? ¿La masa, el populacho, los rumores, personas indeterminadas? A todo eso tú le hiciste caso y antes o después te tenía que tocar pagarlo.
Cualquier lector veterano de mi viejo fotolog que entienda un poquito de sentimientos y que sepa encontrar entre las líneas una realidad, te podría asegurar que hace cosa de un año (y un poco más, y un poco menos) yo habría dado la vida por tí. Pasé noches enteras imaginando que algún día me tocaría el turno, que algún día te darías cuenta de que nadie te iba a querer como yo lo hice (y eso lo mantengo). Lloré por ti; y por mí, por no tenerte. Sentí cosquilleos en el estómago y me ilusioné cada vez que me pedías que fuese a verte. Dejé de hacer cualquier cosa, CUALQUIERA, por verte o por hacerte cualquier favor. Reconocí tus defectos y los quise igual o más que a tus virtudes. Te quise, te quise de verdad... como quiere una auténtica loca enamorada.
Jamás pude pronunciar una sola palabra en tu contra o inventar cualquier cosa de tí. Mis ojos solo veían amor, mis ojos ya no veían. La realidad no existía, el amarte me consumía. Y te repito ¿qué hicistes tú? Creer a "la gente". Me dijiste que te habían dicho cosas que jamás salieron de mi boca, creíste que yo hablaba mal de tí e inventaba historias. Por Dios, ¿tan ciego estabas o tan grande era tu desconfianza? Pedí perdón por cosas que no hice, y a pesar de ello no me creíste. ¿Para qué creer a quien te ama pudiendo creer un rumor sin fundamento? No es que tenga más fundamento el amor, pero sí más verdad.
Y así pasaron los meses, y conseguí creer que te odiaba. Más tarde logré que me fueses indiferente. Y a día de hoy, puedo decir que no ha habido nadie ni creo que lo haya en mucho tiempo a quien pueda yo amar como te he querido a tí, pero que NO TE QUIERO. Y me entran ganas de poner un anuncio cuando miro estos últimos meses y pienso "soy libre". Ya no necesito ocupar mi mente en tí, ya no. Esta vez has reaparecido esperando a que, como siempre, te acogiera con los brazos abiertos y volviera a darlo todo por verte; pero esta vez sólo has encontrado una pared, que no ha querido remover el pasado, pero que se niega a un presente o a un futuro contigo. No soy tu amiga, ni lo sueñes.
No tuviste una oportunidad. Tuviste mil, y no sólo las dejaste escapar, si no que al final lograste que nunca más volvieran. Me has perdido para siempre, y ahora ves y enfádate con la gente.
(Escrito a 10/09/2008).
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Este es mi momento.

lunes, 28 de junio de 2010 by Carmen Porcel
¿Sabes qué? Este momento es mío. Es algo que probablemente nunca entenderás, es solo entre mi mente y yo. Estoy sentada, sola y en silencio y nada me haría más feliz que esto: el mar inmenso frente a mí y yo viendo el leve oleaje elevarse. Yo las he visto y nunca se verán dos olas iguales. Estas son mías, yo estaba allí viéndolas mientras se elevaban y no volverá a suceder. He disfrutado de esta calma y no me importa si lo entiendes o no, porque este es mi momento y no habrá otro igual. Cada momento es mi momento y esa es mi paz.
(Escrito a las 08:22 del 24/06/2010).
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Lo que debería decirte y no puedo, ni quiero, ni me atrevo.

sábado, 26 de junio de 2010 by Carmen Porcel
Te quiero. Eso es un hecho y no puedo hacer nada por cambiarlo, por favor, no me pidas que deje de quererte. No te molestes, no te enfades, te prometo que finjiré odiarte si me lo ruegas; pero no me odies por quererte porque no puedo hacer nada por evitarlo.
He intentado olvidarte, distanciarme, enfadarme contigo, enrabiarme, he llegado a creer que podía odiarte y ¿te crees que he conseguido algo buscandote todos los defectos? Sí... conocerte más que nadie y quererte tal cuál eres, con tus defectos y tus virtudes. Quererte y punto, porque te quiero a ti y el amor no tiene remedio.
He conseguido mirarte a la cara y saber que eres imperfecto por fuera y por dentro, que tienes defectos como estudiante, como amigo, como amante e incluso muchas veces fallas como persona, y sin embargo lo acepto porque dejaría que me fallaras mil veces el resto de mi vida si con eso me garantizas que me darás aún tres sonrisas.
Pero no, no sucederá y lo sé. No me quieres y no me vas a querer. Lo asumo, pero no me conformo. Podré vivir sin ti, pero toda felicidad será incompleta mientras tú no estés aquí.
Si me necesitas siempre podrás llamarme. A ti no te guardo rencor, porque adoro incluso tus defectos. Si algún día dentro de mucho tiempo, después de haber recorrido mucho mundo y de no haber contado conmigo en tus buenos momentos, me recuerdas, debes saber que yo estaré viviendo mi vida porque así es como lo quisiste, pero debes saber también que paralizaría mi vida, y el mundo entero si hace falta si tú me lo pidieras.
Recuerda que el amor mueve montañas. Y en mi caso, cielo y tierra por tus brazos.
Te quiero y nunca voy a dejar de hacerlo. Te quiero, te quiero, TE QUIERO.
Siempre.
(Escrito a 26/04/2008).
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Hay que pensar en nosotros.

jueves, 24 de junio de 2010 by Carmen Porcel
No tenemos tiempo de pensar en todo lo que nos rodea y en los problemas del mundo.
Sinceramente, repasar nuestra propia vida y dar un viaje en el mundo de los recuerdos, nos ocupa ya demasiado. Tanto, que a veces incluso lo dejamos de lado.
Pero hay que pensar en nuestra vida, en nuestro pasado, en nuestro futuro y en nosotros mismos, señores.
Hay que pensar más en lo hecho y en lo que queda por hacer, porque arreglando los problemas de cada uno, pondremos un granito de arena en arreglar los problemas del mundo.
Y un granito de arena, más otro, más otro, más otro y así sucesivamente, forman mil playas.
¿O no?
(Escrito a 13/04/2008).
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Un día en Mallorca.

