Gracias por venir.

sábado, 7 de agosto de 2010 by Carmen Porcel
Las personas no pasan por aquí sin pena ni gloria.
O una cosa o la otra, quizás ambas o muchas más.

El primero que vino, por no darme ni una pizca de lo que tenía
y cogerle tanto, sin recibir nada.
Por volverme completamente loca,
y con esa locura hacer que hallase mi cordura.
Por hacerme a mí, porque me hizo.
Me hizo a medida el amor, y desde entonces no soy la misma,
pero ésta soy yo,
la que desde entonces veis
o tratáis de adivinar.

El segundo, por tenderme su mano y abrirme sus brazos.
Por hacerme saber que a veces las cosas también pueden ser bonitas,
que el cielo puede estar mucho más bajo
o yo más alta,
y que por eso a veces una puede dejarse flotar entre las nubes,
que parecen más blandas desde que me elevó hasta ellas
y toqué el final del cielo con las yemas de los dedos.
Y que a veces las nubes se esfuman
y llueve, y pierdes muchas cosas,
pero nunca perderás la sensación de haber sido el ojito derecho del sol,
la niña mimada de las nubes.

El tercero, por no ser ni el último ni el primero.
Por darle un poco de sal a la vida,
y también azúcar, y tequila.
Porque con su sal, cura mis heridas, nacen mis sonrisas,
miradas cómplices y unas risas.
Porque con su azúcar, a veces todo parece mucho más dulce
y otras me sienta mal, pero sobrevivo.
Porque con su tequila, las noches cambian, se hacen más breves.
Más profundas y más activas,
más relevantes que el día aunque no haya sol,
porque las noches de su tequila,
son más noches que ninguna,
porque por luz están las estrellas
y por calor, nuestros cuerpos como cerillas prendidas.
Porque el tercero fue, es y será;
porque no me aburre ni me aburrirá.
Porque ya me lo conozco y nunca lo perderé,
porque conozco el camino de regreso demasiado bien.
Y si yo lo olvido, no hay problema,
dejamos restos de sal y azúcar pegados en el suelo por el tequila,
de modo que alguno de dos sabrá encontrar el camino siguiendo esas huellas.

Como te decía, por aquí las personas no pasan sin pena ni gloria.
Todos tuvieron su momento de gloria
y por todos tuve mi momento de pena,
todos completamente distintos,
pero igual de trascendentales en mi camino.
Porque dejaron su huella para hacerme a su medida.
Porque yo me hice de huellas,
de rasguños, de caricias,
de miradas, de risas
y de tequila.
Y de noches perdidas y de caminos encontrados.
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2 comentarios:

Anónimo dijo...

Me gusta mucho, ¿es tuyo?

Carmen Porcel dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.