Ni una milésima de segundo.

domingo, 30 de mayo de 2010 by Carmen Porcel

Da miedo reconocer que uno está enamorado cuando se comprende la magnitud de esta palabra. A veces, intentas negártelo a ti mismo. Te dices una y otra vez “no me estoy enamorando, no me estoy enamorando”… pero algún Pepito Grillo maligno que llevas en tu interior no cesa de pelear en tu conciencia diciéndote que te estás mintiendo. Que cuando piensas en alguien más que en ti mismo, hay amor. Que cuando eres capaz de querer a alguien aún siendo consciente de sus defectos y obviándolos, hay amor. Que cuando el más insignificante detalle se convierte en poesía, hay amor. Y así va peleando este Pepito Grillo hasta que eres completamente consciente de que ya no hay vuelta atrás. Es una de las cosas que no te permite el amor, dar marcha atrás. ¿Cuántas veces habremos pensado, aquellos que hemos amado, ojalá no me hubiera enamorado nunca? Y aún pensando esto, aún sabiendo que todo hubiese sido mucho más fácil de no haber caído en las redes de este sentimiento tan poderoso, cualquiera que haya estado enamorado sabe que no cambiaríamos ni un microsegundo de pasión por un camino más fácil. Los caminos fáciles no hacen la vida. En ellos no puedes sentir la furia, el coraje, la nostalgia, el valor, la esperanza, la tristeza, la locura, la angustia, la euforia o el temor. Ante todo, no puedes sentir la pasión que se siente al estar enamorado. No puedes sentir el amor, que es la emoción de la vida. La furia no es furia si no te ha hecho suficiente daño quien amas; la nostalgia no es nostalgia si no añoras lo que amaste; la tristeza no es tristeza si no lloras por quien amas o quien amaste. ¿La euforia? No existe euforia mayor que sonreír durante horas por sentir las célebres mariposas en tu estómago. ¿La locura? ¡No hay loco más loco que aquel que se mueve por amor! Si ya sabías todo esto, probablemente has estado enamorado. Si puedes comprender cada una de esas sensaciones, sentir cómo recorren tu piel y se cuelan dentro de ti, sé que estuviste enamorado. Si realmente comprendes la magnitud de esta odisea llamada amor, será lógico que tengas miedo a decirte a ti mismo que has vuelto a caer. No obstante, no olvides que el miedo, no es miedo si no hay miedo a perder lo que amas. Desde el primer momento en que temiste haber vuelto a caer, has estado sintiendo el amor. Ese temor es sólo una de las muchas sensaciones que este engloba, pero no tengas miedo y recuerda: los caminos fáciles, son aburridos. Al fin y al cabo ningún enamorado cambiaría ni un solo segundo de sufrimiento por la tranquilidad si esto implicase borrar de su memoria todo un amor.
(Escrito el 01/05/2010).
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No me preguntes un porqué, lo único que sé es que te quiero.

sábado, 29 de mayo de 2010 by Carmen Porcel

Hoy es una noche como aquellas. Sí, aquellas. Típica noche en la que al día siguiente no hay clase pero no hay plan. Típica noche en la que nos pondríamos a hablar por msn y acabaríamos viendonos para no hacer nada. Viéndonos para mirarnos, para hablar o tal vez decirlo todo en el silencio. Pero esta noche no es una de aquellas. Hoy no te has conectado, porque hace más de quince días que no lo haces. Hoy no hemos hablado como entonces, porque hace muchísimo tiempo que eso no sucede.
Tan lejano lo veo, que a veces pienso que todos mis recuerdos fueron un sueño. Era todo tan bonito, tan perfecto.. que viendo como es todo ahora, parece ficticio. No es que las cosas estén mal, están peor. Están peor porque están indiferentes, si las cosas estuvieran mal al menos estarían claras. Por lo menos ya no me duele. O tal vez me duele tanto, que ya ni lo noto. Pero te sigo queriendo, ¿sabes? Lo hago cada día y cada noche. No veo el fin de eso. No me imagino pensar en otra persona. No recuerdo lo que es no estar enamorado, hasta el punto de que no imagino mi vida si no te quisiera. Tú le das sentido. Quererte me da fuerzas para levantarme cada día, con esa mínima esperanza de que tal vez en ese día nos encontremos, o de pronto hablemos, o incluso la pequeña esperanza de: ¿y si pasara hoy?
Me das fuerzas para levantarme cada mañana con eso, porque pienso que por ti lo he de hacer todo, y si no veo la luz del sol, no podré hacerlo. He de seguir viviendo solo porque tú estás en el mundo. Y que tú estés vivo y en el mundo, es más que suficiente para mi. Lo demás es secundario, son deseos que una tiene o preguntas que se hace: ¿se acordará de mi a veces? Me encanta pensar que sí. Pero hay días que lo quieras o no te hundes y dices "NO. Él no se acuerda. Olvídale." Y ni aún así dejo de levantarme, porque el hecho de querer olvidarte no es suficiente para hacerlo.
Y además, por más que a veces crea querer olvidarte, en el fondo nunca quiero. En el fondo yo, siempre te quiero. Últimamente más en la 'superficie', pero es que da igual donde te quiera o si lo digo o lo dejo de decir: te quiero más que a mi vida y dudo que exista alguien sobre la faz de la Tierra que te quiera como lo hago yo, que piense en ti tanto como yo y que lo haga de la forma que lo hago yo.
¿Querer así a alguien? Indescriptible. Un hecho sencillamente único, algo que sólo podría demostrar si me dejases. Te juro que si algún día quisieras, te haría la persona más feliz del mundo. Porque por TI.. la vida o algo más. La pregunta es si algún día me atreveré a dartelo todo, y a decirlo todo tal cuál lo pienso. Y la palabra sí se va aproximando tanto como la palabra rechazo, de modo que chocan y se alejan una y otra vez. Hasta que un día, mi amor supere a ambas y me acerque a ti definitivamente. Y llegará, porque en el amor (al menos en este) no existen barreras, ni obstáculos, ni frenos. Esto es imparable.
Y es que .. te quiero.
(Escrito en noviembre de 2007).
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Sin nombre.