lunes, 21 de junio de 2010 by Carmen Porcel

Noemi se despierta y abre una rendija de la cortina para salir al balcón, quién sabe qué se le ha perdido allí. No hay persianas, así que la luz que deja pasar esa rendija es suficiente para despertarme. Trato de volver a dormir, pero Noemi regresa al cuarto y despierta a Orduña. Se ponen a vestirse y se van, yo sigo durmiendo unos minutos o unas horas. Entonces, como siempre, recibo una llamada de Carlos: "¿qué haces?" y me levanto. ¡Mierda! En media hora cierran el comedor, porque lleva un horario guiri, así que rápidamente me visto y llamo a Moretti para que me socorra "¡acompáñame a comer!". Moretti, amablemente, baja con todo su clan: Saraval y Santamaría. Llega el momento de recorrer el buffet quinientas veces, tratando de variar y no comer lo mismo de siempre: pizza y patatas fritas. Cojo pizza y patatas fritas después de las quinientas vueltas, como siempre, aunque en una ocasión comí un nugget gigante. Después de comer, no perdono mi Nesquick, solo aquella vez que me aventuré en un capuccino. Subo a la habitación, y allí esta Orduña, que dice estar tratando de dormir pero en realidad está cantando con su mp3 como si estuviera en "Gente con Chispa". En algún momento, acabo en la habitación de Carlos poniendo after-sun a todo hijo de vecino, que son una panda de gambas y unos marroneros, coleguitas del Toni Patillas. Allí encuentro a Mario, que es un monstruo de las cavernas también conocido como Rapsus al que le gusta ver partidos de la selección de Costa de Marfil; a Marín, que cumple la función de liadora humana al grito de "laralalá" y al Yagu, que no se separa de su cadenita mientras reclama un cepillo de dientes. Entre unas cosas y otras, la tarde se pasa volando, pues a las 7 y media ya estoy de nuevo en el buffet. En la cena, suelo acompañarme de las chicas de la habitación 317. Tras la cena, como siempre, me acompaña Lilian a fumar un cigarro en la puerta del hotel. Después regreso a mi habitación y me ducho. Empieza el "¿qué me pongo esta noche?". Llamo a mi vecino Gonzalo de balcón en balcón, porque mi secador se ha recalentado y necesito el suyo. Gonzalo es un negro, con el que voy a tomar el sol. En su habitación hay una toalla marrón de propietario desconocido desde el primer día... En fin, me dice que el secador lo tiene Miedes, así que me largo a su habitación. Allí encuentro a July, hablando con desconocidos por el teléfono del hotel; a Gilo, la chica de la cámara de fotos; a Miedes, que nunca sabe qué ponerse y se prueba miles de cosas y de nuevo a Lilian. Me tiro allí un buen rato hasta hacerme con el secador, regreso a mi habitación y me seco el pelo, me visto (después de consultarle a todo el que se me cruza por delante qué me pongo), y me maquillo. Ya estoy lista, ahora solo faltan horas para que Noe y Orduña también lo estén. En mi aburrimiento en la espera, voy de habitación en habitación. A veces a la 528, a veces a la 317 y a veces a la 315. Poco tiempo he pasado en la mía, esa de la terraza repugnante y el Danup en la mesa, la habitación 527, cuya tarjeta de la luz es un DNI. Tarde, muy tarde, nos ponemos en marcha hacia BCM, para variar. Allí me encuentro con Naty, que siempre está motivadísima a pesar de sus anginas, y todas se suben a algún podium o barra a darlo todo. Me marco bailes con mi compañera de los mismos, July; o hago pasos frikis con Moretti. Seguramente me vaya a casa con Carlos antes de que cierre, o acabe bailando con Zanón en un podium a pesar del vértigo hasta el chape. ¿Lo imprescindible antes de dormir? Entrar al McDonalds cuando aún es de noche y pedir una hamburguesa de un euro, reposar allí unos instantes y darte cuenta de que, mientras comías aquella hamburguesa, ha amanecido. Llegar al hotel, dormir... y volver a empezar, OTRO DÍA EN MALLORCA.
(Escrito el 20/06/2010).
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Los buenos.

domingo, 13 de junio de 2010 by Carmen Porcel

Las buenas personas no siempre pueden ser vistas ayudando a una mujer anciana a llevar sus bolsas de la compra, dándole limosna a un mendigo o rezando en una capilla, una mezquita o una sinagoga. No son santos ni mártires, muchas veces las buenas personas dicen palabrotas, dicen que “no” cuando no están conformes con algo e incluso hacen el amor fuera del matrimonio, aunque esto sea un pecado en las tres religiones más potentes del mundo. No siempre son sumisos, educados, conformistas y adorables. Pero les puedes ver dándole la mano a su madre, o a un amigo, en un hospital mientras el otro sufre, en silencio, transmitiéndoles la calma que necesitan. Les puedes ver dando consejos en el momento acertado, consejos que para sus amigos serán mucho más valiosos que frases épicas de grandes poetas, filósofos o cineastas. Dando un abrazo a un amigo que llora, o sonriendo cuando un amigo gana un premio, o se besa con la persona a la que ama, o consigue un ascenso, o una beca. Las buenas personas no siempre ganan premios Nobel, ni Óscars. No siempre se les hace una película contando las grandes hazañas que hicieron a lo largo de su vida, ni nadie escribe su biografía. No se les beatifica, ni se les eleva a la categoría de celebridades. Pero siempre cuentan con el reconocimiento de las personas con las que sonrió, a las que les dio un beso, a las que les tendieron una mano.

(Escrito a 07/06/2010).

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Tentación.

sábado, 12 de junio de 2010 by Carmen Porcel

“Prohibido” es una palabra que siempre me produjo atracción. Si puedes hacer algo cuando quieres no tiene el mismo valor que si no puedes hacerlo. Si está prohibido es por algo, y necesitas caer en la tentación para descubrir el porqué con todas sus consecuencias. Mas a veces está tan prohibido que los remordimientos son más poderosos que la propia tentación. No es algo que suela sucederme, suelo caer en la tentación sin más… pero esta vez, es diferente. Siento la atracción, lo cuál quizás roza ya el límite en la prohibición. Pero no lo sobrepasa. No sobrepasare los límites, no dejaré que me lleve la tentación. No, esta vez temo las consecuencias. Puedo vislumbrarlas antes de caer en la tentación, y no resultan tan atractivas como la propia tentación. Entiendo, en parte, porqué está prohibido lo prohibido en esta ocasión. Por más que lo entienda no puedo evitar querer caer en la tentación, tener la contradicción de sentirme absolutamente atraída por las cosas prohibidas y completamente aterrada por las consecuencias. Todo hipotéticamente, pues a veces las cosas prohibidas cuentan con una valla eléctrica a su alrededor para que no puedas acceder hasta ellas, y yo ni si quiera sé si podría saltar la valla o me electrocutaría. Pero tengo la tentación de saltar la valla, de sufrir las consecuencias pese a lo poco atractivas que son… tan sólo no la saltaré porque temo que esté electrificada, no por lo que podría pasar tras saltarla.

“Huye de la tentación, pero despacio para que pueda alcanzarte.”

(Escrito a 01/06/2010).

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Historias de amor con final, pero historias de amor.

viernes, 11 de junio de 2010 by Carmen Porcel

"Si alguna vez conoces a alguien que deja una relación y acto seguido, se mete en otra, te digo que a la primera persona no la quería mucho, porque de aquí a un buen tiempo no vas a estar preparado para empezar ninguna relación. Y vas a seguir buscando un porqué, diciéndote "¿qué hice tan mal? ¿por qué no la supe querer?", pero luego te darás cuenta de que hay historias de amor que son cortas, sin más. Porque tenía que ser así, porque se acabó lo que se llama "la chispa", pero no por ser cortas no han sido historias de amor, es solo que tuvieron un principio y un final. Y entre una historia y otra, hay tiempo para disfrutar de otras cosas: para volver a tu vida antes de ella, o para inventar algo diferente en tu vida que no es ni lo que habia antes de ella ni durante. Para crear tu vida. Y suena a tópico, pero es la vida misma..."

