Dedícate a vivir.

jueves, 27 de enero de 2011 by Carmen Porcel

¿Dolor? Me han contado a qué se parece, pero sé lo que es. No es una chica diciendo “no” cuando quieres escuchar “sí”, no es una bala en tu cuerpo, no es una desilusión. El dolor es algo mucho más grande. Nada duele de verdad si te intenta hacer daño quien no te importa. Quizás te moleste, de hecho muchos pensarían que molestar lo máximo posible es suficiente para causar dolor, pero el dolor exige estar perdiendo algo que realmente te importa. E “importar” también es una palabra menospreciada por nuestra sociedad, algo que te importa es mucho más que algo que simplemente te gusta. Para que haya dolor, deber estar desvaneciéndose un pilar de tu vida, todo debe dar un giro radical tras el dolor. Del dolor se aprende, te haces más fuerte y seguramente, también más frío. El dolor es el máximo sentimiento, y si logras superarlo, serás algo más insensible. Paradójico, ¿no es cierto? Tras el dolor, tienes miedo. Miedo a volver a perder algo o a alguien, el mayor miedo existente. Solo este miedo, y este dolor, pueden hacer que seas tan precavido para no sufrir que te pierdas un trocito de la vida. Así que si no sabes que es el dolor, no quieras saberlo. No con estas palabras lo has aprendido, sabrás lo que es el dolor solo cuando lo vivas, cuando sientas que algo te quema y te vas consumiendo. Aquí solo te daré un consejo, amigo: si algo te quema, trata de ser hielo, no dejes que te consuma y si logras no convertirte en cenizas, no tengas miedo a volver a sentir el dolor. Dedícate a vivir.

(Escrito a 27/03/2010).

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Recordarás.

lunes, 17 de enero de 2011 by Carmen Porcel
belabela! Recuerdos… Me gusta nadar en medio de ellos y pensar que de algunos siempre quedará un poquito. Duele un poco tener mucha memoria, porque no solo ayuda a recordar lo vivido, sino también qué es lo que hemos sentido a lo largo de nuestras vidas y si juntas todos los recuerdos, eso es un cúmulo de sensaciones infinito. Además no olvidas a las personas. Es un poco lioso, a veces incluso parece una locura, pero quieres a mucha gente que después te decepcionó, desapareció, cambió o te hizo daño, solo porque en tu memoria aún conservas vivo el recuerdo que te hizo apreciar a alguien en su día. Son muchas las personas que conocemos a lo largo de nuestra vida, y sin embargo, pocas son las que se quedan en nuestro recuerdo a lo largo de los años. Yo, por fortuna o infortunio, me acuerdo de mucha gente y a veces da pena pensar en qué se convirtieron o por qué se perdió el contacto, por qué se rompieron las amistades o sencillamente por qué no conocemos el motivo por el cual esa persona ya no está en nuestra vida, ni nosotros en la suya. ¿Y a quién no le da rabia cuando encuentras a alguien que conociste y no te recuerda? Tú, que apreciaste algo de esa persona para guardarlo en tu memoria tanto tiempo, y ella, que ni si quiera se inmutó de tu existencia pasados los 5 minutos posteriores a la última vez que os dirigisteis la palabra. Recuerdos que abruman, que hacen soñar, recuerdos de cosas que se quedaron a medias y tal vez hoy podamos acabar, o tal vez apreciemos que ahora ya es demasiado tarde, recuerdos de personas que nos hicieron daño y de personas que nos abrieron un poco las puertas a la felicidad con las sonrisas que nos sacaron, recuerdos de los días de risas, de fiesta, de peleas y de lágrimas. Tantos recuerdos y tan poca memoria para almacenarlos, aún teniendo una gran memoria. ¿Por qué nos conformamos con acordarnos de tan pocas cosas? Quizás sea porque hay que seguir creando nuevas realidades, pues cada minuto que pasa es un recuerdo al minuto siguiente.
(Escrito a 20/08/2009).
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Cuatro paredes.

sábado, 15 de enero de 2011 by Carmen Porcel

que dicen que algo queda entre 4 paredes

y que de ahí ya no sale,

pero yo digo que las paredes hablan,

que hay lugares que te dicen cosas,

que hay calles que cuentan historias.

que no volveré a pasar por su calle

sin cambiarle el nombre,

sin ponerle aquel nombre.

que no volveré a bajar en esa parada del metro

sin recordar todas las veces en que

paraba en el mismo sitio,

pero con distinto destino.

que no podré pisar ciertos suelos

sin pensar que tiempo atrás

vivieron conmigo momentos.

que las paredes hablan, te lo digo yo.

que hay lugares que me dicen

que siempre que vuelva

me envolverán en una historia,

que dicen que por mucho tiempo que pase

las historias quedaron allí, entre 4 paredes,

y sus 4 paredes me las cuentan.