viernes, 28 de mayo de 2010 by Carmen Porcel
Somos dos, que a veces son uno. No somos nada, a veces somos todo. ¿Y qué importa si no sé qué contestar cuando me preguntan qué somos? Para mí somos simplemente nosotros, y me encanta verte, encontrarme contigo, quedar contigo, tocarte, que me toques, sonreir contigo, hacerte sonreir, reirnos juntos y picarnos, tirarnos toda una tarde o una mañana sin hacer nada y sin embargo haciendo que las horas pasen volando por el simple hecho de estar juntos. No me hace falta decir que somos novios o que somos algo oficial para estar contenta, me conformo con que sigamos así durante mucho más tiempo, porque tal vez te tengo tanto cariño, que es muy probable que te quiera. ¿Y qué más da? Eso es lo que hay. Somos simplemente uno y otro, somos nosotros y con eso es suficiente, porque cuando estoy contigo soy yo misma y mi otro yo, porque cuando estoy contigo se me olvida que existe un mundo fuera de las cuatro paredes que nos encierren o del cielo que nos cubra; porque hemos sido, somos y lo sé: SEREMOS. ¿El qué? Eso es lo de menos.
(Escrito en agosto de 2008).
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Tu amiga fiel.

jueves, 27 de mayo de 2010 by Carmen Porcel

Cuando caiga la noche y repose horizontal, vendrá a mi cabeza tu nombre. Siempre revolotea sobre ella sin piedad, pero en ese preciso momento dejaré que el subconsciente me traicione, y como cada noche, soñaré que existe un mundo donde nosotros estamos juntos. Cuando despierte, blasfemaré a Dios por no haberme permitido quedarme a vivir en mis sueños, y en algún momento del día vendrás a contarme sobre algún nuevo amor, por llamarlo de algún modo. Te aconsejaré con sinceridad, trataré de alegrarme por ti, haré cualquier esfuerzo con tal de disimular que por más que me plazca verte intentar ser feliz, siempre me consideraré más capaz de conseguir hacerte feliz que cualquier otra. Algún otro día, no muy lejano, vendrás a contarme que aquel amor acabó rápido, como siempre. Te hicieron daño otra vez, pero no hay problema, porque sabes que siempre tendrás a esta amiga fiel que siempre te rescatará de las caídas. Me dolerá verte tropezar, me alegrará saber que ya no eres de otra. Me olvidaré hasta de mí por conseguir que no derrames ni una lágrima por otra. Fingiré, como siempre, que a mí todo me va bien, que no estoy enamorada, que nadie me hace daño a mí. No me traicionas, no me ignoras, pero duele saber que soy una amiga tan fiel. Siempre cometo el mismo error: ser demasiado buena amiga. No quiero ser tu amiga, quiero ser la chica que te haga feliz. Quiero que no vuelvas a necesitar una amiga fiel que escurra tus lágrimas, porque nadie te hará daño si estás conmigo. Pero tú eso no lo ves, y puedo conformarme con ser tu amiga si eso significa estar más cerca de ti, asegurarme de que estás bien. Que sepas que si algo va mal, puedes contar conmigo. Aunque no sepas que es mi amor, y no yo, el que no te va a fallar. Que es mi amor el que me invade cuando reposo horizontal, el que deja que el corazón subestime a la razón permitiéndome en mis sueños que estemos juntos los dos.
(Escrito a 07/05/2010).
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Cuando el amor, realmente, es amor.

martes, 25 de mayo de 2010 by Carmen Porcel
La furia no es furia si no ha habido amor. Si no te ha hecho daño quien amas, si no le han hecho daño a quien amas, nunca estarás lo suficientemente furioso como para sentir realmente la furia.
La nostalgia no es nostalgia si no ha habido amor. Si no echas de menos algo que amas, nunca estarás lo suficientemente nostálgico como para sentir realmente la nostalgia.
La esperanza no es esperanza si no hay amor. Puedes desear algo, tener ganas; pero si nunca has tenido fe ciega e incansable en quien amabas, nunca habrás tenido suficiente esperanza.
La tristeza no es tristeza si no ha habido amor. Si no has sufrido por el dolor que sufría quien amabas, si no has llorado por el dolor que te causó alguien que amabas, nunca habrás sentido suficiente dolor como para sentir realmente la tristeza.
La euforia no es euforia si no ha habido amor. Si nunca te has alegrado por saber que la persona que amas es feliz, por saber que la persona que amas te hace feliz con su simple presencia, nunca habrás estado lo suficientemente eufórico como para sentir realmente la euforia.
El temor no es temor si no ha habido amor. Si nunca has temido perder aquello que amas, nunca has tenido tanto miedo como para sentir realmente el miedo.
El valor no es valor si no ha habido amor. Si aún pudiendo perder aquello que te importaba, nunca te has arriesgado por aquello que amabas, nunca has tenido suficiente valor como para saber qué es realmente la valentía.
El orgullo no es orgullo si no ha habido amor. Si nunca has sido tan sumamente orgulloso de dejar marchar aquello que amabas, afortunadamente nunca has sido lo suficientemente orgulloso como para saber qué es realmente el orgullo.
La admiración no es admiración si no ha habido amor. Si nunca has sido capaz de admirar algo aún sabiendo que tenía defectos, nunca has sentido la suficiente admiración como para saber qué es realmente la admiración.
El placer no es placer si no ha habido amor. Si nunca has compartido aquello que te gustaba con alguien a quién amabas, nunca habrás sentido suficiente placer como para saber qué es realmente el placer.
La ilusión no es ilusión si no ha habido amor. Si nunca has sentido que el más mínimo detalle de quien amas podía ser tu mayor ilusión, nunca has tenido suficiente ilusión por algo como para saber qué es realmente la ilusión.
La locura no es locura si no hay amor. Si nunca has estado dispuesto a cualquier cosa, sin excepciones, por alguien a quien amabas, nunca has estado lo suficientemente loco como para saber qué es la locura.
El amor no es amor si nunca has sentido que estabas lo suficientemente loco, que tenías suficiente ilusión, que podías sentir suficiente placer, que realmente sentías suficiente admiración, que tenías suficiente temor y anhelabas tener el suficiente valor, que estabas lo suficientemente eufórico, que tenías la esperanza suficiente y que de darse la ocasión, realmente podrías sentir la suficiente tristeza, furia y nostalgia.
Y si nunca has sentido el suficiente amor, nunca has sentido realmente la vida.
(Escrito el 01/05/2010). 
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Fugitivos de la estabilidad.