(Consejo que le di a un amigo el día 07/06/2010).
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Mejor que el alcohol, para curar las heridas.

jueves, 10 de junio de 2010 by Carmen Porcel

Si volviera a nacer, volvería a por ti. Si hubiese otro mundo, me iría contigo. Si lo sabes todo de mí y yo lo sé todo de ti… ¿por qué no puedo decir lo más sincero? ¿Por qué mi sensatez le suplica a mis deseos que se callen? ¿Y por qué estos le obedecen sin querer? Si ella te hace sufrir y te hundes, y yo te rescato de lo más hondo de tu ser a carcajadas, si ella te corta el brazo y yo te presto mi mano, si ante cada rasguño que ella causa corres hasta mí sabiendo que yo curaré tus heridas mejor que el alcohol, ¿por qué sé que a pesar de todo tú vives por ella y ella lo sabe también? Tan solo me gustaría que ella supiera cuidarte como lo hago yo, para no tener que verte nunca más. Te echaría de menos cada día, pero sabría que no pude hacer más. Ahora siento que por más que hago, nada es suficiente. Todo lo doy, pero nada vale. Quizás es por lo que callo, tal vez por lo que no digo, seguramente es que el silencio ganó de nuevo la batalla. Nunca se me dio bien perder, pero esta vez te entrego mi silencio. Hágase el silencio, cúrense las heridas. Sumisa a la sensatez, presa del silencio. Tan sólo tú podrías liberarme, si tú no lo quieres, no valdría la pena ganar la batalla al silencio. Tú eres el dueño de lo que no digo, ella es la dueña de lo que callo.

(Escrito a 31/05/2010).

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Si volviera a nacer, volvería a ser yo.

martes, 8 de junio de 2010 by Carmen Porcel
No puedo revelar cuál es el sentido de la vida. No puedo decirte qué sentido tiene tu vida, pero sé muy bien cuál es el sentido de la mía. Hace mucho tiempo que me encontré, y con mi encuentro, encontré también el sentido de mi vida. Mi vida tiene sentido porque tengo ganas de vivir. Sé quien soy y me place. Todo en mi vida tiene sentido si se reduce a mi saber de que soy como soy. Comparto aquello que quiero, escondo aquello que no quiero compartir, pero no finjo ser otra. Como todos, también yo soy “multipolar”. No tengo dos personalidades, no. Tengo infinitas facetas que mostrar al mundo y aunque sean distintas, yo soy todas ellas. No tengo que ser una niña buena, sonriente y complaciente para sentirme mejor por ser quien quieren que sea. No tengo que ser rebelde para llamar la atención. No tengo que ser nada que no quiero ser, porque yo me acepto y quién más me acepte es secundario. No, no es que no me importe nada. Me importan los que me quieren, y a quien bien me quiere, bien le quiero; pero quien me quiere, me quiere como soy. Si no me quisieran como soy, no podría llamarse querer. Si quisieran cambiarme no podrían, porque soy lo que soy. Soy única, y ¿sabes qué? Tú también. Jamás podrás encontrar a dos personas idénticas, si crees los encuentras, encontrarás dos apariencias fingidas. Yo no soy una apariencia, soy una persona y estoy contenta con ello. Soy quien soy y no quien pretendo ser, porque todos y cada uno de mis días pretendo ser yo misma. Y ese es el sentido de mi vida. Esta soy yo hoy, ¿quién seré mañana? Quizás una nueva “yo”, pero sin duda alguna yo misma.
(Escrito a 30/05/2010).
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Carta sin sobre.

domingo, 6 de junio de 2010 by Carmen Porcel


Se supone que a tu edad la gente no se alegra de cumplir años. Sinceramente, esto me parece una tontería ¿por qué no alegrarse de estar aquí un año más? En tu caso deberías estar doblemente alegre porque en los años que yo he vivido, has conseguido que te admire. Bien es cierto que no siempre lo has hecho todo bien, y ya sabes cuál es mi opinión en muchas cosas, pero hoy no es día de recriminarte nada. Nunca te digo las cosas buenas que tienes y este me parecía un buen regalo de cumpleaños. Creo que para ti, incluso mejor que cualquier regalo que pueda comprarse.
Admiro tu templanza, que cuando discuto contigo me pone nerviosa (a mí y a todos), pero que al fin y al cabo es una cualidad admirable, la capacidad que tienes para sentarte a hablar y arreglar las cosas en lugar de limitarse a los chillidos. Además creo que es algo que, en parte, he heredado de ti. Otra cosa que quizás también he heredado de ti es tu humor, esa ironía tuya, solo que en mí creo que está incluso más pronunciada. Muchas de las veces que estoy contigo, me río muchísimo, y eso no se nota en el momento, pero son cosas que están ahí. Además eres una persona muy neutral, es algo de lo que me he dado cuenta con el tiempo. Una virtud parecida que tienes, pero que no es la misma, es que eres justo. Premias lo que ha de premiarse y castigas lo que ha de ser castigado. Cuando hacemos algo bien, nos haces ver que lo que estamos haciendo está bien, y es una de tantas cosas que tengo agradecerte. Aunque estas palabras acaben aquí, no se terminan aquí las cosas que he aprendido de ti, como el aprender a valorarme a mí misma, que el esfuerzo da resultados satisfactorios o el enseñarme a pensar.
Sólo quería que te quedaras esto por escrito para que, por muchas cosas que pasen, siempre te acuerdes de que te quiero, y de que si eso no es suficiente, además te admiro.
(Escrito a 20/02/2010, versión adaptada. Especial dedicación a "él ya sabe quién".)
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Dos en uno.

sábado, 5 de junio de 2010 by Carmen Porcel

Si yo puedo ver desde tus ojos y tú puedes mirar a través de los míos; si yo puedo reírme contigo y no soportar verte llorar; si tú me cuidas y yo me dejo cuidar; si tú vienes conmigo hasta el final y yo me freno para que nunca se acabe; si tú has perdido todo y yo te encuentro en el camino; si tú pareces tener todo pero en realidad no tienes nada y a mí lo único que me falta es lo que aprecio; si tú me haces reír y yo me río; si tú me haces rabiar y aún así sigo riendo; si tú me das la mano y yo la cojo; si yo te doy la mano y tú la coges; si tú no dejas que me pierda y yo me pierdo sin ti… dime ¿por qué somos dos y no uno solo?

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Tus brazos rodean mi cintura para protegerme, estoy a un milímetro de ti y me siento más lejana que nunca. Sin embargo, te siento cercano. Nadie me cuida como tú, nadie me dice que me quiere tantas veces al día como tú, con nadie soy tan yo misma como contigo, nadie impide que me lastime como tú, nadie me guía de vuelta al camino cuando me pierdo como tú, nadie me abraza cuando tengo frío como tú, nadie me entiende como tú, nadie me hace reír como tú, nadie me transmite esa complicidad con una mirada como tú, nadie se preocupa por mí como haces tú, nadie es tan celoso de mí como tú, nadie me valora como tú, nadie me quita el sueño como tú. Y es que tú estás intentando enamorarme, pero aunque quiera, no lo quiero. Pero aunque tú no quieras, quieres. Y es que ya se sabe, amores que matan nunca mueren. Y no queremos que muera, preferimos matarnos lentamente.

