No suelo escribir aquí para decir algo tan breve, pero quizás necesito retarme a verlo escrito.
Te quiero.
Tal vez.
Tal vez te quiera... más de lo que quiero.
No suelo escribir aquí para decir algo tan breve, pero quizás necesito retarme a verlo escrito.
Te quiero.
Tal vez.
Tal vez te quiera... más de lo que quiero.
Me da igual si eres un filósofo de prestigio, doctor Honoris Causa o el mejor de los cardiólogos, porque en asuntos del corazón no importa lo listo que seas, el talento que tengas o lo avispado que estés. No importa cuanto hayas reflexionado sobre las cosas o cuanto hayas analizado los comportamientos humanos. Me da lo mismo que tu coeficiente intelectual sea superior a la media. Existe una cosa, una sola en el mundo, que nunca entenderás por muy listo que seas si no recorre tu sangre de pies a cabeza, si no la vives en tu piel y no la sientes en tus huesos: el amor. Y me dirás que cuantísimos filósofos han hablado ya de ello, que si me creo novedosa u original por hablar de ello. Y te diré que no, que no me creo nada ni pretendo ser más ni menos que la que te enseñe que ni yo ni nadie podrá enseñarte lo que es el amor hasta que lo vivas. Que me da igual si alguien cree que sí. Que me es indiferente si crees que podrás leerlo en los libros o verlo en las películas de Hollywood, que te lo enseñarán en el colegio o que analizando “El Banquete” de Platón hallarás todas las respuestas. Porque no hallarás ni una. Porque jamás conocerás lo que es el amor si no lo vives, y jamás conseguirás amar sin errar. Te equivocarás, caerás, te levantarás y volverás a tropezar, sufriendo en cada poro de tu piel pero degustando ese dolor como si fuera el más exquisito de los sabores. Y sentirás cosas tan idílicas que creerás que eres pariente de Walt Disney, que hasta te parecerá irreal lo que estás viviendo de pensar que pueda existir algo tan maravilloso. Porque algún día entenderás que amar es algo mucho más grande que pisar la Luna, que inventar Microsoft y que presidir una potencia mundial, y que por más que investigues, no encontrarás la respuesta a lo que es el amor si no lo vives. Y no encontrarás el manual de instrucciones si no te equivocas primero. El único camino que existe hacia el conocimiento absoluto del amor (el único conocimiento verdaderamente útil, valioso y atemporal, por cierto) es la experiencia que supone estar enamorado, aunque después no seas capaz de plasmarlo con palabras para que otros lo entiendan. Si lo vives, sabrás que ya estás graduado en esa materia. Que ya lo has vivido, que sabes qué es el amor. Porque lo decía aquel soneto: “quien lo probó, lo sabe.”
No sé, cariño, si alguna vez me echas de menos.
Si alguna vez te acuerdas, aunque sea un poco, de mis besos.
No sé si tú encuentras lo mismo cuando paseas por tus recuerdos.
Ni tampoco sé, si no lo encuentras, cuánta culpa tengo en eso.
Hay cosas que nunca lograré entender;
otras que nunca podré olvidar
y algunas que no quiero admitir, como que de vez en cuando
yo sí, te echo de menos.
Y que me duele que una historia dulce sea agridulce
por ese puto uno por ciento de amargura que supuso su final.
Que no te quiero (ya no).
Que no te recuerdo (desde hace un tiempo).
Pero que a veces, de cuando en cuando, nos echo de menos.