lunes, 24 de mayo de 2010 by Carmen Porcel
Encuentros efímeros, carentes de significado. Tantos son los que pasan por tu vida, vienen y se van, pero tan pocos los que vienen para quedarse… Hay veces en que se echa de menos eso de tener a alguien ahí todo el tiempo. Aunque ni si quiera le fueses a llamar, o también si lo fueses a hacer, pero se echa de menos la seguridad de saber que podrás coger el teléfono en cualquier momento y decir “cariño, ven conmigo”. O bien porque le necesitas, o bien porque no tienes nada que hacer, pero sabes que alguien al otro lado descolgará el teléfono y vendrá contigo en cuanto cuelgue. Se echa de menos, y quien diga que no, miente. Se mienten a sí mismos los que dicen que no necesitan a nadie a su lado, porque todos necesitamos a alguien a nuestra vera de vez en cuando, y ese de vez en cuando es más frecuente de lo que realmente queremos admitir. Que sí, que la mayoría del tiempo no es imprescindible tener a nadie, que puedes estar bien sin nadie y que si tienes a otras personas, no necesariamente tienes que sentirte solo. Pero aunque no te sientas solo, siempre llegará el día en que sentirás que falta una persona. A veces “esa persona”, otra veces simplemente alguien… Y te das cuenta de que te queda mucho por conocer y quieres conocerlo todo, pero sin embargo la impaciencia te puede y todo acaba en instantes divertidos o historias sin final. En definitiva, más historias que no llevan a ningún puerto. Dicen los fugitivos de la estabilidad que lo hacen porque no les gusta la rutina, y yo les digo: ¿es que no es rutina siempre lo mismo con caras diferentes? Si dicen que no, de nuevo se mienten a sí mismos. Se mienten a sí mismos como lo hago yo, y como lo haré mañana mismo cuando me olvide de todo esto que he escrito, y piense de nuevo que no necesito a nadie, y que para qué me voy a meter yo en eso… Pero ese pensamiento sólo durará hasta que de nuevo eche de menos coger el teléfono y llamar a alguien para decirle ven conmigo, sin tener que poner excusas, sin fingir nada, sólo con la seguridad de que vendrá pase lo que pase o aunque nada pase.
(Escrito a 25/11/2009).
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Unidireccionales.

sábado, 22 de mayo de 2010 by Carmen Porcel
Hace mucho tiempo ya. Yo pensaba que no duraría tanto, jamás pensé que cambiaríamos en la misma dirección. Mi vida son dos historias paralelas: TÚ y el resto de las cosas. Siempre presente, pero siempre tan lejano. Y quizás es hora de acabar con nuestro juego, de dejar de fingir que aquí no pasa nada cuando hace mucho tiempo que pasa algo muy grande. Una parte de mí se está cansando de jugar, pero otra tiene miedo de dejarlo.
Me gustaría saber qué sería de ti y de mi sin nuestro juego, pero me da tanto miedo pensar que podría dejar de existir un "nosotros", que podría tener que borrar tu nombre de mi cabeza y hacer como si todos los recuerdos no hubieran existido jamás, que prefiero no saberlo. Prefiero seguir pasando el tiempo pensando en qué somos y en qué no somos, en qué se esconde detrás de las palabras en clave, intentando leer entre tus líneas y sin dejar que leas entre las mías. Prefiero seguir pasando el tiempo sumida en la constante incertidumbre de saber que cada día que pase seremos algo diferente a pasar el tiempo pensando que perdí los días de incertidumbre en que me sacabas de mis casillas, quería odiarte y no podía, y después me hacías reir un rato y todo parecía perfecto.
Aunque sí, ya lo sé, nada es perfecto entre tú y yo porque somos seres cambiantes que nunca se sabe por dónde vamos a salir, ni tú ni yo... Pero cuando creemos que saldremos por un lado diferente, que nos distanciaremos porque las personas cambian, seguimos siendo exactamente iguales el uno del otro. Unidireccionales, siempre en el mismo sentido y pensando que cualquier día uno de los dos dará un giro de 180º , aunque en realidad nunca lleguemos a dar ese giro. Porque si algún día quiero girar, no podré mirar atrás, porque si mientras estoy girando te veo, volveré hacia tí para seguir tu camino como he hecho siempre, y es que pase lo que pase, y aunque parezca que hay alguien más haciendome feliz, muchos pueden hacerme sonreír pero SÓLO TÚ, y NADIE más que tú, sabe cómo hacerme sonreír sin ni si quiera pretenderlo.
Sigamos jugando.
(Escrito en agosto de 2009).
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El odio.

jueves, 20 de mayo de 2010 by Carmen Porcel

Si en este mundo hay dos sentimientos relacionados esos son, sin lugar a dudas el amor y el odio.
El amor puede existir sin odio, de hecho sólo existe amor cuando no existe odio.
Sin embargo el odio sólo puede ser sincero cuando antes ha habido amor. El daño real solo nos lo puede hacer una persona a la que queramos de verdad, si nunca hemos amado a alguien no podemos odiarle en el sentido más estricto de la palabra. Por mucho daño que nos hagan, poco nos importan las personas si no les hemos amado antes, y si alguien no nos importa, no es odio: es indiferencia.


"Del amor al odio hay un paso, te odio pero te quise, de las mil veces que sufrí yo tú como mucho una sufriste.."