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Cuestión de tiempo.

miércoles, 2 de junio de 2010 by Carmen Porcel
El tiempo es el mejor amigo del hombre, y también su “mejor” enemigo. Muchas veces las cosas “son cuestión de tiempo”, y esperamos desesperados. Otras muchas, “el tiempo pone las cosas en su sitio”, y llegados a cierto punto, nos damos cuenta de que esto es cierto. La vida, al fin y al cabo, es sólo un tiempo. Todas las cosas son cuestión de tiempo, todo sale a la luz con el tiempo. Pasado, como no, un tiempo, me doy cuenta de que todos esos refranes acerca del tiempo no podrían ser más ciertos. Con el tiempo he aprendido que en la vida hay que arriesgarse. ¿Tienes miedo de enamorarte? ¿Sí? Si la vida son dos días, ya te estás perdiendo uno. La vida sin besos, sin lágrimas, sin risas, sin nostalgia, no es vida. La vida sin amor, no es nada. ¿Tienes miedo a lo que piensen los demás? Sigues perdiendo el tiempo, pues. No importa lo que opine la gente que no te importa, importa lo que opinen aquellos que a ti te importan. Si algo te hace feliz, hazlo. No rindas cuentas a nadie, aquellos que te importan entenderán por qué haces aquello que te hace feliz. Y si no lo entienden, tampoco yo entiendo por qué ellos te importan. ¿Tienes miedo a equivocarte? ¡Esto sí que es imperdonable! ¡No hay mayor error que el miedo a equivocarse! Claro que te vas a equivocar en esta vida. Tropezarás, caerás, involuntariamente empujarás… pero tienes que equivocarte para aprender cómo se levanta de las caídas. Cada vez que te levantes y vuelvas a mirar de frente al mundo, habrás aprendido algo. Tan sólo ten miedo de equivocarte sin aprender de los errores. Yo con el tiempo, aprendí todo esto. Que no hay que tener miedo a nada, que hay que ser uno mismo, hacer aquello que te haga feliz y hacer felices a aquellos que te hacen feliz sin importar nada más. Si algo va mal, no te preocupes: el tiempo pondrá todo en su lugar. Eso sí, no desesperes… porque es cuestión de tiempo.
(Escrito a 17/05/2010).
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Egoísmo.

martes, 1 de junio de 2010 by Carmen Porcel
Y es que, ¿qué es el amor, sino puro egoísmo? ¡Querer a alguien para ti solo! ¡Que alguien te quiera solo a ti! ¡Amar solo a una persona y abandonarlo todo! Todo por él, para tú ser feliz. Egoísmo simple y aún hay quien dice que es bonito. Tener que dejar a los amigos a veces, cuando un amigo es para siempre y un amor, por más que sea verdadero, puede ser pasajero. Y entonces dices: ¿he de ser egoísta por amor? ¿es el amor una excusa para ser egoísta? ¿o he de conservar los amigos por encima de todo, porque aunque duela y sea triste, aunque no lo hagas todo por amor, ya no eres egoísta?
Y yo.. me pierdo entre tantas preguntas. Quiero estar con él. Quiero volver a mirar sus ojos del color del cielo y volver a verlos brillantes de alegría porque sus brazos rodean mi cintura y sus manos viajan por todo mi cuerpo sin más. Quiero volver a mirarle y no pensar; pensar solo en que le tengo delante y que en ese momento solo él existe para mi y solo yo existo para el. Quiero volver a amanecer junto a él y ver como duerme, oirle respirar y que me parezca el más bonito de los sonidos que puedan rozar mi oido.
Y sin embargo, he de ser 'políticamente correcta' y abandonar todo eso que tanto quiero, porque los amigos duran para siempre (en teoría) y los amores pueden ser pasajeros. Y todo por una simple teoría. Hay que asumir que esto tenía que terminarse porque no estaba bien, porque era algo moralmente prohibido pero sentimentalmente perfecto.
(Escrito en septiembre de 2007).
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Ni una milésima de segundo.

domingo, 30 de mayo de 2010 by Carmen Porcel

Da miedo reconocer que uno está enamorado cuando se comprende la magnitud de esta palabra. A veces, intentas negártelo a ti mismo. Te dices una y otra vez “no me estoy enamorando, no me estoy enamorando”… pero algún Pepito Grillo maligno que llevas en tu interior no cesa de pelear en tu conciencia diciéndote que te estás mintiendo. Que cuando piensas en alguien más que en ti mismo, hay amor. Que cuando eres capaz de querer a alguien aún siendo consciente de sus defectos y obviándolos, hay amor. Que cuando el más insignificante detalle se convierte en poesía, hay amor. Y así va peleando este Pepito Grillo hasta que eres completamente consciente de que ya no hay vuelta atrás. Es una de las cosas que no te permite el amor, dar marcha atrás. ¿Cuántas veces habremos pensado, aquellos que hemos amado, ojalá no me hubiera enamorado nunca? Y aún pensando esto, aún sabiendo que todo hubiese sido mucho más fácil de no haber caído en las redes de este sentimiento tan poderoso, cualquiera que haya estado enamorado sabe que no cambiaríamos ni un microsegundo de pasión por un camino más fácil. Los caminos fáciles no hacen la vida. En ellos no puedes sentir la furia, el coraje, la nostalgia, el valor, la esperanza, la tristeza, la locura, la angustia, la euforia o el temor. Ante todo, no puedes sentir la pasión que se siente al estar enamorado. No puedes sentir el amor, que es la emoción de la vida. La furia no es furia si no te ha hecho suficiente daño quien amas; la nostalgia no es nostalgia si no añoras lo que amaste; la tristeza no es tristeza si no lloras por quien amas o quien amaste. ¿La euforia? No existe euforia mayor que sonreír durante horas por sentir las célebres mariposas en tu estómago. ¿La locura? ¡No hay loco más loco que aquel que se mueve por amor! Si ya sabías todo esto, probablemente has estado enamorado. Si puedes comprender cada una de esas sensaciones, sentir cómo recorren tu piel y se cuelan dentro de ti, sé que estuviste enamorado. Si realmente comprendes la magnitud de esta odisea llamada amor, será lógico que tengas miedo a decirte a ti mismo que has vuelto a caer. No obstante, no olvides que el miedo, no es miedo si no hay miedo a perder lo que amas. Desde el primer momento en que temiste haber vuelto a caer, has estado sintiendo el amor. Ese temor es sólo una de las muchas sensaciones que este engloba, pero no tengas miedo y recuerda: los caminos fáciles, son aburridos. Al fin y al cabo ningún enamorado cambiaría ni un solo segundo de sufrimiento por la tranquilidad si esto implicase borrar de su memoria todo un amor.
(Escrito el 01/05/2010).
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No me preguntes un porqué, lo único que sé es que te quiero.

