No les dejo porque ni siquiera estoy en casa. Me acuerdo de ti en cualquier momento, en cualquier lugar. No quiero olvidarte -y sé que no lo haré-, pero a una parte de mí le gustaría que no me invadieras de esta forma tan repentina. Me invade tu recuerdo constantemente. Ni un solo día desde que te fuiste he podido dejar de pensar en ti.
A veces pienso que se me está partiendo el alma. No sé por qué, pero esa expresión exacta es la que me viene a la mente al pensar cómo me siento. En realidad es un sentimiento amargo, una forma negra de partirse el alma. A la vez pienso en ti y en cómo me animabas a sacar el lado bueno de todo, e increíblemente se me ocurre la forma de verle el lado bueno a partirse el alma. Lo contaré de la misma forma en que, probablemente, lo harías tú: con una historia (pero nadie como tú para contar anécdotas e hilarlas con lo que querías decir).
El malo de Harry Potter, Voldemort, dividió su alma en siete partes para hacerse inmortal y la escondió en objetos, lugares y personas. En su caso tenía, obviamente, una intención de lo más oscura. En cambio, yo esta vez quiero pensar que si siento que se me parte el alma es porque un pedazo de mí se ha ido contigo y otro ha entrado en mi alma para hacerte inmortal en mi memoria. Y de la ciencia ficción me paso a una canción: “un amor que es inmortal, que supera las barreras de la lógica y la física”. Así es el nuestro.Por suerte, no me puedo arrepentir de no habértelo dicho. Nos profesamos amor mutuo tanto tiempo como la vida nos permitió coexistir y ese es mi mayor consuelo. Ese tiempo ha llegado a su fin, pero nuestro amor será eterno. El más auténtico. Ahora solo me queda buscar la forma de seguir hacia adelante como a ti te gustaría, sin poder recurrir esta vez a tus siempre sabios consejos y a tu incondicional apoyo.
Saldré adelante, te lo prometí. Te quiero. Para siempre.

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