Porque tu risa es un vicio y lo demás sucedáneos.

lunes, 29 de noviembre de 2010 by Carmen Porcel
Eres todo lo que callo,
todo en lo que pienso,
el dueño de mis silencios.
Eres el miedo a decir un “te quiero”,
un “te quiero” que no sé si es cierto.
Eres las ganas de vivir
y de llorar al mismo tiempo.
Las noches que me acuesto sin ganas de dormir
y el tiempo que dedico pensando en ti (y en mí).
La forma de hacer que salte de la cama
por mucho que quiera dormir toda la mañana,
porque por ver esa cara que pones cuando hay ganas,
doy mi cara y mi cruz,
te doy todo menos la espalda.
Que de domingo a jueves no tengo vida,
porque no cuentan los días en que no escucho tu risa.
Que tus manos me vician,
que quiero lo que me das,
pero también mucho más.
Y esta es una llamada perdida de cientos,
porque te diría lo que pienso
pero no quiero perder el tiempo
diciendo cosas que en realidad,
ni yo misma sé si las siento.
Posted in | 2 Comments »

Eternamente suya.

miércoles, 10 de noviembre de 2010 by Carmen Porcel

Llegó con él a ese lugar que tantas historias albergaba. Allí estaba ella, acaparando toda la luz que pudiese haber en ese lugar, impidiendo que lo que le rodeaba pudiese ser visto como algo más que sombras por aquellos ojos, por aquella mirada que él mantenía fija en ella inevitablemente. Fue después de unos minutos cuando su amigo advirtió su gesto embobado y le dijo: «Mírala. ¿Te gusta?». Esto alertó a X e hizo que reaccionase rápidamente, retirando aquel gesto para comenzar a fingir nuevamente que ella no tenía cabida en su mundo, pero él insistió: «Te gusta ¿verdad? Si quieres, es tuya.» ¡Pensar que aquella mujer tan prohibida y tan única, pero también tan cercana, podía ser suya! ¿Quién lo habría imaginado?

De hecho, X se lo había imaginado miles de veces, pero siempre se había visto obligado a acabar retirando esas fantasías de su mente con tal de no aceptar que le quería, y además, le admiraba. Entonces tomó conciencia de las palabras que su amigo acababa de pronunciar: «puede ser tuya.» Todo esto pasó en menos de ciento ochenta segundos. Y realmente su amigo terminó aquel discurso de forma rápida y concisa, mientras todos esos vaivenes de duda sobrevolaban la cabeza de X.

Sus palabras fueron: «Mírala. Te gusta, ¿verdad? Si quieres, es tuya. -dejó que X pensara acerca de aquello unos segundos y continuó- Tan sólo tienes que luchar por demostrarle que le quieres. Ella nunca ha pedido más. Nunca necesitará nada más que amar y sentirse querida, pero amar a una mujer como ella es mucho más difícil de lo que piensas. Puedes tenerla rápidamente: ve ahí, dile que le quieres y dale un beso. ¡Y no pienses en qué, quiénes o cuántos hay a tu alrededor! Haz eso y habrás alcanzado la meta. Será tuya, pero tendrás que amarla todos los días para mantenerla. Si le quieres, puedes creerme: será eternamente tuya. Eternamente».

Aquella noche, X la contempló durante horas. Vio como reía, y como hacía reír a los demás. Notó esa adicción en que se había convertido verla sonreír y soñar con ella. Y cuando estaba casi amaneciendo, tocó tras su hombro y le dijo: «Te quiero. Y soy tuyo para siempre. Sé mía... eternamente»."

Posted in | 0 Comments »

Frases difusas.

martes, 2 de noviembre de 2010 by Carmen Porcel
Y en algún intento fallido de evasión del mundo,
en algún ejercicio ineficaz de olvidar
esa terrible incapacidad humana que es
no poder desaparecer, esfumarse,
sencillamente extinguirse sin que nadie se pregunte por qué,
me acordaré de haber reído a tu lado
y maldeciré una vez más mi inutilidad
a la hora de evadirme de la realidad,
blasfemaré contra Dios
y probablemente contra quien se me ponga por delante
y aún tendré huevos a preguntarme
una y otra vez, de forma indefinida,
por qué parece imposible olvidarse de cada abrazo,
de cada reciprocidad de gestos
el uno hacia el otro, y el otro hacia el uno;
cuando sé perfectamente que el único motivo
por el que mi memoria retiene ciertas cosas
que mi ser desearía fulminar
estaba en boca de la protagonista
de alguna peli adolescente de finales de los 90...
“pero sobretodo odio no poder odiarte,
porque no te odio,
ni si quiera un poco”.
Posted in | 0 Comments »