(Escrito en enero de 2008).
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Un recobeco en el corazón.

miércoles, 19 de mayo de 2010 by Carmen Porcel


Para algunas personas guardamos un eterno recoveco en nuestro corazón. Un hueco que de pronto nació y fue creciendo y creciendo hasta que de pronto nos desencantamos y se escondió. Se escondió, pero nunca se fue. Lo que pasa es que ahora mi hueco es más pequeño, pero no te olvides de que dije que siempre te querría y soy persona de palabra: en mi corazón sigues, solo que mientras no quieras estar ahí te guardaré tan solo el sitio por si acaso. Y si no vuelves, tengo más huecos por llenar. Si vuelves, puedes teñir mi corazón entero con las letras de tu nombre y un te quiero; como tanto tiempo he hecho. Pero ahora ya no importa porque no quiero mirar atrás dentro de unos años y pensar que empeñé mi vida en algo que era imposible. Si es posible, ya lo será y si no lo es, ya lo será para otro.
A pesar de todo siempre en mi.
Y aunque sea un poquito, no puedo evitar que brotes de mis adentros un poquito de vez en cuando.
(Escrito en enero de 2008).
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La noche y la luna.

martes, 18 de mayo de 2010 by Carmen Porcel

Me gusta la noche. La noche siempre es la misma. Da igual si el cielo está estrellado o si está nublado, no importa si es luna nueva o luna menguante. Sólo importa que el mismo cielo oscuro nos cubre a los dos donde estemos, que si levantamos la vista estaremos mirando la misma luna. Cada día cae el sol y se convierte en noche, y cada noche que no estoy contigo te echo de menos. Sólo me queda el consuelo de que la misma luna que veo será la que tú estás viendo, de que si duermo te veré en sueños y si quedo despierta tendré a mi luna. Tu luna, nuestra luna. La misma que nos vió aquella noche de invierno, la misma que nos miraba cuando nos dimos aquel primer beso. La misma que estaba en el cielo la última noche, con los últimos besos. La misma, que al marcharse, me dejó echándote de menos. Al llegar la luz del día todo se volvió confuso y es que no hay luz más clara para nosotros que la de la luna. No hay más claridad que la oscuridad de cada noche en que nos dejamos llevar sin pensar. La noche, mi gran pasión. De día somos lo que debemos, o lo intentamos. De noche somos nosotros, sin más. Por eso me gusta la noche, por eso miro a la luna, porque en esta silla en esta noche oscura, aunque no estés conmigo siempre me quedará la luna.
(Escrito a 29/04/2010)
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La búsqueda imparable.

lunes, 17 de mayo de 2010 by Carmen Porcel
Me vuelves vulnerable, alterable, variable, cambiante. Me sacas de quicio, me haces reír a carcajadas. Me haces soñar, me haces pensar, me haces correr. Correr hacia ti cada vez que te veo entre la multitud. Sentir ganas locas de que estés en el lugar exacto en el momento perfecto. Si te encuentro se paraliza mi cuerpo, se anulan mis sentidos, dejo de pensar. Sólo sigo el impulso de querer caminar hacia ti, la necesidad de verte con el único fin de mirarte. A un minuto de ti todo tiene sentido, a un segundo de ti todo estará otra vez vacío. Y siempre te busco, y cuando dejo de buscar, te encuentro. Es tan bonito mirarte, sentirte de esa manera cuando estás cerca de mi… me muero por ti. Suena alguna canción, se detiene el reloj y solo pienso “esta vez regálame el cielo”. Ya no quiero que nada te aleje de mí, eres todo lo que quiero, amor. Tú me darás la vida unos segundos, yo me dejaré a tu suerte, soy esa amante que no te olvida, necesito tenerte. Pero el tiempo se acaba y no quiero perderte. Y a saber qué pasará si me quedo contigo, te quiero querer pero eso no tiene sentido. ¿Y qué puedo hacer? No cambiarás, siempre eres igual, un desastre. ¿Qué te voy a decir? Si me haces reír y me sacas de quicio, te pasa lo que a nadie, pero te quiero así, siendo un desastre, y te busco, te encuentro y al perderte tendré que buscarte de nuevo. Pensarte y ver tu mirada en la mía me dará la calma, aliviará la pena. No sé lo que haría sin ti, así que si quiero tenerte, no puede ser de otra manera. Y si fuera capaz de mirarte y decir lo que siento, si pudiera tenerte más tiempo del tiempo que tengo, si solo fuera capaz de retenerte en el tiempo para romper mi silencio y decirte que te busco, que te quiero descubrir, que quiero estar donde tu estés, poder ir donde tú vas; pero esto no pasa y la búsqueda sigue. Te encuentro, te pierdo, desespero en tu ausencia pero sigo adelante para volver a encontrarte, para que vuelvas y te quedes diez minutos conmigo. Siempre tan cerca y tan lejos de mí… pero merece la pena vivir buscando si alguna vez me encuentro tu lado, que nada me aleje de ti, porque aunque en silencio, te quiero.
(Escrito en julio de 2009).
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No me sale llorar.

domingo, 16 de mayo de 2010 by Carmen Porcel
Siento tantas cosas que no siento nada. No estás, y no me sale sonreír de inmensa felicidad por saber que te tengo, pero estoy acostumbrandome tanto a vivir sin tí y sin tu presencia que me asusta saber que tampoco me sale llorar.
Me asusta porque pienso que tal vez cierta persona me hizo tanto daño, que también dañó mi capacidad de amar. Tal vez la experiencia me ha hecho excesivamente precavida y ahora en cuanto te alejas un poco de mí me voy haciendo a la idea de que no debo amarte. Y eso no es amar, amar era aquello que me ataba a quien más daño me hacía; amar significaba darlo todo sin que nadie reclamase nada, sin que nadie agradeciese nada. Y yo quiero amar, ¡yo quiero amarte! Porque sé que te quiero y porque sé que tal vez te amo, porque ya no me asusta que me hagas daño, sino que me asusta no quererte como te mereces. Y sí, eso es sin duda un gran inicio del amor... al fin y al cabo, se sabe que empiezas a amar cuando pones tu felicidad en la felicidad de otra persona, y eso es probablemente lo que me está pasando. Pero ya no piso sobre seguro, ahora amo sin saberlo, y encima me estoy preocupando de lo que mi cabeza me dice (que es eso, la inseguridad, el no saber si de verdad amo o no), cuando debería hacerle más caso al corazón, que me pide a gritos tu presencia y me pregunta porqué no estás aquí y porqué los días pasan tan lentos desde que no te veo, ni te hablo, ni te beso, ni te tengo...
(Escrito en septiembre de 2008).
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Paseo.

