La canción más bonita de amor.

jueves, 29 de julio de 2010 by Carmen Porcel
Me encanta atender a las letras de las canciones. Conforme avanza tu vida, empiezas a entender cada una de esas letras. Las escriben personas que plasman sus sentimientos y al mismo ritmo al que vas viviendo, vas situando cada letra de canción en un momento de tu vida. Vas dándole sentido a esas letras y vas entendiendo letras que nunca entendiste. O que creíste entender, soberbio, sin tener ni idea de qué significaba aquello. Especialmente en las canciones de amor. Hay canciones que pueden llegar a hacerte llorar, a ponerte los pelos de punta y sentir un escalofrío solo por plasmar tan bien qué es eso del amor. Canciones de las que solo un auténtico enamorado podría entender todas sus sílabas y vivirlas como si le estuviesen cantando al oído lo más bonito o lo más doloroso del mundo.
Una señorita, una cantante muy conocida, siempre me ha gustado mucho. Conozco todas y cada una de sus canciones y sé perfectamente que hoy en día ya no las escribe ella. No la conozco personalmente, pero la conozco muy bien. Sé que cada una de sus letras, cuando empezó, contaba en cada uno de sus segundos sus sentimientos. Ahora ya no, ahora utiliza rimas fáciles –y absurdas- carentes de sentimiento. Bailables y pegadizas, no obstante. Pero un día, allá por el año 97, escribió una canción que habla de amor. Como tantas otras, pero mejor. No habla de amor, sino que lo cuenta, lo narra, lo explica con palabras. Te hace revivirlo cada vez que la escuchas atentamente. Pero no te despistes: he dicho revivirlo. Si nunca lo has vivido, no creo que puedas llegar a entenderla.
La primera frase es tajante: explica lo inexplicable del amor, que por más que le busques una razón, el propio amor es la razón del mismo. Dice también que cuando te enamoras, por mucho que pase el tiempo, siempre guardas algo de ese amor en ti. Y cuenta todas esas cosas que harías o hiciste por la persona a la que amabas, y todo lo que te hizo vivir. Que vuelas alto, que estás en una nube. Y que desgraciadamente, nadie te enseña a deshacerte del amor cuando quieres sino cuando puedes.
Parece mentira que ahora escriba canciones sobre lobas que van a la caza con tacones de aguja metálicos o himnos mundiales cuyo mayor significado es que África, el continente más pobre del mundo, es Waka-Waka. ‘Cause this is Africa, claro, con dos coj...
Pero me encanta Shakira. Me encanta. Porque ella supo, aunque ya ahora ya no lo haga en la mayoría de canciones, escribir las mejores letras que he visto. Porque ella escribió la que para mí, es la mejor canción de amor de la historia.
¿Cuál es para tí esa canción?
Para amarte necesito una razón y es díficil creer que no exista una más que este amor. Sobra tanto dentro de este corazón que a pesar de que dicen que los años son sabios todavía se siente el dolor. ¿Por qué todo el tiempo que pasé junto a ti dejó tejido su hilo dentro de mí? Y aprendí a quitarle al tiempo los segundos, tú me hiciste ver el cielo aún más profundo, junto a ti creo que aumenté más de tres kilos con tus tantos dulces besos repartidos. Desarrollaste mi sentido del olfato y fue por ti que aprendí a querer los gatos, despegaste del cemento mis zapatos para escapar los dos volando un rato; pero olvidaste una final instrucción, y es que aún no sé cómo vivir sin tu amor. Y descubrí lo que significa una rosa y me enseñaste a decir mentiras piadosas para poder verte a horas no adecuadas y reemplazar palabras por miradas, y fue por ti que escribí más de cien canciones y hasta perdoné tus equivocaciones, y conocí más de mil formas de besar, y fue por ti que descubrí lo que es amar. Lo que es amar.
(Antología- Shakira).
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Felices para siempre.

sábado, 10 de julio de 2010 by Carmen Porcel
Un paseo para recordar. Un beso lento. Una calada a un porro. Unas risas con los amigos. Una sonrisa cómplice. Una noche de fiesta. Un baño caliente en invierno. Un petardo que estalla en marzo. Un agradecimiento sincero. Un minuto de euforia después de un gol. Un niño al que le haces cosquillas. Una canción que te encanta. Un momento de calma en la playa. Un día tirado en la cama.
La felicidad dura un instante. Pueden ser unos segundos, unas horas o unas semanas. Buscamos la felicidad de forma imparable sin querer advertir que la felicidad está ahí, tan solo tenemos que verla. La felicidad es cada momento en que sonríes y dejas tu mente en blanco. Es cada momento que he nombrado. La felicidad no podría ser más barata, ni más simple... y sin embargo nos empeñamos en ser felices todo el tiempo. Nada es eterno, incluso nosotros mismos somos seres efímeros. Incluso el suelo que pisamos desaparecerá, pero ¿la felicidad? La felicidad ya es para siempre: aquel paseo, aquel beso, aquella calada fueron reales y cada instante de felicidad permanecerá para siempre. Porque tú sentiste aquella euforia con aquel gol, porque tú viviste aquel beso como si fuera el primero, porque tú escuchaste reír a aquel niño al que hacías cosquillas. Esos momentos permanecerán dentro de tí, en el apartado de "historia de mi felicidad", y no hay nada ni nadie que te lo pueda arrebatar.
Infeliz no es aquel que no puede ser feliz, sino aquel que no quiere.
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Jardín zen.

jueves, 1 de julio de 2010 by Carmen Porcel

¿Alguna vez has visto un jardín zen? Son esas pequeñas cajitas con arena que la gente utiliza para decorar sus casas o despachos. Sin embargo, la auténtica utilidad de esas cajitas va mucho más allá de la decoración: cada día debes mover la arena con un cepillo. Hacer un montoncito de arena, alisarla, hacerle tres rayas o tres hoyos. O cien mil, no importa, tan sólo se trata de mover la arena a tu gusto. ¿Y para qué mover una caja de arena una vez al día? Para recordar que cada día es diferente, que cada momento es diferente al anterior y al siguiente. La mueves una vez al día y, al día siguiente, cuando la vuelvas a mover, cada grano de arena estará en un punto distinto. Y si al día siguiente tratas de recuperar la forma inicial, quizás seas capaz de aparentarla, pero jamás conseguirás que cada ínfimo grano de arena esté en el mismo sitio en que estaba hace dos días. Sí, puede que parezca la misma posición, pero no es exactamente la misma. Puede que en ocasiones, los días se parezcan unos a otros, pero no son los mismos. Tan sólo mirando esa caja de arena que meneas un poco una vez al día, verás que ayer había una cosa y hoy otra, y que mañana habrá otra distinta. Un jardín zen es una metáfora preciosa: la vida es una caja, y cada día está compuesto por granos de arena. Todos los días son diferentes, y lo que pasó, pasado está. Lo que hay hoy, no estará mañana. Y lo más importante: sólo tú puedes mover la arena y moldearla a tu gusto; sólo tú puedes hacer con tu vida lo que quieras. Es una pena que la gente use estas pequeñas cajas de arena sólo para decorar. Me gustaría tener una para recordar la metáfora que implica cada día, aunque yo no soy de las que me olvido ni por un segundo de que mi vida es mi novela y soy yo quien la escribo. De que mi jardín zen es mío y soy yo quien lo muevo, sin poder volver atrás.

PD: Si buscas en Google "jardín zen", te sale un jardín zen on-line. ¿Filosofía de vida? Para quien la quiera...

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