De casas y recuerdos.

viernes, 21 de diciembre de 2018 by Carmen Porcel
Siento cómo se desprende de mí un pedazo de mi corazón. El que encierra todos los recuerdos, tanta vida que hubo en estas paredes… y ya no está.
Su ausencia me golpea en forma de hogar. Miro a la derecha y la casa, medio vacía, me transporta al primer día que la pisé. Hace unos dieciséis años, más de la mitad de mi vida y, sin embargo, me sorprendo ante lo cristalino que es el recuerdo. Mi hermana y yo de niñas, jugando con una pelota de baloncesto en el piso aún diáfano.
Podría decirse que estaba igual que ahora: sin vida. Pero no es así. Entonces era, aunque no lo sabíamos, un lienzo en blanco sobre el que íbamos a dibujar algunos de los momentos más felices de nuestras vidas. Hoy ya no. Hoy las pinceladas de la felicidad, la complicidad y el amor que aquí tuvimos lo inundan todo. El piso se queda vacío de cosas, pero lleno de momentos.
En mi corazón hay un flujo constante de lleno y vacío. Se llena sabiéndose afortunado de haber construido esos recuerdos y se vacía pensando en cómo se marchan hacia las puertas del pasado. Como en el eterno dilema de la botella, no sé si mi corazón al final queda medio lleno o medio vacío. Solo sé que voy a abrazar bien fuerte todos estos recuerdos para que no se vayan nunca. Duele recordarlos, sí; pero más triste sería no tenerlos. Y con eso me quedo.
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