sábado, 29 de mayo de 2010 by Carmen Porcel

Hoy es una noche como aquellas. Sí, aquellas. Típica noche en la que al día siguiente no hay clase pero no hay plan. Típica noche en la que nos pondríamos a hablar por msn y acabaríamos viendonos para no hacer nada. Viéndonos para mirarnos, para hablar o tal vez decirlo todo en el silencio. Pero esta noche no es una de aquellas. Hoy no te has conectado, porque hace más de quince días que no lo haces. Hoy no hemos hablado como entonces, porque hace muchísimo tiempo que eso no sucede.
Tan lejano lo veo, que a veces pienso que todos mis recuerdos fueron un sueño. Era todo tan bonito, tan perfecto.. que viendo como es todo ahora, parece ficticio. No es que las cosas estén mal, están peor. Están peor porque están indiferentes, si las cosas estuvieran mal al menos estarían claras. Por lo menos ya no me duele. O tal vez me duele tanto, que ya ni lo noto. Pero te sigo queriendo, ¿sabes? Lo hago cada día y cada noche. No veo el fin de eso. No me imagino pensar en otra persona. No recuerdo lo que es no estar enamorado, hasta el punto de que no imagino mi vida si no te quisiera. Tú le das sentido. Quererte me da fuerzas para levantarme cada día, con esa mínima esperanza de que tal vez en ese día nos encontremos, o de pronto hablemos, o incluso la pequeña esperanza de: ¿y si pasara hoy?
Me das fuerzas para levantarme cada mañana con eso, porque pienso que por ti lo he de hacer todo, y si no veo la luz del sol, no podré hacerlo. He de seguir viviendo solo porque tú estás en el mundo. Y que tú estés vivo y en el mundo, es más que suficiente para mi. Lo demás es secundario, son deseos que una tiene o preguntas que se hace: ¿se acordará de mi a veces? Me encanta pensar que sí. Pero hay días que lo quieras o no te hundes y dices "NO. Él no se acuerda. Olvídale." Y ni aún así dejo de levantarme, porque el hecho de querer olvidarte no es suficiente para hacerlo.
Y además, por más que a veces crea querer olvidarte, en el fondo nunca quiero. En el fondo yo, siempre te quiero. Últimamente más en la 'superficie', pero es que da igual donde te quiera o si lo digo o lo dejo de decir: te quiero más que a mi vida y dudo que exista alguien sobre la faz de la Tierra que te quiera como lo hago yo, que piense en ti tanto como yo y que lo haga de la forma que lo hago yo.
¿Querer así a alguien? Indescriptible. Un hecho sencillamente único, algo que sólo podría demostrar si me dejases. Te juro que si algún día quisieras, te haría la persona más feliz del mundo. Porque por TI.. la vida o algo más. La pregunta es si algún día me atreveré a dartelo todo, y a decirlo todo tal cuál lo pienso. Y la palabra sí se va aproximando tanto como la palabra rechazo, de modo que chocan y se alejan una y otra vez. Hasta que un día, mi amor supere a ambas y me acerque a ti definitivamente. Y llegará, porque en el amor (al menos en este) no existen barreras, ni obstáculos, ni frenos. Esto es imparable.
Y es que .. te quiero.
(Escrito en noviembre de 2007).
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Sin nombre.

viernes, 28 de mayo de 2010 by Carmen Porcel
Somos dos, que a veces son uno. No somos nada, a veces somos todo. ¿Y qué importa si no sé qué contestar cuando me preguntan qué somos? Para mí somos simplemente nosotros, y me encanta verte, encontrarme contigo, quedar contigo, tocarte, que me toques, sonreir contigo, hacerte sonreir, reirnos juntos y picarnos, tirarnos toda una tarde o una mañana sin hacer nada y sin embargo haciendo que las horas pasen volando por el simple hecho de estar juntos. No me hace falta decir que somos novios o que somos algo oficial para estar contenta, me conformo con que sigamos así durante mucho más tiempo, porque tal vez te tengo tanto cariño, que es muy probable que te quiera. ¿Y qué más da? Eso es lo que hay. Somos simplemente uno y otro, somos nosotros y con eso es suficiente, porque cuando estoy contigo soy yo misma y mi otro yo, porque cuando estoy contigo se me olvida que existe un mundo fuera de las cuatro paredes que nos encierren o del cielo que nos cubra; porque hemos sido, somos y lo sé: SEREMOS. ¿El qué? Eso es lo de menos.
(Escrito en agosto de 2008).
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Tu amiga fiel.

jueves, 27 de mayo de 2010 by Carmen Porcel

Cuando caiga la noche y repose horizontal, vendrá a mi cabeza tu nombre. Siempre revolotea sobre ella sin piedad, pero en ese preciso momento dejaré que el subconsciente me traicione, y como cada noche, soñaré que existe un mundo donde nosotros estamos juntos. Cuando despierte, blasfemaré a Dios por no haberme permitido quedarme a vivir en mis sueños, y en algún momento del día vendrás a contarme sobre algún nuevo amor, por llamarlo de algún modo. Te aconsejaré con sinceridad, trataré de alegrarme por ti, haré cualquier esfuerzo con tal de disimular que por más que me plazca verte intentar ser feliz, siempre me consideraré más capaz de conseguir hacerte feliz que cualquier otra. Algún otro día, no muy lejano, vendrás a contarme que aquel amor acabó rápido, como siempre. Te hicieron daño otra vez, pero no hay problema, porque sabes que siempre tendrás a esta amiga fiel que siempre te rescatará de las caídas. Me dolerá verte tropezar, me alegrará saber que ya no eres de otra. Me olvidaré hasta de mí por conseguir que no derrames ni una lágrima por otra. Fingiré, como siempre, que a mí todo me va bien, que no estoy enamorada, que nadie me hace daño a mí. No me traicionas, no me ignoras, pero duele saber que soy una amiga tan fiel. Siempre cometo el mismo error: ser demasiado buena amiga. No quiero ser tu amiga, quiero ser la chica que te haga feliz. Quiero que no vuelvas a necesitar una amiga fiel que escurra tus lágrimas, porque nadie te hará daño si estás conmigo. Pero tú eso no lo ves, y puedo conformarme con ser tu amiga si eso significa estar más cerca de ti, asegurarme de que estás bien. Que sepas que si algo va mal, puedes contar conmigo. Aunque no sepas que es mi amor, y no yo, el que no te va a fallar. Que es mi amor el que me invade cuando reposo horizontal, el que deja que el corazón subestime a la razón permitiéndome en mis sueños que estemos juntos los dos.
(Escrito a 07/05/2010).
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Cuando el amor, realmente, es amor.