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Tenía que decirlo y que callarlo.

miércoles, 12 de enero de 2011 by Carmen Porcel
Me apetece decirle al mundo que estoy enamorada de ti. Que me he perdido en tus miradas, que me he distraído viéndote ser tú mismo, reír, bailar, gritar. Que te he tenido a menos de un centímetro de mi cara y me ha apetecido besarte. No, besarte no. Darte el beso más sincero, lento y eterno del mundo. Dar la vida con él y no pedirla de vuelta. Que el mundo se paralizase en ese beso. Que he soñado mil y una veces con callarte la boca con besos como ese. Que me han temblado las piernas al recibir tus abrazos. Que cuando te oigo decir mi nombre, se me olvida hasta respirar. Que cuando me llamas, no hay obstáculo que no pueda sortear para aparecer hace cinco segundos de cuando me reclamaste. Que ya no imagino una vida en la que no existas tú. Que me encanta escucharte pedir perdón cuando me hieres, y que no quiero tener que disculparme contigo ni una sola vez. Que lo que más siento es alivio cuando veo que aún pones una vez más esa carita que dice “sé mía”. Que no sé decirte que no, aunque sí hacerme la dura. Me apetece contarle al mundo tantas cosas que nunca te diría, que me está consumiendo la espera por volver a sentir correr la electricidad por todos los órganos de mi cuerpo la próxima vez que te vea.
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Fantasmas del pasado.

domingo, 9 de enero de 2011 by Carmen Porcel
¿te acuerdas?
éramos todos muy felices.
vivíamos en una nube, sí,
pero a quién le importaba?
me pregunto qué habrá sido
de los sueños que me contabas
cuando pasábamos las mañanas enteras
tumbados en tu cama,
en medio de una habitación casi vacía,
a cuatro pisos del resto del universo.
tenías tantos planes, tantas cosas por hacer,
y ponías tanto empeño en conseguirlo...
sí, seguramente fue eso lo que me enamoró de ti,
la envidia que me daba verte planear
el resto de tus días con tanta seguridad.
yo, por aquel entonces, gastaba poco de sueños
y mucho de carpe diem,
que mañana ya llegaría,
y eso seguramente es lo que te gustó de mí,
¿verdad?
un poco de sueños y un poco de disfrutar el momento,
era una buena combinación, para que engañarnos.
conversaciones absurdas sobre cosas trascendentes,
diálogos serios sobre banalidades cotidianas o soñadas.
era genial retozarse en un mundo inventado
desde la siete de la mañana hasta las siete de la tarde
o hablar por teléfono de quién sabe qué
durante horas.
tengo que decirte que algunos de los que nos vieron ser nosotros,
hoy ya no son lo que eran.
algunos no se reconocen,
seguro que sabes a quién me refiero...
y otros siguen exactamente iguales,
lo cuál es genial según el caso
y absolutamente desastroso en otros casos.
si tú sigues siendo el mismo, seguro que estarás de acuerdo.
aunque no sé si tú eres el que conocí o no,
porque lo último que supe es que habías abandonado el camino
hacia todos los planes que me contabas que eran tus sueños.
si sólo has cambiado de sueños,
será genial saber que eres el mismo,
pero si abandonaste tus sueños por facilidades,
no creo que quiera escucharte.
¿y yo? ¿que si soy la misma?
yo sigo siendo la misma pero con mejores hábitos.
te invito a descubrir cómo puedo seguir haciendo
que sueñe todo aquel que se ponga a mi vera,
cómo puedo motivar a quien quiera
a ponerse a correr hasta sus metas
y te invito a sorprenderte al ver
que yo ahora también fabrico sueños
y también lucho por ellos,
pero mantengo mi esencia de disfrutar cada segundo de la vida.
eso no lo perderé nunca,
yo no me perderé nunca a mi misma.
¿y tú? ¿quién eres hoy?
estaría encantada de volver a conocerte.
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Quema.