viernes, 14 de mayo de 2010 by Carmen Porcel
Qué bonito tener la capacidad de plasmar con palabras lo que sientes en cada momento. Esta capacidad, me brinda la oportunidad de pasear por los sentimientos pasados cada vez que lo deseo. Quizás por eso soy una nostálgica, cuando me acuerdo de algo basta con ver cómo me sentí en ese momento para reavivar sentimientos apagados. Sólo reavivo las llamas unos segundos, a veces vivo mi vida de nuevo en cuestión de minutos. Y es una mezcla de tortura, por ver todo lo que perdiste; terapia, por aprender de todo lo pasado y placer, por recordarte a ti misma que un sentimiento puede mover tu vida de un lado a otro.
A muchos les parecerá triste o débil dejarse llevar por los sentimientos. Lo siento por ellos. Valiente aquel que deja que un sentimiento domine su vida, valiente el que sabe que para vivir hay que sentir. Hay quien se pasa toda la vida sin haberla vivido. No es mi caso, he sentido, he vivido. He disfrutado lo bueno y sufrido lo malo, y doy gracias a Dios, o a quienquiera que sea... incluso, ¿por qué no? Me doy gracias a mí misma por haber sabido hacerlo. La vida está para vivirla, y no para hacer siempre lo correcto.
Nada merece más la pena que el instante que tenemos delante y el siguiente, y la oportunidad de hacerlos diferentes.
(Escrito a 26/04/2010).
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Imágenes.

miércoles, 12 de mayo de 2010 by Carmen Porcel

13:365
Originally uploaded by Luana Vasques Martins
Mirarte es mi deporte favorito, mirarte cerca con tus ojos fijos en mi mirada y mis ojos en la tuya perdiéndose entre las circunferencias que dibujan tus pupilas. Por unos instantes, sólo existen dos imágenes: el dibujo de tus ojos y el de tus brazos rodeando mi cintura. Imágenes estáticas, sin sonido. En silencio. Miradas que lo dicen todo a medias, que nunca acaban de hablar pero hablan sin parar. Instantes que me gustaría dejar eternamente estáticos, quietos. Parar el tiempo y quedarme en el dibujo de los dos. Hacer de esa fotografía una vida entera. ¿Sabes? Al fin y al cabo es todo una fotografía. Puede que a veces sea sólo un trozo de papel, una simple foto; pero yo cuido de ti como de mis fotografías, te pongo donde mejor te da la luz. Y como el flash que se dispara y deja un momento grabado para la eternidad, en el mismo tiempo que dura el parpadeo de esa luz cegadora, estamos juntos y al segundo hemos cambiado de pose, pero la anterior queda grabada para la eternidad. El dibujo de las circunferencias de tus pupilas, el dibujo de nuestras piernas entrelazadas bajo las sábanas. Por la mañana cambiará la luz, ya no podremos repetir la misma foto. El sol se apoderará de nosotros y seremos los de siempre, pero por la noche habremos sido aquellos chicos de mi foto favorita.
(Escrito a 28/04/2010).
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Estoy irreconocible desde que te conocí.

martes, 11 de mayo de 2010 by Carmen Porcel
Será que se acerca el día en que me enamoré de ti y me asusta llevar tanto tiempo queriendote. Me asusta rebobinar y encontrarme con lo que me encuentro, porque me encuentro muchos momentos, todos ellos diferentes y algunos muy especiales, pero en ninguna página de nuestra historia encuentro el momento que siempre he estado buscando.
Encuentro la mirada de la que ayer hablaba, y me encanta haberlo vivido al menos, soy afortunada por poder haberla mirado. También esas frases que me vuelvo loca de pensar que las dijiste y no supe reaccionar como es debido:
C: ¿Qué has hecho este fin de semana?
T: Pensar en ti
___
T: Te odio.
C: Yo te quiero poco.
T: Ya lo sé. Por eso te odio
___