martes, 25 de mayo de 2010 by Carmen Porcel
La furia no es furia si no ha habido amor. Si no te ha hecho daño quien amas, si no le han hecho daño a quien amas, nunca estarás lo suficientemente furioso como para sentir realmente la furia.
La nostalgia no es nostalgia si no ha habido amor. Si no echas de menos algo que amas, nunca estarás lo suficientemente nostálgico como para sentir realmente la nostalgia.
La esperanza no es esperanza si no hay amor. Puedes desear algo, tener ganas; pero si nunca has tenido fe ciega e incansable en quien amabas, nunca habrás tenido suficiente esperanza.
La tristeza no es tristeza si no ha habido amor. Si no has sufrido por el dolor que sufría quien amabas, si no has llorado por el dolor que te causó alguien que amabas, nunca habrás sentido suficiente dolor como para sentir realmente la tristeza.
La euforia no es euforia si no ha habido amor. Si nunca te has alegrado por saber que la persona que amas es feliz, por saber que la persona que amas te hace feliz con su simple presencia, nunca habrás estado lo suficientemente eufórico como para sentir realmente la euforia.
El temor no es temor si no ha habido amor. Si nunca has temido perder aquello que amas, nunca has tenido tanto miedo como para sentir realmente el miedo.
El valor no es valor si no ha habido amor. Si aún pudiendo perder aquello que te importaba, nunca te has arriesgado por aquello que amabas, nunca has tenido suficiente valor como para saber qué es realmente la valentía.
El orgullo no es orgullo si no ha habido amor. Si nunca has sido tan sumamente orgulloso de dejar marchar aquello que amabas, afortunadamente nunca has sido lo suficientemente orgulloso como para saber qué es realmente el orgullo.
La admiración no es admiración si no ha habido amor. Si nunca has sido capaz de admirar algo aún sabiendo que tenía defectos, nunca has sentido la suficiente admiración como para saber qué es realmente la admiración.
El placer no es placer si no ha habido amor. Si nunca has compartido aquello que te gustaba con alguien a quién amabas, nunca habrás sentido suficiente placer como para saber qué es realmente el placer.
La ilusión no es ilusión si no ha habido amor. Si nunca has sentido que el más mínimo detalle de quien amas podía ser tu mayor ilusión, nunca has tenido suficiente ilusión por algo como para saber qué es realmente la ilusión.
La locura no es locura si no hay amor. Si nunca has estado dispuesto a cualquier cosa, sin excepciones, por alguien a quien amabas, nunca has estado lo suficientemente loco como para saber qué es la locura.
El amor no es amor si nunca has sentido que estabas lo suficientemente loco, que tenías suficiente ilusión, que podías sentir suficiente placer, que realmente sentías suficiente admiración, que tenías suficiente temor y anhelabas tener el suficiente valor, que estabas lo suficientemente eufórico, que tenías la esperanza suficiente y que de darse la ocasión, realmente podrías sentir la suficiente tristeza, furia y nostalgia.
Y si nunca has sentido el suficiente amor, nunca has sentido realmente la vida.
(Escrito el 01/05/2010). 
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Fugitivos de la estabilidad.

lunes, 24 de mayo de 2010 by Carmen Porcel
Encuentros efímeros, carentes de significado. Tantos son los que pasan por tu vida, vienen y se van, pero tan pocos los que vienen para quedarse… Hay veces en que se echa de menos eso de tener a alguien ahí todo el tiempo. Aunque ni si quiera le fueses a llamar, o también si lo fueses a hacer, pero se echa de menos la seguridad de saber que podrás coger el teléfono en cualquier momento y decir “cariño, ven conmigo”. O bien porque le necesitas, o bien porque no tienes nada que hacer, pero sabes que alguien al otro lado descolgará el teléfono y vendrá contigo en cuanto cuelgue. Se echa de menos, y quien diga que no, miente. Se mienten a sí mismos los que dicen que no necesitan a nadie a su lado, porque todos necesitamos a alguien a nuestra vera de vez en cuando, y ese de vez en cuando es más frecuente de lo que realmente queremos admitir. Que sí, que la mayoría del tiempo no es imprescindible tener a nadie, que puedes estar bien sin nadie y que si tienes a otras personas, no necesariamente tienes que sentirte solo. Pero aunque no te sientas solo, siempre llegará el día en que sentirás que falta una persona. A veces “esa persona”, otra veces simplemente alguien… Y te das cuenta de que te queda mucho por conocer y quieres conocerlo todo, pero sin embargo la impaciencia te puede y todo acaba en instantes divertidos o historias sin final. En definitiva, más historias que no llevan a ningún puerto. Dicen los fugitivos de la estabilidad que lo hacen porque no les gusta la rutina, y yo les digo: ¿es que no es rutina siempre lo mismo con caras diferentes? Si dicen que no, de nuevo se mienten a sí mismos. Se mienten a sí mismos como lo hago yo, y como lo haré mañana mismo cuando me olvide de todo esto que he escrito, y piense de nuevo que no necesito a nadie, y que para qué me voy a meter yo en eso… Pero ese pensamiento sólo durará hasta que de nuevo eche de menos coger el teléfono y llamar a alguien para decirle ven conmigo, sin tener que poner excusas, sin fingir nada, sólo con la seguridad de que vendrá pase lo que pase o aunque nada pase.
(Escrito a 25/11/2009).
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Unidireccionales.

sábado, 22 de mayo de 2010 by Carmen Porcel
Hace mucho tiempo ya. Yo pensaba que no duraría tanto, jamás pensé que cambiaríamos en la misma dirección. Mi vida son dos historias paralelas: TÚ y el resto de las cosas. Siempre presente, pero siempre tan lejano. Y quizás es hora de acabar con nuestro juego, de dejar de fingir que aquí no pasa nada cuando hace mucho tiempo que pasa algo muy grande. Una parte de mí se está cansando de jugar, pero otra tiene miedo de dejarlo.
Me gustaría saber qué sería de ti y de mi sin nuestro juego, pero me da tanto miedo pensar que podría dejar de existir un "nosotros", que podría tener que borrar tu nombre de mi cabeza y hacer como si todos los recuerdos no hubieran existido jamás, que prefiero no saberlo. Prefiero seguir pasando el tiempo pensando en qué somos y en qué no somos, en qué se esconde detrás de las palabras en clave, intentando leer entre tus líneas y sin dejar que leas entre las mías. Prefiero seguir pasando el tiempo sumida en la constante incertidumbre de saber que cada día que pase seremos algo diferente a pasar el tiempo pensando que perdí los días de incertidumbre en que me sacabas de mis casillas, quería odiarte y no podía, y después me hacías reir un rato y todo parecía perfecto.
Aunque sí, ya lo sé, nada es perfecto entre tú y yo porque somos seres cambiantes que nunca se sabe por dónde vamos a salir, ni tú ni yo... Pero cuando creemos que saldremos por un lado diferente, que nos distanciaremos porque las personas cambian, seguimos siendo exactamente iguales el uno del otro. Unidireccionales, siempre en el mismo sentido y pensando que cualquier día uno de los dos dará un giro de 180º , aunque en realidad nunca lleguemos a dar ese giro. Porque si algún día quiero girar, no podré mirar atrás, porque si mientras estoy girando te veo, volveré hacia tí para seguir tu camino como he hecho siempre, y es que pase lo que pase, y aunque parezca que hay alguien más haciendome feliz, muchos pueden hacerme sonreír pero SÓLO TÚ, y NADIE más que tú, sabe cómo hacerme sonreír sin ni si quiera pretenderlo.
Sigamos jugando.
(Escrito en agosto de 2009).
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El odio.

jueves, 20 de mayo de 2010 by Carmen Porcel

Si en este mundo hay dos sentimientos relacionados esos son, sin lugar a dudas el amor y el odio.
El amor puede existir sin odio, de hecho sólo existe amor cuando no existe odio.
Sin embargo el odio sólo puede ser sincero cuando antes ha habido amor. El daño real solo nos lo puede hacer una persona a la que queramos de verdad, si nunca hemos amado a alguien no podemos odiarle en el sentido más estricto de la palabra. Por mucho daño que nos hagan, poco nos importan las personas si no les hemos amado antes, y si alguien no nos importa, no es odio: es indiferencia.