sábado, 8 de enero de 2011 by Carmen Porcel
Miéntete.
créete que puedes evitarlo,
que puedes tocar el fuego
sin quemarte,
que puedes tirarte a la piscina
sin mojarte,
que puedes comer chocolate
sin engordar.
miéntete,
y piensa que hagas lo que hagas,
no pasa nada si nadie se entera,
que el silencio mata lo que esconde,
y que todo está en tu mano.
Miéntete,
y miente a los demás.
Hazlo y sabrás que el silencio
no mata nada, sólo lo oculta,
lo atrapa en algún agujero pequeño
y cuando crece y no cabe,
te oprime el rincón izquierdo de tu pecho,
te nubla los pensamientos al explotar,
te esconde a ti también tras lo que callas.
No importa si llegaste a convencerte
de que las llamas no te quemarían
al lanzarte al fuego más ardiente,
lo cierto es que, igualmente, te duele.
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Condiciones para hacer una promesa.

martes, 4 de enero de 2011 by Carmen Porcel

besodeprisalospecados CUANDO no te acuerdes de quién eres,

cuando no sepas cuál es el siguiente paso,

cuando no quieras recordar más

o cuando te duelan los recuerdos,

cuando el mundo se te caiga encima,

cuando te hayan hecho daño,

cuando tú solito te hayas hecho daño,

cuando todo se vuelva negro

y cuando parece que nada te va bien,

cuando todo eso pase, yo seguiré aquí.

te dejaré venir a mí siempre que lo necesites,

es más, te exigiré que acudas a mí si lo necesitas,

pero, sin embargo, lamento decirte que

tendré que ponerte una condición:

VEN a mí cuando todo vaya bien,

cuando los días sean soleados,

cuando quieras ir al fin del mundo,

cuando parezca que todos sonríen a tu paso,

cuando la vida te regale momentos de felicidad,

cuando quieras reír,

cuando te levantes con el pie derecho

y cuando te levantes con ganas de comerte el mundo.

PROMETO compartir todos esos momentos contigo,

prometo endulzar también las partes más amargas,

prometo matar a la lluvia en tus días soleados,

prometo acompañarte al fin del mundo,

prometo sonreír siempre a tu lado,

prometo regalarte toda la felicidad que pueda,

prometo hacerte reír hasta que te duelan músculos que no sabías ni que existían,

prometo atarte el pie izquierdo a la cama para levantarte de buen humor

y prometo dejarte comerte el mundo a tus anchas empezando por mí.

JURO que nunca me suicidaría, porque mi vida eres tú.

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El chico que convirtió su vida en instantes vacíos de sentido.

lunes, 3 de enero de 2011 by Carmen Porcel
¿Cómo pude no darme cuenta? ¿En qué momento se me escapó de las manos decirte que estabas creando un monstruo? Tardé tanto en verlo que no llegue a tiempo para decírtelo, entonces ya no habría servido de nada, pero sí que me pregunto en qué piensas cuando miras atrás y te das cuente de que ya no eres quien eras. Quizás es porque has creado a alguien nuevo sin más, o quizás te has puesto una máscara para ocultar que eras buena persona. ¿Tan caro te salió ser buena persona? ¿Todos aquellos buenos momentos no te valieron la pena? Momentos de amistad sincera con unos, de amor con alguna cuyo nombre prefiero callarme. Momentos en los que combinabas tus problemas con tu felicidad, en que encontrabas el punto medio donde no ser un monstruo ni un ingenuo. ¿De verdad te llena que tu vida sea sólo fines de semana y los otros cinco días vaciles de lo guay que eres? ¿De verdad te miras en el espejo con la cabeza bien alta por no tener cualidades que te definan, sino historias pasajeras que entretendrán un rato? No sé, yo sinceramente creo que si miraras atrás te darías cuenta de que tenías muchas más razones para tener la cabeza bien alta frente al espejo cuando no eras egoísta ni orgulloso, cuando no pensabas que la culpa de todo lo que te pasaba a tí no era del prójimo, cuando estabas ahí para tender una mano a tus amigos si te necesitaban, aunque también tuvieras tus anécdotas de fin de semana. ¿Es que no ves que algún día a la gente dejarán de interesarle tus historias graciosas pero "de un solo uso" y para ese entonces querrás recuperar lo que tuviste? Probablemente no lo ves, como tampoco ves que ya está casi todo perdido. Yo, que te ví antes de crear tu propio monstruo, seguiré aquí, pero no pienses que te estoy esperando como eres hoy, yo no quiero tu monstruo ni nunca lo quise. Yo seguiré esperando a que algún día rectifiques, y si lo haces, volverás a hacerme sonreír como siempre hiciste. Sino, sólo seré una más de tantas personas que perdiste, y tú un infeliz inconsciente de que la vida no son las anécdotas que cuentas, sino los minutos en que ríes o lloras intensamente.
(Escrito a 26/12/2009).
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