Nadie como tú.

martes, 15 de marzo de 2011 by Carmen Porcel

Ahora lo he entendido, no sé si es tarde para ello o es el momento perfecto, pero de pronto he visto la luz sin si quiera necesitarla...

Nunca me vas a dejar ser feliz, ¿verdad? Es eso. Si no es contigo, con nadie, y si es contigo, lejos; y lejos de ti y sin nadie me es imposible ser feliz.

No lo haces adrede (supongo) pero lo haces... si sonrío ha de ser por verte y si lloro porque me faltes, pero reír si otro me hace cosquillas está prohibido desde el momento en que me diste un beso y te lo acepté.

Porque no somos nada, claro. Ni nunca lo fuimos, ni lo seremos, pero es que somos mucho, ¿no? Y no puede haber uno mejor que tú.

Pues sonríe tú ahora, sonríe gracias a mí una vez más, porque tengo que decirte que lo has conseguido: no me siento capaz de tener con alguien lo que tengo contigo. Y aún así, lo que tengo contigo, lo maldigo.

Malditas sean las veces en que no somos nada y malditas las veces en que soy tuya. Maldito sea el día en que dimos un paso hacia delante, y al cuerno con cada vez que me has dicho que este o aquel no era lo suficientemente bueno para mí.

¿Es que tú sí? ¿Eso crees? Pues arriesga y tal vez ganemos. De momento no puedo saber si eres lo suficientemente bueno para mí, porque nunca has intentado demostrarlo.

Déjame andar hacia delante, y si tengo que chocarme, ¡estamparme! Pero no me digas que nadie me merece, porque si nadie me merece, tú tampoco. Y ya no puedo vivir a tu sombra, pero sé que no vas a dejarme ser feliz y ni aún así puedo alejarte de mí.

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Que no hemos muerto.

martes, 8 de marzo de 2011 by Carmen Porcel
"Que el amor verdadero es tan sólo el primero y los demás son sólo para olvidar". - La Oreja de Van Gogh.

Escuchando canciones en tardes largas y vacías, de esas que estoy con otro pero sin ti, me doy cuenta de que aunque ya te has ido todavía estás aquí. Estás en mis palabras, en mi cabeza, en la forma en que me gusta que me besen, en los últimos recuerdos que valoro, en la vida que un día tuve y en todo aquello en lo que pueda poner una pizca de ti, sin querer, pero sin olvidarte. Tú crees que ya hemos muerto, pero yo aún oigo latidos. Tú crees que te reemplacé, pero yo aún sigo esperando. Vivo en el absurdo de creer que volverás, porque sé que te arrepientes, pero no sé cómo soy capaz de pensar que podrías pedirme que vuelva excluyendo a tu orgullo de entre nosotros de una maldita vez; o que podrías darte cuenta de que cuando dije "adiós", sólo quería decir "ven a por mí". Ya lo dije una vez, somos cobardes. Yo nunca me atreví a decirte que estoy hasta los huesos por ti, y tú sólo supiste expresarte quemándome la piel. Todo empezó hace mucho tiempo, después conocí a tu amigo, tú a mi amiga y así son las cosas. Claro, que todo acabó y donde algo termina, algo empieza y nostros resurgimos a lo grande. A mí me preocupaba que no te cuidaras, a ti te preocupaba que no me cuidaran. Un día te marchaste para luego volver, y yo quise demostrarte que podía estar sin ti. Se me olvidó que en ocasiones eres ciego, y si hago sonar la música de que ahora soy feliz, eso es lo que sientes y te perdí, como me pierdo desde hace tantos años escribiendo lo que jamás me he atrevido a decirte a la cara y así escribo cualquier cosa -como esta- hasta el infinito con tal de evitar dos palabras, ocho letras. Ríos de tinta por callar lo que nunca supimos si saldría bien. Lo que ya vivimos, pero sin nombre. Lo que cada mañana pienso que algún día volverá, porque ya caímos antes pero nunca fue el final.
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