"Del amor al odio hay un paso, te odio pero te quise, de las mil veces que sufrí yo tú como mucho una sufriste.."

(Escrito en enero de 2008).
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Un recobeco en el corazón.

miércoles, 19 de mayo de 2010 by Carmen Porcel


Para algunas personas guardamos un eterno recoveco en nuestro corazón. Un hueco que de pronto nació y fue creciendo y creciendo hasta que de pronto nos desencantamos y se escondió. Se escondió, pero nunca se fue. Lo que pasa es que ahora mi hueco es más pequeño, pero no te olvides de que dije que siempre te querría y soy persona de palabra: en mi corazón sigues, solo que mientras no quieras estar ahí te guardaré tan solo el sitio por si acaso. Y si no vuelves, tengo más huecos por llenar. Si vuelves, puedes teñir mi corazón entero con las letras de tu nombre y un te quiero; como tanto tiempo he hecho. Pero ahora ya no importa porque no quiero mirar atrás dentro de unos años y pensar que empeñé mi vida en algo que era imposible. Si es posible, ya lo será y si no lo es, ya lo será para otro.
A pesar de todo siempre en mi.
Y aunque sea un poquito, no puedo evitar que brotes de mis adentros un poquito de vez en cuando.
(Escrito en enero de 2008).
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La noche y la luna.

martes, 18 de mayo de 2010 by Carmen Porcel

Me gusta la noche. La noche siempre es la misma. Da igual si el cielo está estrellado o si está nublado, no importa si es luna nueva o luna menguante. Sólo importa que el mismo cielo oscuro nos cubre a los dos donde estemos, que si levantamos la vista estaremos mirando la misma luna. Cada día cae el sol y se convierte en noche, y cada noche que no estoy contigo te echo de menos. Sólo me queda el consuelo de que la misma luna que veo será la que tú estás viendo, de que si duermo te veré en sueños y si quedo despierta tendré a mi luna. Tu luna, nuestra luna. La misma que nos vió aquella noche de invierno, la misma que nos miraba cuando nos dimos aquel primer beso. La misma que estaba en el cielo la última noche, con los últimos besos. La misma, que al marcharse, me dejó echándote de menos. Al llegar la luz del día todo se volvió confuso y es que no hay luz más clara para nosotros que la de la luna. No hay más claridad que la oscuridad de cada noche en que nos dejamos llevar sin pensar. La noche, mi gran pasión. De día somos lo que debemos, o lo intentamos. De noche somos nosotros, sin más. Por eso me gusta la noche, por eso miro a la luna, porque en esta silla en esta noche oscura, aunque no estés conmigo siempre me quedará la luna.
(Escrito a 29/04/2010)
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La búsqueda imparable.

lunes, 17 de mayo de 2010 by Carmen Porcel
Me vuelves vulnerable, alterable, variable, cambiante. Me sacas de quicio, me haces reír a carcajadas. Me haces soñar, me haces pensar, me haces correr. Correr hacia ti cada vez que te veo entre la multitud. Sentir ganas locas de que estés en el lugar exacto en el momento perfecto. Si te encuentro se paraliza mi cuerpo, se anulan mis sentidos, dejo de pensar. Sólo sigo el impulso de querer caminar hacia ti, la necesidad de verte con el único fin de mirarte. A un minuto de ti todo tiene sentido, a un segundo de ti todo estará otra vez vacío. Y siempre te busco, y cuando dejo de buscar, te encuentro. Es tan bonito mirarte, sentirte de esa manera cuando estás cerca de mi… me muero por ti. Suena alguna canción, se detiene el reloj y solo pienso “esta vez regálame el cielo”. Ya no quiero que nada te aleje de mí, eres todo lo que quiero, amor. Tú me darás la vida unos segundos, yo me dejaré a tu suerte, soy esa amante que no te olvida, necesito tenerte. Pero el tiempo se acaba y no quiero perderte. Y a saber qué pasará si me quedo contigo, te quiero querer pero eso no tiene sentido. ¿Y qué puedo hacer? No cambiarás, siempre eres igual, un desastre. ¿Qué te voy a decir? Si me haces reír y me sacas de quicio, te pasa lo que a nadie, pero te quiero así, siendo un desastre, y te busco, te encuentro y al perderte tendré que buscarte de nuevo. Pensarte y ver tu mirada en la mía me dará la calma, aliviará la pena. No sé lo que haría sin ti, así que si quiero tenerte, no puede ser de otra manera. Y si fuera capaz de mirarte y decir lo que siento, si pudiera tenerte más tiempo del tiempo que tengo, si solo fuera capaz de retenerte en el tiempo para romper mi silencio y decirte que te busco, que te quiero descubrir, que quiero estar donde tu estés, poder ir donde tú vas; pero esto no pasa y la búsqueda sigue. Te encuentro, te pierdo, desespero en tu ausencia pero sigo adelante para volver a encontrarte, para que vuelvas y te quedes diez minutos conmigo. Siempre tan cerca y tan lejos de mí… pero merece la pena vivir buscando si alguna vez me encuentro tu lado, que nada me aleje de ti, porque aunque en silencio, te quiero.
(Escrito en julio de 2009).
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No me sale llorar.

domingo, 16 de mayo de 2010 by Carmen Porcel
Siento tantas cosas que no siento nada. No estás, y no me sale sonreír de inmensa felicidad por saber que te tengo, pero estoy acostumbrandome tanto a vivir sin tí y sin tu presencia que me asusta saber que tampoco me sale llorar.
Me asusta porque pienso que tal vez cierta persona me hizo tanto daño, que también dañó mi capacidad de amar. Tal vez la experiencia me ha hecho excesivamente precavida y ahora en cuanto te alejas un poco de mí me voy haciendo a la idea de que no debo amarte. Y eso no es amar, amar era aquello que me ataba a quien más daño me hacía; amar significaba darlo todo sin que nadie reclamase nada, sin que nadie agradeciese nada. Y yo quiero amar, ¡yo quiero amarte! Porque sé que te quiero y porque sé que tal vez te amo, porque ya no me asusta que me hagas daño, sino que me asusta no quererte como te mereces. Y sí, eso es sin duda un gran inicio del amor... al fin y al cabo, se sabe que empiezas a amar cuando pones tu felicidad en la felicidad de otra persona, y eso es probablemente lo que me está pasando. Pero ya no piso sobre seguro, ahora amo sin saberlo, y encima me estoy preocupando de lo que mi cabeza me dice (que es eso, la inseguridad, el no saber si de verdad amo o no), cuando debería hacerle más caso al corazón, que me pide a gritos tu presencia y me pregunta porqué no estás aquí y porqué los días pasan tan lentos desde que no te veo, ni te hablo, ni te beso, ni te tengo...
(Escrito en septiembre de 2008).
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Paseo.

