“y comernos el mundo, vaya ilusos... y volver a casa en año nuevo. pero todo acabó y lo de menos es buscar una forma de entenderlo”.
La pura casualidad me la jugó haciendo sonar esta canción el autobús que me llevaba de vuelta a casa en año nuevo. “Cuando suba la marea”, se llama, y yo andaba mirando el mar que dejaba atrás con ese bus mientras se clavaron esas frases en mi cabeza. Maldita sea, lo que nos cuesta creer a veces que las canciones no las hacen a medida para nosotros. Fue entonces cuando me di cuenta de que todo acabó y, después de entender porqué, me di cuenta de que encontrar un porqué no siempre es sinónimo de hallar un alivio. Aún entendiendo que solo había dado fin a algo que debería haber terminado hace mucho tiempo, comprendiendo que me estaba atando a una imagen de ti que no se correspondía a la realidad –o mejor dicho, a la actualidad–, el punzón afilado seguía haciendo de las suyas dentro de mí. Hallado el porqué, buscas la solución y ves que todo acabó, y la solución es olvidar. Lo más triste es que olvidar siempre me ha parecido una tarea extremadamente difícil y esta vez siento que me lo has puesto tan fácil que hasta molesta. Me siento culpable de admitir que esto es un punto y final; me siento aliviada de poner por fin ese punto. En cualquier caso, me remito al inicio: todo acabó y lo de menos es buscar una forma de entenderlo.
Punto final.
miércoles, 2 de enero de 2013
by Carmen Porcel
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