Ahora lo he entendido, no sé si es tarde para ello o es el momento perfecto, pero de pronto he visto la luz sin si quiera necesitarla...
Nunca me vas a dejar ser feliz, ¿verdad? Es eso. Si no es contigo, con nadie, y si es contigo, lejos; y lejos de ti y sin nadie me es imposible ser feliz.
No lo haces adrede (supongo) pero lo haces... si sonrío ha de ser por verte y si lloro porque me faltes, pero reír si otro me hace cosquillas está prohibido desde el momento en que me diste un beso y te lo acepté.
Porque no somos nada, claro. Ni nunca lo fuimos, ni lo seremos, pero es que somos mucho, ¿no? Y no puede haber uno mejor que tú.
Pues sonríe tú ahora, sonríe gracias a mí una vez más, porque tengo que decirte que lo has conseguido: no me siento capaz de tener con alguien lo que tengo contigo. Y aún así, lo que tengo contigo, lo maldigo.
Malditas sean las veces en que no somos nada y malditas las veces en que soy tuya. Maldito sea el día en que dimos un paso hacia delante, y al cuerno con cada vez que me has dicho que este o aquel no era lo suficientemente bueno para mí.
¿Es que tú sí? ¿Eso crees? Pues arriesga y tal vez ganemos. De momento no puedo saber si eres lo suficientemente bueno para mí, porque nunca has intentado demostrarlo.
Déjame andar hacia delante, y si tengo que chocarme, ¡estamparme! Pero no me digas que nadie me merece, porque si nadie me merece, tú tampoco. Y ya no puedo vivir a tu sombra, pero sé que no vas a dejarme ser feliz y ni aún así puedo alejarte de mí.
