Escribir.

sábado, 12 de julio de 2014 by Carmen Porcel
Lo malo de los que escribimos es que podemos bucear en nuestra memoria incluso recordando aquello que ya habíamos olvidado, porque lo dejamos escrito.
A veces, cuando estás en calma, de pronto empiezas a revivir capítulos cerrados y te das cuenta de que contienen más carga emocional de la que puedes soportar en plena quietud.
Lo malo de escribir es cuando se hace con el alma y se deja uno la vida en letras, porque el pasado se hace presente para siempre y puedes rescatar cuando quieras lo que te hacen sentir las historias, pero duele demasiado comprobar que se quedaron en eso: historias.
La solución existe: tirar de tus adentros y empujarte con esfuerzo a la asunción de que todavía tienes suerte, o alguna vez la tuviste, por vivir esas historias. Y lo bueno de escribir es que lo haces mejor cuando estás completamente roto, así que a veces recordar lo hondo de tus pozos te hace sentir alivio por haber salido de ellos.
Escribir es una condena para los que volcamos el alma en textos sin poder remediarlo, pero nuestra condena es nuestro único alivio.

Una vez escuché que las chicas buenas llevan diarios, pero es mejor tener una vida que recordar aunque no la escribas. Y es verdad. Pero más verdad es que hay emociones que merece la pena revivir más que las historias que podamos recordar.
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