Tenía que decirlo y que callarlo.
Fantasmas del pasado.
éramos todos muy felices.
vivíamos en una nube, sí,
pero a quién le importaba?
me pregunto qué habrá sido
de los sueños que me contabas
cuando pasábamos las mañanas enteras
tumbados en tu cama,
en medio de una habitación casi vacía,
a cuatro pisos del resto del universo.
tenías tantos planes, tantas cosas por hacer,
y ponías tanto empeño en conseguirlo...
sí, seguramente fue eso lo que me enamoró de ti,
la envidia que me daba verte planear
el resto de tus días con tanta seguridad.
yo, por aquel entonces, gastaba poco de sueños
y mucho de carpe diem,
que mañana ya llegaría,
y eso seguramente es lo que te gustó de mí,
¿verdad?
un poco de sueños y un poco de disfrutar el momento,
era una buena combinación, para que engañarnos.
conversaciones absurdas sobre cosas trascendentes,
diálogos serios sobre banalidades cotidianas o soñadas.
era genial retozarse en un mundo inventado
desde la siete de la mañana hasta las siete de la tarde
o hablar por teléfono de quién sabe qué
durante horas.
tengo que decirte que algunos de los que nos vieron ser nosotros,
hoy ya no son lo que eran.
algunos no se reconocen,
seguro que sabes a quién me refiero...
y otros siguen exactamente iguales,
lo cuál es genial según el caso
y absolutamente desastroso en otros casos.
si tú sigues siendo el mismo, seguro que estarás de acuerdo.
aunque no sé si tú eres el que conocí o no,
porque lo último que supe es que habías abandonado el camino
hacia todos los planes que me contabas que eran tus sueños.
si sólo has cambiado de sueños,
será genial saber que eres el mismo,
pero si abandonaste tus sueños por facilidades,
no creo que quiera escucharte.
¿y yo? ¿que si soy la misma?
yo sigo siendo la misma pero con mejores hábitos.
te invito a descubrir cómo puedo seguir haciendo
que sueñe todo aquel que se ponga a mi vera,
cómo puedo motivar a quien quiera
a ponerse a correr hasta sus metas
y te invito a sorprenderte al ver
que yo ahora también fabrico sueños
y también lucho por ellos,
pero mantengo mi esencia de disfrutar cada segundo de la vida.
eso no lo perderé nunca,
yo no me perderé nunca a mi misma.
¿y tú? ¿quién eres hoy?
estaría encantada de volver a conocerte.
Quema.
créete que puedes evitarlo,
que puedes tocar el fuego
sin quemarte,
que puedes tirarte a la piscina
sin mojarte,
que puedes comer chocolate
sin engordar.
miéntete,
y piensa que hagas lo que hagas,
no pasa nada si nadie se entera,
que el silencio mata lo que esconde,
y que todo está en tu mano.
Miéntete,
y miente a los demás.
Hazlo y sabrás que el silencio
no mata nada, sólo lo oculta,
lo atrapa en algún agujero pequeño
y cuando crece y no cabe,
te oprime el rincón izquierdo de tu pecho,
te nubla los pensamientos al explotar,
te esconde a ti también tras lo que callas.
No importa si llegaste a convencerte
de que las llamas no te quemarían
al lanzarte al fuego más ardiente,
lo cierto es que, igualmente, te duele.
Condiciones para hacer una promesa.
CUANDO no te acuerdes de quién eres,
cuando no sepas cuál es el siguiente paso,
cuando no quieras recordar más
o cuando te duelan los recuerdos,
cuando el mundo se te caiga encima,
cuando te hayan hecho daño,
cuando tú solito te hayas hecho daño,
cuando todo se vuelva negro
y cuando parece que nada te va bien,
cuando todo eso pase, yo seguiré aquí.
te dejaré venir a mí siempre que lo necesites,
es más, te exigiré que acudas a mí si lo necesitas,
pero, sin embargo, lamento decirte que
tendré que ponerte una condición:
VEN a mí cuando todo vaya bien,
cuando los días sean soleados,
cuando quieras ir al fin del mundo,
cuando parezca que todos sonríen a tu paso,
cuando la vida te regale momentos de felicidad,
cuando quieras reír,
cuando te levantes con el pie derecho
y cuando te levantes con ganas de comerte el mundo.
PROMETO compartir todos esos momentos contigo,
prometo endulzar también las partes más amargas,
prometo matar a la lluvia en tus días soleados,
prometo acompañarte al fin del mundo,
prometo sonreír siempre a tu lado,
prometo regalarte toda la felicidad que pueda,
prometo hacerte reír hasta que te duelan músculos que no sabías ni que existían,
prometo atarte el pie izquierdo a la cama para levantarte de buen humor
y prometo dejarte comerte el mundo a tus anchas empezando por mí.
JURO que nunca me suicidaría, porque mi vida eres tú.
