En caliente.

domingo, 31 de octubre de 2010 by Carmen Porcel

Si fuesen papel, ahora mismo rompería todos y cada uno de los momentos en que hemos sido felices. Todos y cada uno de los momentos en que hemos reído juntos y retozado en cualquier playa, o en cualquier cama; en los que nos hemos hecho reír cuando más falta nos hacía, y sobretodo desearía que ese papel estuviese escrito en lápiz para borrar con cualquier goma cada una de las veces en que me necesitaste y acudí en tu ayuda sin dudarlo ni un instante, tratando de hacerlo, aunque no perfectamente, de la mejor manera que a mi juicio fuese posible.

¿Y sabes qué? Que a pesar de que fuesen papel, sé que por ti rebuscaría en cualquier papelera esos trocitos para volver a pegarlos con cualquier método existente, porque yo sí que tengo huevos a decirte que por ti me trago el orgullo y me arrepiento de cualquier cosa menos de lo que me hace feliz y lo que considero que vale la pena. Que rectificaría cualquiera de mis palabras por ti excepto aquellas en que dije que contigo, al fin del mundo. Que no tendría cojones, sin embargo, a romper, si fuese papel, ninguna de las veces en que di gracias al mundo por cruzar nuestros caminos. Porque tal vez volví a equivocarme y a jurar en nombre de la amistad que esta vez, la nuestra, sería para siempre.

Y tal vez mi mayor error fue pensar que valía la pena estar contigo incondicionalmente, pero si así fuese, si todo esto fuese un error, tampoco me arrepentiría de haberlo cometido, porque hubiese o no valido la pena en compensación al daño causado, habría sido ante todo una lección vital inigualable de por qué ya no debería volver a confiar en nadie, ni si quiera en ti.

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Entre puntos suspensivos.

lunes, 25 de octubre de 2010 by Carmen Porcel

Que he dejado las páginas de tu diario, sin leerlas,
en el cajón de la mesilla, segunda balda, las llaves ya las tienes en tu cartera,
y si no encuentras una sonrisa del día, así fresca y de buen tiempo,
dame un toque y a ver qué puedo besarte, que a estas alturas del trabajo
uno parece que vuela al ver tu nombre en el móvil, y pienso en la misma calle
numero
y portal que los tuyos, como si fuera fruto de una traviesa coincidencia
al elegir disparates como palabras favoritas de la mano,
anillos que se nos caen de los dedos
rotos -los anillos, claro- de tanto extremar periferias, atentos a la copa de vino
que pongo sobre la mesa, dos corazones,
un 4 de trébol, 11 garfios de picas, ningún oro
y un as de bastos, reina, y eso que yo siempre creí que tenía destino de jota,
tú de guitarra, y quién sabe si quizá también de rock and roll,
es decir, lo mismo pero sin mástil de proa la que dirigirte
en caso de pérdida o extravío,
como te dije en aquella tienda donde compraste tu última minifalda:
las devoluciones sólo se aceptarán los días de luto,
la garantía caducó a los 6 meses,
¿te apetecen galletas y whisky
para mañana?
por la mañana

Este no es mío. Puedes leerlo completo haciendo click aquí.

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Abreviando.

jueves, 14 de octubre de 2010 by Carmen Porcel

No suelo escribir aquí para decir algo tan breve, pero quizás necesito retarme a verlo escrito.

Te quiero.

Tal vez.

Tal vez te quiera... más de lo que quiero.