Y pensar que esta última frase vino acompañada de aquella mirada que tanto añoro, de una sonrisa tuya y otra mía y de tus manos agarrando mi cintura es lo que probablemente me desconcierta. ¿Como pudimos vivir eso y no darnos cuenta? No sabes todo lo que daría por vivir eso, ni si quiera sabes todo lo que he dado por vivir más momentos a tu lado. Conseguí que quisieras llamarme, que quisieras estar conmigo, que quisieras besarme, que te alegrara verme. Pero no he conseguido aún un te quiero de tu boca y recuperar aquellas tardes y noches con esas miradas. ¿Cómo puedo conseguir tanto y tan poco a la vez? ¿Como puedo tenerte físicamente y saber que no eres mío? Quiero tenerte y saber que eres mío, quiero que tú quieras tenerme contigo.
Te necesito, porque te quiero. Te quiero, porque te necesito. Y porque no me imagino mi vida sin ti, porque ya no recuerdo lo que es vivir sin estar enamorada. Cada mañana cuando me levanto pienso en ti, cuando me voy a dormir recuerdo momentos especiales contigo para poder conciliar el sueño, y entre la noche y la mañana sueño despierta con poder estar contigo. Me imagino mi vida contigo, porque sé que podría hacerte la persona más feliz del mundo. No tendría reparo en dartelo todo. Ningún plan sería más importante que estar contigo, no permitiría que nadie se interpusiera entre nosotros, te dedicaría la mejor de las sonrisas cada día y, solo con estar contigo, sería la persona más feliz del mundo.
Me hace gracia que mucha gente me dice: "tengo unas ganas de que T te diga de una vez que te quiere". Y yo suelo contestar: "¿y porqué iba T a decirme que me quiere, si no es así?". Es que el problema no es que no me diga que me quiere, ¡el problema es que no me quiere! Tal vez algún día pensó en mi, pero por un motivo que probablemente tenga nombre propio, eso dejó de ser así y ni de mil maneras he conseguido recuperar esa mirada, esos momentos. Eso que ahora son recuerdos y en su momento eran sensaciones.
¿Sabes qué? Que otra vez estoy llorando como una idiota. Y no tiene gracia, porque me acabo de poner eyeliner y se me están quedando los ojos negros. Se me están quedando así solo porque pienso en ti, porque sé que te quiero y me duele no poderlo cambiar, pero porque sobretodo me duele que tú no me quieras y que no sé si algún día lo harás. Si supieras cuanto me asusta pensar que va a hacer un año que te quiero y que aún no te tengo.. ¡Me asusta muchísimo! Me asusta porque si en un año no he conseguido tenerte, ni tampoco olvidarte o quererte algo menos, ¿por qué voy a conseguirlo en otro año?
Te quiero tanto que me sorprendo incluso yo misma, pienso tanto en ti que mis amigos están hartos de oir tu nombre, te recuerdo tanto que nuestros momentos me parecen un sueño. Y no sé qué hacer con tantos textos, recuerdos y sentimientos, porque si no me atrevo a completar las tres letras que le faltan a esa T que tanto escribo y acompañarlas de un te quiero en frente tuyo, no conseguiré nada nunca.
Pero es que no me atrevo, porque lo último que querría oir en la vida sería la palabra "no" saliendo de tu boca. De la boca de mi "T", mi "T" que no es mío, aunque lo sea en sentimiento.
En fin... no vale la pena seguir escribiendo, porque el eyeliner y el rimel ya me llegan a las mejillas.
Siempre te querré, T.
(Escrito el 24/11/2007 .
A día de hoy puedo decir que aquel "siempre", no duró para siempre.)
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Mírame. Te prometo la sonrisa más sincera.

lunes, 10 de mayo de 2010 by Carmen Porcel

¿Es la necesidad lo que me lleva a amarte, o es el amor lo que me lleva a necesitarte? No lo sé, pero al preguntarme esto y escucha "Si pudiera tenerte" me caen solas las lágrimas, sin más. Y es que últimamente me dedico mucho a pensar, a reflexionar y a recordar. Y es en esta última fase donde me doy cuenta de que te necesito. Verás, hubo un día en que tú y yo estabamos tumbados en la cama que a mi izquierda tengo en este instante y me miraste de una forma en que nadie me ha mirado. Tanto es así, que nos quedamos dos horas abrazados mirándonos sin hacer nada más que eso. Esa mirada se repitió aquella tarde del "es mi novia, ¿verdad que sí?". Y creo recordar que desde que ·alguien· se metió en medio, nunca me has vuelto a mirar así. Y sí, puede que haya pasado algo entre nosotros pero te juro que esa mirada no la cambio ni si quiera por tus propios besos. Esa mirada fue la culpable de que todavía hoy estos ojos que te miraron embobados lloren al pensar que esa mirada se va a alejando cada día más y no te tengo, y no me miras. Y es que te juro que esa mirada me enamoró. Esa mirada que me demostró que te importaba, esa mirada que en silencio me dijo "te quiero", esa mirada que me recordó lo que es la felicidad como si fuesemos dos niños, esa mirada que necesito y que hasta que no me vuelvas a mirar, pero de ese modo, no podré decir que soy feliz. Esa mirada que lo es todo.
Es una tontería para muchos. Es fácil pensar que soy cursi por escribir esto, aunque sinceramente poco me importa a estas alturas lo que nadie piense por escribir de mil maneras lo mucho que te necesito. Y dudo que la mayoría alcancen a comprender el daño que hace esa mirada en mi cabeza, ese recuerdo que .. que me hace parar mientras escribo para secar las lágrimas que me caen porque tú no estás aquí. Porque no estás desde hace mucho tiempo y no te logro olvidar, posiblemente porque siempre que lo intenté en el fondo no quería. Porque realmente ¿para qué querer olvidar la cosa más bonita que te ha pasado jamás? Eso es para mi aquella mirada. No tu mirada en sí, sino AQUELLA mirada que me hacía sentir especial.
Mirame. A ver, quédate un rato así. Sigue mirandome. Ahora, ¡quiéreme! Sí... esa es la mirada que quería ver. Quedate mirandome el resto de mi vida, y diré que soy feliz, te lo prometo.
(Escrito a 23/11/2007).
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Dudas.

domingo, 9 de mayo de 2010 by Carmen Porcel
Paso el día pensando en ti y creyéndome que te quiero, pero cuando de verdad lo pienso no lo tengo claro. ¿Te quiero? ¿No te quiero? ¿Qué es lo que quiero? Si ni si quiera yo lo sé ¿cómo van a saberlo otros? Cada momento pienso una cosa, y en todas te incluyo pero de diferente manera, y me tengo que aclarar porque hasta que yo no sepa lo que quiero tú no podrás entenderlo. ¿Cómo explicar algo que esta dentro de mí si no lo encuentro? Hay una respuesta a todo esto y sólo yo la tengo, está en mi interior y debo buscarla haciéndome otras mil preguntas, pero no la encuentro.
Si te digo la verdad, me encanta fantasear con un posible tiempo ideal en el que tú y yo estemos juntos, en el que tú vengas a buscarme a clase, me digas que me quieres y nos veamos bastante más de lo que nos vemos ahora. Un tiempo en el que en lugar de encontrarnos de fiesta, nos vayamos juntos y pasemos toda la noche el uno con el otro, y al día siguiente nos durmamos por la mañana y nos despertemos a mediodía mirándonos a los ojos. Me encanta imaginarme diciéndote te quiero, y sin embargo, no sé si eso es del todo cierto. No sé si realmente te quiero o si es todo fruto de mi mente de adolescente sobrehormonada, y no sé si tiene que ver con la primavera, que igual que llega se va y no da explicaciones de nada.
Ahora mismo pienso: “sí, le quiero, quiero estar a su lado y ojalá le tuviera a mi vera en este preciso instante en lugar de estar escribiendo parrafadas.” Pero luego pienso que no quiero perder lo que ahora tenemos, porque en el fondo también me gusta nuestra extraña relación que tantos envidian precisamente por su peculiaridad. Y ahí es donde surge mi duda, debo darle prioridad al sentimiento de querer tenerte a mi lado en este instante o a la continuación de algo que nunca ha dado problemas, y sé que la primera opción podría complicarlo todo, pero aún así tengo tantas dudas… No sé si releyendo este texto una y otra vez en cuanto lo haya publicado resolveré alguna, pero sé que antes o después ocurrirá algo que determine un futuro plural: nuestro futuro. O bien me olvidaré de todo esto con el paso del tiempo o bien se me escapará cuando te vea un ligero te quiero, y al fin y al cabo, sólo hay que esperar.
Que pase lo que tenga que pasar.
(Escrito en marzo de 2008).
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Paseando por tus pasillos.

