Me apetece decirle al mundo que estoy enamorada de ti. Que me he perdido en tus miradas, que me he distraído viéndote ser tú mismo, reír, bailar, gritar. Que te he tenido a menos de un centímetro de mi cara y me ha apetecido besarte. No, besarte no. Darte el beso más sincero, lento y eterno del mundo. Dar la vida con él y no pedirla de vuelta. Que el mundo se paralizase en ese beso. Que he soñado mil y una veces con callarte la boca con besos como ese. Que me han temblado las piernas al recibir tus abrazos. Que cuando te oigo decir mi nombre, se me olvida hasta respirar. Que cuando me llamas, no hay obstáculo que no pueda sortear para aparecer hace cinco segundos de cuando me reclamaste. Que ya no imagino una vida en la que no existas tú. Que me encanta escucharte pedir perdón cuando me hieres, y que no quiero tener que disculparme contigo ni una sola vez. Que lo que más siento es alivio cuando veo que aún pones una vez más esa carita que dice “sé mía”. Que no sé decirte que no, aunque sí hacerme la dura. Me apetece contarle al mundo tantas cosas que nunca te diría, que me está consumiendo la espera por volver a sentir correr la electricidad por todos los órganos de mi cuerpo la próxima vez que te vea.
Tenía que decirlo y que callarlo.
miércoles, 12 de enero de 2011
by Carmen Porcel
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