De ignorantes y soberbios.

jueves, 5 de agosto de 2010 by Carmen Porcel
El mayor soberbio es el mayor ignorante. Jamás me aterró tanto un ignorante como tú: tú, que crees saberlo todo. Que crees ser dueño de tantas cosas que no sabes ni lo que son, que no te molestas en conocer más de lo que ves, de lo que crees saber. Y al final no sabes nada, porque eres rematadamente soberbio y no tienes capacidad de aprendizaje. Eres un ignorante con labia que te hace creer que sabe algo cuando no sabe de nada. Eres la mayor contradicción hecha persona y así me atrapas en tus redes. Me haces sentir que sé, porque sé que no sabes nada, aunque no crea yo saber todo. Me haces sentir que no sé, porque me haces creer que sabes y que tienes el mundo bajo tus pies. Y no, no lo tienes. Ni si quiera me tienes a mí a tus pies. Si hoy dijeras adiós, mañana yo ya estaría diciendo hola. Y me río a carcajadas pensando que estás absolutamente convencido de que no sería capaz de abrir una nueva puerta después de que dijeses adiós. Y me río de que no te des cuenta de que yo también sé decir adiós, y aunque a veces lo hago en broma para ver cómo rápidamente vienes a suplicar que no cierre la puerta, si quisiera decir adiós lo haría. Porque yo me merezco mucho más que tú. Porque tú no aspiras a tanto como yo. Pero es más divertido así, jugando a balancearse en el poder. En el juego de ver quien manda, aún a sabiendas de que si las cosas funcionasen por sí solas nadie debería tener el mando. Mas me duele contradecirme y saber que a pesar de que pudiese continuar perfectamente sin tí, a veces, muy de vez en cuando, te echaría de menos. Tan sólo has tenido suerte de cruzar tu camino con el mío. Yo me sentía muerta, aburrida, vacía y entonces apareciste tú incorporando nuevas dosis de picardía y vivacidad a mis días. Siempre me gustaron los juegos y las batallas, pero cariño, siempre me gustó ganar así que cuidado, que no me voy a dejar vencer facilmente. Haré como una pantera, que cuando se halle el mayor silencio, me veas quieta y creas que estoy derrotada, tenga la última palabra. Quizás un adiós. O quizás un te quiero.
(Escrito a 31/07/2010).

¿Quién me pegará donde más duele, va a mentirme y a quererme como haces tú?

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