sábado, 8 de mayo de 2010 by Carmen Porcel

A heart in the walk.
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Te conocí hace mucho tiempo, aunque parezca que fue ayer. Pronto me llamó la atención tu incapacidad para enamorarte. Tampoco tardé mucho más en vislumbrar tu miedo al amor, que más que miedo, a día de hoy sé que es pánico. Siempre he pensado que soy un ser hecho para el amor, aunque cuando te miro, veo en mí también a un ser ligeramente aterrado. Soy perfectamente capaz de comprender tu pánico. Sin embargo, sé que eres un ser hecho para amar. Probablemente un ser aterrado por el amor es el que mejor conoce la inmensidad de esta palabra. La valora, sabe lo que implica, sabe que hay un durante y un después, y aunque teóricamente yo siempre afirmaría que cualquier persona enamorada debería arriesgarse sin pensar en un después, a veces el ser conocedor de la inmensidad de la palabra amor, hace que por mucho que ames, temas el “después”. Es bonito pensar que no habrá un después, pero ¿y si lo hay? Sigo afirmando que siempre es mejor arriesgarse, pero no por ello dejo de comprender que a veces somos incapaces de arriesgarnos.
Nos ciega el propio amor, el pensar que si hay un después, será el comienzo de los días sin alguien, y los días sin esa persona nos aterran mucho más que el propio riesgo de enamorarse. No obstante, es incontrolable. Por mucho miedo que tengamos caemos una y otra vez, pero intentamos frenarlo. Si tienes miedo, simplemente miedo, es posible que alguna vez (muy particular) no consigas frenar tus impulsos de amar y caigas, pero si en vez de miedo tienes pánico, es posible que no te dejes caer nunca. Un “nunca” muy relativo, porque a veces el sentimiento se apoderará de la razón mal que nos pese, y si el sentimiento se apodera de la razón, todo lo que un día frenamos, se olvidará de pronto. Lo daremos todo, lo daremos rápido, lo daremos a lo grande. Haremos de la inmensidad de la palabra amor una profundidad aún más inmensa si cabe. Y si no recibimos lo mismo, aguantaremos de pie, intentando no caer en la profundidad de la enorme caída que nos espera por haber creado tanta inmensidad alrededor de la palabra amor, pero si no recibimos lo mismo, por mucho que soportemos, acabarán dejándonos caer. Y caeremos, cada vez con más miedo a enamorarse.
Yo un día comprendí que no hay que dejar vencer al miedo sin más, hay que tratar de ganarle las batallas. Empatizo contigo. Puedo meterme en los pasillos de tu mente sin perderme, meterme en esos pasillos en los que tú mismo te pierdes, esos que te parece que por más que los camines una y otra vez, siempre han cambiado. Pero puedo caminar por ellos sin pérdida alguna por más que cambien. Ahora sólo me gustaría introducir en ellos el valor para amar, y así saber si no nos arriesgamos juntos por miedo o por indiferencia.
(Escrito a 05/04/2010)
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Volvería a caer.

jueves, 6 de mayo de 2010 by Carmen Porcel
- ¿Volverías con él?
- Caería en sus brazos una y otra vez – dije yo.
- ¿Pero por qué, si tanto dices de él?
- Porque él puede ser muchas cosas, pero al fin y al cabo fue la primera persona que me hizo feliz. Además, fue la persona que más daño me ha hecho nunca, porque cuando me despreciaba, me hacía daño. Cuando me borró de su vida rápidamente, me hacía daño. Cuando nos encontrábamos y era un momento tenso, me hacía daño ver que ya no éramos nada. Pero me ha enseñado dos lecciones: cómo causar el mayor dolor a alguien y como hacer a alguien tan feliz que su vida cobre sentido por una sola persona, y de esas dos lecciones, me quedo con la segunda. Todo el daño que me ha hecho sería capaz de borrarlo igual de rápido que él me borró a mí de su vida, porque me compensaría el poder empezar de nuevo y ser feliz, y es más, intentaría hacerle la persona más feliz del mundo mejorando todos los errores que en su día cometí. Porque por mucho daño que me haya hecho, me quiso y le quise, y desde el minuto en que empezaron mis días sin él, no ha habido uno sólo que no le haya echado de menos.
(Escrito por mí en febrero de 2010).


Mis días sin ti son tan absurdos, tan agrios, tan duros, mis días sin ti. Mis días sin ti no tienen noches, si alguna aparece es inútil dormir. Tan faltos de aire, tan llenos de nada, buscando en las caras de ancianos pedazos de niño, mordiendo mis uñas, ahogándome en llanto, extrañandote tanto. Mis días sin ti. (Shakira).

