Abreviando.

jueves, 14 de octubre de 2010 by Carmen Porcel

No suelo escribir aquí para decir algo tan breve, pero quizás necesito retarme a verlo escrito.

Te quiero.

Tal vez.

Tal vez te quiera... más de lo que quiero.

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Con derecho y sin derecho...

domingo, 3 de octubre de 2010 by Carmen Porcel
Me gustaría poder expresar lo que pasa por mi cabeza con palabras y de hecho eso estoy intentando con éstas que lees. Me gustaría poder comprender por qué el ser humano es el único que tropieza dos veces con la misma piedra, por qué me he tropezado, me he hecho daño, he puesto todo mi empeño en levantarme y, cuando por fin había dejado atrás aquel bache, he vuelto atrás para tomar otra vez el mismo camino y tropezar con la misma piedra. Y ya sé que algo que no salió bien una vez, no tiene por qué salir mal la segunda, pero mi conciencia me atormenta al recordarme que igual que un día salió mal, puede salir igual o peor dos veces. Y tres... En cuestión de seres humanos, no sirve la probabilidad exacta.
Y si un día dije a alguien que si se conocía el mapa de mi alma, ¿cómo no veía que había un mundo detrás de mi mirada? Hoy repito mis palabras, sí, pero no el destinatario. Y caigo de nuevo, y dudo otra vez, y si un día dudé, hoy dudo por dos. Dudo por el miedo a lo que va a venir y por el miedo a repetir lo que ya vino. Y tantas dudas tengo que ya no sé si dudo o lo tengo todo claro: que un día aprendí que el destino no pregunta antes de actuar, que de pronto pasa el tiempo y has dejado las cosas pasar o marchar, sin poder volver atrás, y sin haber tenido tiempo de pensar antes de reaccionar impetuosamente porque así te lo pedía algo mucho más grande que cualquier duda, que cualquier pequeña puya que pueda lanzarte tu conciencia.
Ya aposté una vez por esto pensando que quien no arriesga no gana y cuando creía haberme hecho con todos los ases de la partida, una mala jugada me desarmó recordándome que quien no arriesga no gana, pero quien no arriesga no pierde. ¿Apuesto de nuevo? Siempre me han gustado demasiado los juegos... y a todos nos gusta ganar. Y arriesgar.
Amigos con derecho y sin derecho de tenerte siempre.
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No existe el camino fácil.

viernes, 1 de octubre de 2010 by Carmen Porcel

Me da igual si eres un filósofo de prestigio, doctor Honoris Causa o el mejor de los cardiólogos, porque en asuntos del corazón no importa lo listo que seas, el talento que tengas o lo avispado que estés. No importa cuanto hayas reflexionado sobre las cosas o cuanto hayas analizado los comportamientos humanos. Me da lo mismo que tu coeficiente intelectual sea superior a la media. Existe una cosa, una sola en el mundo, que nunca entenderás por muy listo que seas si no recorre tu sangre de pies a cabeza, si no la vives en tu piel y no la sientes en tus huesos: el amor. Y me dirás que cuantísimos filósofos han hablado ya de ello, que si me creo novedosa u original por hablar de ello. Y te diré que no, que no me creo nada ni pretendo ser más ni menos que la que te enseñe que ni yo ni nadie podrá enseñarte lo que es el amor hasta que lo vivas. Que me da igual si alguien cree que sí. Que me es indiferente si crees que podrás leerlo en los libros o verlo en las películas de Hollywood, que te lo enseñarán en el colegio o que analizando “El Banquete” de Platón hallarás todas las respuestas. Porque no hallarás ni una. Porque jamás conocerás lo que es el amor si no lo vives, y jamás conseguirás amar sin errar. Te equivocarás, caerás, te levantarás y volverás a tropezar, sufriendo en cada poro de tu piel pero degustando ese dolor como si fuera el más exquisito de los sabores. Y sentirás cosas tan idílicas que creerás que eres pariente de Walt Disney, que hasta te parecerá irreal lo que estás viviendo de pensar que pueda existir algo tan maravilloso. Porque algún día entenderás que amar es algo mucho más grande que pisar la Luna, que inventar Microsoft y que presidir una potencia mundial, y que por más que investigues, no encontrarás la respuesta a lo que es el amor si no lo vives. Y no encontrarás el manual de instrucciones si no te equivocas primero. El único camino que existe hacia el conocimiento absoluto del amor (el único conocimiento verdaderamente útil, valioso y atemporal, por cierto) es la experiencia que supone estar enamorado, aunque después no seas capaz de plasmarlo con palabras para que otros lo entiendan. Si lo vives, sabrás que ya estás graduado en esa materia. Que ya lo has vivido, que sabes qué es el amor. Porque lo decía aquel soneto: “quien lo probó, lo sabe.”

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A veces.

miércoles, 15 de septiembre de 2010 by Carmen Porcel

No sé, cariño, si alguna vez me echas de menos.
Si alguna vez te acuerdas, aunque sea un poco, de mis besos.
No sé si tú encuentras lo mismo cuando paseas por tus recuerdos.
Ni tampoco sé, si no lo encuentras, cuánta culpa tengo en eso.
Hay cosas que nunca lograré entender;
otras que nunca podré olvidar
y algunas que no quiero admitir, como que de vez en cuando
yo sí, te echo de menos.
Y que me duele que una historia dulce sea agridulce
por ese puto uno por ciento de amargura que supuso su final.
Que no te quiero (ya no).
Que no te recuerdo (desde hace un tiempo).
Pero que a veces, de cuando en cuando, nos echo de menos.

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Éste es el desafío.

martes, 14 de septiembre de 2010 by Carmen Porcel
¿Habéis visto lo que he visto? ¿Habéis estado donde yo? ¿Habéis roto con lo previsto? ¿Habéis sangrado por amor? ¿Habéis tentado a la suerte? ¿Habéis jugado al ajedrez contra la muerte y aguantado hasta quedar inconscientes?
La experiencia es mi maestra, yo fui su mejor discípula: nunca dejé en blanco capítulos. Voy combatiendo monstruos, batalla humana y urbana, porque el 091 puede ser el 666. Es mi batalla en la que caigo y me levanto. Dicen que ando del revés y aquí me ves, con la cabeza bien alta y el mundo bajo mis pies.
Sin dejar que me entre polvo en la nariz voy a por todas, viviendo cada segundo como un momento Kodak. Nadie me puso alas pero aprendí a volar, no detuve vuestras balas pero aprendí a esquivar. Me quisisteis evitar y eliminar, dejarme solo, como un náufrago perdido en la inmensidad del mar.
El don es mío. El tiempo es mío. El reto es mío. El juego es mío. El mundo es mío, está en mi mano. Yo, vi la belleza en las cabezas de las bestias y sentí la tristeza entre las luces mas intensas. Yo me encontré con la muerte y la besé, viajé a través del universo y ya regresé.
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