Volver al principio para encontrar el final.

viernes, 31 de enero de 2014 by Carmen Porcel
   No sabría explicar, pese a este intento, lo que se siente cuando ves a un amor de verano de cuando a penas te acababa de bajar la regla. Y lo de llamarlo "amor" es porque así se conocen los rolletes fugaces que surgen al calor mediterráneo y duran lo que dura ese calor.
   Es inevitable mirar atrás en estas circunstancias, cuando alguien te mira a los ojos y te pregunta ¿qué has hecho este tiempo? Y no se refiere a estas navidades, no. Se refiere a los últimos ocho años de tu vida.
   A qué ha pasado entre los primeros besos castos y las miles de historias de besos castos, sucios y besos que nunca se dieron que vinieron después. A qué ha pasado desde que a penas empezabas la ESO y cuando estás a punto de coger una maleta y largarte a perseguir tus sueños. A cómo cambiaste de niña a mujer. Así de intenso o más.
   Y claro, no sabes por dónde empezar. Probablemente el principio fue la última vez que hablaste con quien te lo pregunta y el final ni si quiera exista aún. Lo difícil es ordenar todo lo demás, incluso poder recordarlo todo. Y a la hora de sintetizar cuesta encontrar cuáles fueron los momentos clave, porque quizás lo fueron todos en sucesión.

... ¿Y si tenemos que volver al principio para encontrar un final? ...

   Es curioso que mirando a esa persona vea un espejo que refleja cada cosa que no soy. Mirando a ese espejo puedo ver en parte cada cambio transcurrido, cada lección, cada victoria, cada historia. Puedo mirar a los ojos una mala elección, una de las primeras. Y seguir aprendiendo. En el fondo, es una oportunidad maravillosa.
   No obviaremos el hecho de que he tropezado con la misma piedra que hace ocho años. Y peor aún, porque si ahora somos la imagen de lo opuesto, al menos entonces eramos espejos paralelos. Sin embargo, una buena lección aprendida es que a veces está bien repetir pecados para asegurarse de que no merecieron la pena.
   Curioso ver cómo ese espejo de lo que no eres te mira buscando lo que fuiste cuando tú has caído en ese error doscientas veces y aún no has aprendido a esquivarlo. Suelo pensar que me enamoro y se me olvida que, a veces, yo también enamoro. No nos engañemos, es gratificante que alguien te descubra las huellas que le dejaste. Aunque no fueras tú, aunque fuera otra versión de ti... Alienta a pensar que tú tienes la capacidad de enamorar tanto como otros han tenido el poder de enamorarte. Y olvidar ese poder, queridos, es la fuente de todas nuestras dudas, nuestras inseguridades y la mitad de nuestros errores.
   Brindo por lo que fui. Por lo que soy. Por los errores. Por las victorias. Por los enamorados y los 'enamoradores'.
   Pero sobretodo, brindo por el tiempo, porque a veces creemos que va muy despacio pero el tiempo pasa. Pasa y lo cura todo, lo vuelve a liar y lo cura de nuevo. Esa es la sal de la vida.
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Vivir hacia fuera, sentir hacia dentro.

jueves, 30 de enero de 2014 by Carmen Porcel
hace tanto que no siento nada...
que ya no me duele nada en concreto
que no me duele nadie.
me duele el vacío.
me duele la nada,
que no es lo mismo que que nada me duela.
me duele esta sensación de duda absurda y permanente:
pero hacia dónde voy? hacia qué? hacia quién?
soledad es una palabra demasiado dura,
demasiado maltratada como para aplicarla sin más.
pero sin más nada dentro de mí...
soledad rodeada de gente,
creo que así es como más fuerte duele,
pero no conozco otro tipo
que esta en la que me he subido
de motu propio, aunque me pese.
la culpa es mía por lo que he elegido:
callar siempre y sentir hacia dentro,
que nadie pueda leerme la mente.
 y si nadie es capaz de leerla,
 y si nadie es capaz de leerte,
de escuchar tus latidos,
de verte por dentro...

joder. qué vacío se siente.
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Pisos pequeños y sueños grandes.

lunes, 27 de enero de 2014 by Carmen Porcel
Esto es para gente como tú. Para gente que sueña con una casa limpia y ordenada, que busca estabilidad y tranquilidad y que cree que cualquiera puede hallar felicidad en un hogar que reúna estos requisitos si le acompañan una pareja e hijos. Pero yo no quiero eso. 
Quiero una vida con pisos desastrados y tal vez pequeños, pero en ciudades grandes. Ciudades con millones de personas soñando a lo grande, aunque vivan en esos pisos enanos - si no directamente habitaciones de alquiler. Coger aviones sola, sin un tío ni unos niños que aten mis pies en ningún punto fijo del suelo. Y consciente de que eso no equivale a ser rica y lucir Louboutin, pero quiero esa vida.
Una de esas que pueden hacerte muy desgraciado o el putísimo amo del mundo. No del mundo en plan presidente de los Estados Unidos, sino de tu mundo. De esas personas que llevan las riendas de su vida y, si la suerte les acompaña, llevan a cabo proyectos exitosos. Mandan en su vida, aunque no manden en un negocio necesariamente. 
Seguramente tú no puedas entenderlo... Y seguramente suene a sueño de juventud. Pero yo no quiero esto y eso no es un sueño, es una realidad. Y es presente, aunque mi futuro sea absolutamente incierto.
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