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Las miradas.

miércoles, 5 de mayo de 2010 by Carmen Porcel

El silencio es capaz de decir muchas más cosas que las palabras, y a su vez capaz de esconder muchos más misterios. Una mirada silenciosa intenta decirme algo. Sé que ese silencio habla, sé que dice algo, pero a su vez es un silencio que no dice nada, sino que lo esconde. Mi mirada silenciosa no habla, grita. Casi aúlla desesperadamente que tu mirada silenciosa le persiga para decir lo que desea oír. Tu mirada silenciosa me dice tantas cosas. A veces me susurra cosas bonitas, a veces me transmite complicidad. Nunca me ha dicho nada malo, pero me hace daño. Me hace daño el misterio que esconde, el misterio que mi mirada pide a gritos revelar. A veces nuestro cuerpo reposa horizontal y nuestras miradas se vuelven verticales. Se cruzan y se dicen cosas que no son capaces de emitir con sonido, las manos se suman al juego y tratan de hablar también. El alma se enciende por dentro y aviva una llama que nunca nos llega a quemar. Se dejan llevar las miradas, las manos, el alma, y parece que va a ser eterno. Mi mirada te grita que quiere que sea eterno, mis manos vacilan y producen un ligero vaivén de caricias en tu nuca que dice que tengo miedo. Miedo a este silencio, miedo a que se acabe. Y de pronto abrimos la boca y fingimos que las miradas nunca hablaron, pero mi mirada sigue deseando que algún día le demos voz. Mi boca puede mentir, mis gestos a veces, pero mi mirada nunca. Tan solo se trata de que te aprendas el mapa que te guía a través de mi mirada, que trata de descifrar el código que esconde la tuya. Hasta hoy sólo ha descubierto que nunca es fría tu mirada en mi presencia. A veces da el calor de una manta que arropa en invierno, es una mirada tierna. Otras veces se calienta hasta hacer saltar chispas, quizás una mirada apasionada o quizás una mirada lujuriosa. Y a veces es tibia, y me pierdo en el laberinto de tus ojos que me quieren decir algo y de repente callan, que me quieren decir algo y necesito a tu boca para hacer penetrar la voz de tu mirada a través de mis oídos.
(Escrito a 28/04/2010).
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¿Es tan corto el amor y es tan largo el olvido?

lunes, 3 de mayo de 2010 by Carmen Porcel

Dije mil veces: le he olvidado, y fue tan falso que ni yo me lo creía. Pero hace ya unos meses llegó otra vez el momento en que dije "le he olvidado" y la rabia e incluso el odio surgieron de mi interior. Y lo que siento, siempre me lo creo, porque no hay nada más cierto que los propios sentimientos. Eso sí, no hay tampoco nada más confuso.
Si un sentimiento es cierto de por sí, más cierto es el amor cuando es verdadero, pues es, sin lugar a dudas el rey de los sentimientos. ¿Es eterno el amor verdadero, pues? Si es cierto, no debería haber obstáculo ni distancia ni tiempo ni circunstancia que pudiera con él ¿no? O al menos eso nos han enseñado desde pequeños... ¿Se puede, pues, olvidar un amor si es verdadero? Y si le olvidas, ¿significa que nunca estuviste enamorado?
Pues bien, aquí surgen mis dudas. Me preguntan: "¿y estás segura de que esta vez sí le has olvidado?" Y yo digo que sí, porque quiero creerlo, pues esta vez surgió rabia, cosa que antes no pasó; mas no está tan claro en mi interior porque me niego a creer que todo lo que quise a esa persona no era cierto.
Puede que diga que ya no le quiero, pero tengo claro que no he querido a nadie más que a él en toda mi vida, y que lo que sentí, algo tan grande e inexplicable, sólo podía deberse a una locura. ¿Y conocéis mayor locura que el propio amor si es cierto? Le quise. Y si ahora volviera, pero volviera tal y como el día en que le conocí, probablemente volvería a enamorarme. ¿O significa eso que nunca le habría olvidado? ¿Significaría, pues, que nunca le olvidaré?
En muchas cosas opino igual que Pablo Neruda, pero en esta, ahora mismo, no opino sino que siento lo mismo que aquel poeta: "ya no le quiero, es cierto, pero tal vez le quiero..."
(Escrito en abril de 2008).
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Nuestra realidad me saludó hace poco.

domingo, 2 de mayo de 2010 by Carmen Porcel

Broken heart
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Miro las fotos de los buenos tiempos y veo la felicidad dibujada en nuestros rostros. Una felicidad que va más allá de las sonrisas fingidas en una foto cualquiera, una felicidad que se puede oler y tocar con sólo mirar nuestro gesto. Una felicidad, que tan pronto como vino se fue. Entre el venir y el irse hubo muchos momentos, ¿pero qué son hoy esos momentos, si ya se fueron? Nuestros momentos han quedado reducidos a nada, momentos que algún día daban el sentido a todo.
Me encuentro cara a cara con mi verdad y me doy cuenta de que ahora me duele tanto como no dolió en su día. En un minuto la verdad se convierte en algo físico, y ese minuto duele mucho más que los meses de pensar en nuestra verdad. De pronto parece que todo fue tiempo perdido, y entonces parecía que le había ganado todas las batallas al tiempo.
Me gustaría tanto reencontrarme con lo que hubo entre el ir y venir de mi felicidad… Me encantaría volver a dibujar en mi rostro esa felicidad, pero no merece la pena llorar por algo que jamás tendrás. Nuestros momentos son tentadores, pero también terriblemente aterradores.
Y me asusta reencontrarme con un momento de felicidad en mi rostro, porque pienso que luego se irá. ¿La felicidad es algo instantáneo? Hoy parece que sí, pero quizás algún día se me quite ese miedo y sin darme cuenta sea feliz por mucho, mucho tiempo.
Eso es lo que me duele de ti y de mí, me duele que hayas tenido que ser tú, que dibujaste la felicidad en mi gesto, quien me muestre que la felicidad tan pronto como viene, se puede largar.
Y como alguien dijo sabiamente un día: ya no te quiero, es cierto, pero cuánto te quise. Porque en noches como esta te tuve entre mis brazos, nunca estaré contenta con haberte perdido, aunque este sea el último dolor que me causes, y tal vez sea este el último texto que te escribo.
(Escrito en octubre de 2009).
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