viernes, 14 de mayo de 2010 by Carmen Porcel
Qué bonito tener la capacidad de plasmar con palabras lo que sientes en cada momento. Esta capacidad, me brinda la oportunidad de pasear por los sentimientos pasados cada vez que lo deseo. Quizás por eso soy una nostálgica, cuando me acuerdo de algo basta con ver cómo me sentí en ese momento para reavivar sentimientos apagados. Sólo reavivo las llamas unos segundos, a veces vivo mi vida de nuevo en cuestión de minutos. Y es una mezcla de tortura, por ver todo lo que perdiste; terapia, por aprender de todo lo pasado y placer, por recordarte a ti misma que un sentimiento puede mover tu vida de un lado a otro.
A muchos les parecerá triste o débil dejarse llevar por los sentimientos. Lo siento por ellos. Valiente aquel que deja que un sentimiento domine su vida, valiente el que sabe que para vivir hay que sentir. Hay quien se pasa toda la vida sin haberla vivido. No es mi caso, he sentido, he vivido. He disfrutado lo bueno y sufrido lo malo, y doy gracias a Dios, o a quienquiera que sea... incluso, ¿por qué no? Me doy gracias a mí misma por haber sabido hacerlo. La vida está para vivirla, y no para hacer siempre lo correcto.
Nada merece más la pena que el instante que tenemos delante y el siguiente, y la oportunidad de hacerlos diferentes.
(Escrito a 26/04/2010).
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Imágenes.

miércoles, 12 de mayo de 2010 by Carmen Porcel

13:365
Originally uploaded by Luana Vasques Martins
Mirarte es mi deporte favorito, mirarte cerca con tus ojos fijos en mi mirada y mis ojos en la tuya perdiéndose entre las circunferencias que dibujan tus pupilas. Por unos instantes, sólo existen dos imágenes: el dibujo de tus ojos y el de tus brazos rodeando mi cintura. Imágenes estáticas, sin sonido. En silencio. Miradas que lo dicen todo a medias, que nunca acaban de hablar pero hablan sin parar. Instantes que me gustaría dejar eternamente estáticos, quietos. Parar el tiempo y quedarme en el dibujo de los dos. Hacer de esa fotografía una vida entera. ¿Sabes? Al fin y al cabo es todo una fotografía. Puede que a veces sea sólo un trozo de papel, una simple foto; pero yo cuido de ti como de mis fotografías, te pongo donde mejor te da la luz. Y como el flash que se dispara y deja un momento grabado para la eternidad, en el mismo tiempo que dura el parpadeo de esa luz cegadora, estamos juntos y al segundo hemos cambiado de pose, pero la anterior queda grabada para la eternidad. El dibujo de las circunferencias de tus pupilas, el dibujo de nuestras piernas entrelazadas bajo las sábanas. Por la mañana cambiará la luz, ya no podremos repetir la misma foto. El sol se apoderará de nosotros y seremos los de siempre, pero por la noche habremos sido aquellos chicos de mi foto favorita.
(Escrito a 28/04/2010).
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Estoy irreconocible desde que te conocí.

martes, 11 de mayo de 2010 by Carmen Porcel
Será que se acerca el día en que me enamoré de ti y me asusta llevar tanto tiempo queriendote. Me asusta rebobinar y encontrarme con lo que me encuentro, porque me encuentro muchos momentos, todos ellos diferentes y algunos muy especiales, pero en ninguna página de nuestra historia encuentro el momento que siempre he estado buscando.
Encuentro la mirada de la que ayer hablaba, y me encanta haberlo vivido al menos, soy afortunada por poder haberla mirado. También esas frases que me vuelvo loca de pensar que las dijiste y no supe reaccionar como es debido:
C: ¿Qué has hecho este fin de semana?
T: Pensar en ti
___
T: Te odio.
C: Yo te quiero poco.
T: Ya lo sé. Por eso te odio
___

Y pensar que esta última frase vino acompañada de aquella mirada que tanto añoro, de una sonrisa tuya y otra mía y de tus manos agarrando mi cintura es lo que probablemente me desconcierta. ¿Como pudimos vivir eso y no darnos cuenta? No sabes todo lo que daría por vivir eso, ni si quiera sabes todo lo que he dado por vivir más momentos a tu lado. Conseguí que quisieras llamarme, que quisieras estar conmigo, que quisieras besarme, que te alegrara verme. Pero no he conseguido aún un te quiero de tu boca y recuperar aquellas tardes y noches con esas miradas. ¿Cómo puedo conseguir tanto y tan poco a la vez? ¿Como puedo tenerte físicamente y saber que no eres mío? Quiero tenerte y saber que eres mío, quiero que tú quieras tenerme contigo.
Te necesito, porque te quiero. Te quiero, porque te necesito. Y porque no me imagino mi vida sin ti, porque ya no recuerdo lo que es vivir sin estar enamorada. Cada mañana cuando me levanto pienso en ti, cuando me voy a dormir recuerdo momentos especiales contigo para poder conciliar el sueño, y entre la noche y la mañana sueño despierta con poder estar contigo. Me imagino mi vida contigo, porque sé que podría hacerte la persona más feliz del mundo. No tendría reparo en dartelo todo. Ningún plan sería más importante que estar contigo, no permitiría que nadie se interpusiera entre nosotros, te dedicaría la mejor de las sonrisas cada día y, solo con estar contigo, sería la persona más feliz del mundo.
Me hace gracia que mucha gente me dice: "tengo unas ganas de que T te diga de una vez que te quiere". Y yo suelo contestar: "¿y porqué iba T a decirme que me quiere, si no es así?". Es que el problema no es que no me diga que me quiere, ¡el problema es que no me quiere! Tal vez algún día pensó en mi, pero por un motivo que probablemente tenga nombre propio, eso dejó de ser así y ni de mil maneras he conseguido recuperar esa mirada, esos momentos. Eso que ahora son recuerdos y en su momento eran sensaciones.
¿Sabes qué? Que otra vez estoy llorando como una idiota. Y no tiene gracia, porque me acabo de poner eyeliner y se me están quedando los ojos negros. Se me están quedando así solo porque pienso en ti, porque sé que te quiero y me duele no poderlo cambiar, pero porque sobretodo me duele que tú no me quieras y que no sé si algún día lo harás. Si supieras cuanto me asusta pensar que va a hacer un año que te quiero y que aún no te tengo.. ¡Me asusta muchísimo! Me asusta porque si en un año no he conseguido tenerte, ni tampoco olvidarte o quererte algo menos, ¿por qué voy a conseguirlo en otro año?
Te quiero tanto que me sorprendo incluso yo misma, pienso tanto en ti que mis amigos están hartos de oir tu nombre, te recuerdo tanto que nuestros momentos me parecen un sueño. Y no sé qué hacer con tantos textos, recuerdos y sentimientos, porque si no me atrevo a completar las tres letras que le faltan a esa T que tanto escribo y acompañarlas de un te quiero en frente tuyo, no conseguiré nada nunca.
Pero es que no me atrevo, porque lo último que querría oir en la vida sería la palabra "no" saliendo de tu boca. De la boca de mi "T", mi "T" que no es mío, aunque lo sea en sentimiento.
En fin... no vale la pena seguir escribiendo, porque el eyeliner y el rimel ya me llegan a las mejillas.
Siempre te querré, T.
(Escrito el 24/11/2007 .
A día de hoy puedo decir que aquel "siempre", no duró para siempre.)
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