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Con derecho y sin derecho...

domingo, 3 de octubre de 2010 by Carmen Porcel
Me gustaría poder expresar lo que pasa por mi cabeza con palabras y de hecho eso estoy intentando con éstas que lees. Me gustaría poder comprender por qué el ser humano es el único que tropieza dos veces con la misma piedra, por qué me he tropezado, me he hecho daño, he puesto todo mi empeño en levantarme y, cuando por fin había dejado atrás aquel bache, he vuelto atrás para tomar otra vez el mismo camino y tropezar con la misma piedra. Y ya sé que algo que no salió bien una vez, no tiene por qué salir mal la segunda, pero mi conciencia me atormenta al recordarme que igual que un día salió mal, puede salir igual o peor dos veces. Y tres... En cuestión de seres humanos, no sirve la probabilidad exacta.
Y si un día dije a alguien que si se conocía el mapa de mi alma, ¿cómo no veía que había un mundo detrás de mi mirada? Hoy repito mis palabras, sí, pero no el destinatario. Y caigo de nuevo, y dudo otra vez, y si un día dudé, hoy dudo por dos. Dudo por el miedo a lo que va a venir y por el miedo a repetir lo que ya vino. Y tantas dudas tengo que ya no sé si dudo o lo tengo todo claro: que un día aprendí que el destino no pregunta antes de actuar, que de pronto pasa el tiempo y has dejado las cosas pasar o marchar, sin poder volver atrás, y sin haber tenido tiempo de pensar antes de reaccionar impetuosamente porque así te lo pedía algo mucho más grande que cualquier duda, que cualquier pequeña puya que pueda lanzarte tu conciencia.
Ya aposté una vez por esto pensando que quien no arriesga no gana y cuando creía haberme hecho con todos los ases de la partida, una mala jugada me desarmó recordándome que quien no arriesga no gana, pero quien no arriesga no pierde. ¿Apuesto de nuevo? Siempre me han gustado demasiado los juegos... y a todos nos gusta ganar. Y arriesgar.
Amigos con derecho y sin derecho de tenerte siempre.
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No existe el camino fácil.

viernes, 1 de octubre de 2010 by Carmen Porcel

Me da igual si eres un filósofo de prestigio, doctor Honoris Causa o el mejor de los cardiólogos, porque en asuntos del corazón no importa lo listo que seas, el talento que tengas o lo avispado que estés. No importa cuanto hayas reflexionado sobre las cosas o cuanto hayas analizado los comportamientos humanos. Me da lo mismo que tu coeficiente intelectual sea superior a la media. Existe una cosa, una sola en el mundo, que nunca entenderás por muy listo que seas si no recorre tu sangre de pies a cabeza, si no la vives en tu piel y no la sientes en tus huesos: el amor. Y me dirás que cuantísimos filósofos han hablado ya de ello, que si me creo novedosa u original por hablar de ello. Y te diré que no, que no me creo nada ni pretendo ser más ni menos que la que te enseñe que ni yo ni nadie podrá enseñarte lo que es el amor hasta que lo vivas. Que me da igual si alguien cree que sí. Que me es indiferente si crees que podrás leerlo en los libros o verlo en las películas de Hollywood, que te lo enseñarán en el colegio o que analizando “El Banquete” de Platón hallarás todas las respuestas. Porque no hallarás ni una. Porque jamás conocerás lo que es el amor si no lo vives, y jamás conseguirás amar sin errar. Te equivocarás, caerás, te levantarás y volverás a tropezar, sufriendo en cada poro de tu piel pero degustando ese dolor como si fuera el más exquisito de los sabores. Y sentirás cosas tan idílicas que creerás que eres pariente de Walt Disney, que hasta te parecerá irreal lo que estás viviendo de pensar que pueda existir algo tan maravilloso. Porque algún día entenderás que amar es algo mucho más grande que pisar la Luna, que inventar Microsoft y que presidir una potencia mundial, y que por más que investigues, no encontrarás la respuesta a lo que es el amor si no lo vives. Y no encontrarás el manual de instrucciones si no te equivocas primero. El único camino que existe hacia el conocimiento absoluto del amor (el único conocimiento verdaderamente útil, valioso y atemporal, por cierto) es la experiencia que supone estar enamorado, aunque después no seas capaz de plasmarlo con palabras para que otros lo entiendan. Si lo vives, sabrás que ya estás graduado en esa materia. Que ya lo has vivido, que sabes qué es el amor. Porque lo decía aquel soneto: “quien lo probó, lo sabe.”

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