29.12.06 – Historias de amar, y de amor.

martes, 1 de febrero de 2011 by Carmen Porcel
Corría la Navidad del año 2006 cuando un día irrumpiste en mi vida. Te conocí y pensé que eras el típico niñato flipado, y no causaste en mí ningún interés por seguir conociéndote. Unos días después te conocí en persona, y la verdad es que aparentemente tampoco tenías mucho que aportarme, pero por hacer algo, quedé contigo una noche. Fue curioso ver cómo en dos horas alguien que me era indiferente pudo provocar en mí ese famoso cosquilleo que anuncia que pronto estarás enamorada. Cuando ese cosquilleo surge por primera vez, no eres consciente de lo que se te viene encima. Te desconcierta, te sientes extrañamente feliz pero no te planteas todo lo que pueda haber después. Sólo sé que después de aquella noche, subí y le dije a una amiga “he conocido a un chico, y algo me dice que me durará tiempo…” No sé cómo pude acertar con tanta exactitud si no me había enamorado antes, pero el caso es que lo hice. Acerté: ese chico daría un giro inesperado en mi vida, marcaría el antes y el después en mi forma de ser y me convertiría definitivamente en quien soy hoy.
Hubo momentos en que llegué a pensar que el amor es lo peor que le podía pasar a una persona, y aunque hoy ya no estoy enamorada de esa persona, lo que sí que tengo claro es que el amor, el de verdad, es lo mejor que me ha pasado en la vida y no lo cambiaría por nada del mundo. Como dice una amiga, dejé de ser yo misma, para empezar a ser la verdadera yo. El “yo” que hoy aún prevalece, y que da la sensación de que lo hará mucho más tiempo. Me enamoré de ti, y empecé a moverme por el laberinto del amor sin ayuda de ningún guía. Nadie me ayudó a descubrir ese camino, pero lo descubrí hasta el final y el haberlo hecho yo sola es lo que me convirtió en quien soy. El amor nos hace dejarlo todo por alguien, nos hace sentir que nosotros no somos importantes, que no todo es nuestra felicidad… Y todo porque ese cosquilleo te dice que quieres ver a la otra persona sonriendo, y por verle sonreír, pones tu vida patas arriba si es necesario. Y yo así lo hice. Me enamoré como todo el mundo debería enamorarse: me enamoré sin pensar en el pasado ni en el futuro, sin pensar en mí misma y en lo que podía perder. Lo di TODO y jamás me pregunté si después querría recuperarlo. E hice bien, porque no quiero recuperar nada de lo que di: se gana más dándolo todo por amor, que echando a perder el tiempo en uno mismo.
¿Y qué voy a decir, después de tres años? El tiempo pasa y el amor sigue ahí, el amor existe desde antes que nosotros, y todos aquellos que intentan enamorarse a la fuerza, diciendo “te quiero” sin sentir todo eso que yo sentí, se equivocan, porque el amor es algo que te hace demostrar los “te quiero” sin pensar en que estás haciéndolo, que cuando te das cuenta de que no puedes vivir sin ver sonreír a esa persona, ya es irremediable. El amor no es un juego, y quizás por eso muchos piensan que soy una persona fría y reservada, que nunca abro mi interior a los demás… Pero es que no quiero abrírselo a cualquiera, quiero regalarle mis sentimientos más profundos a quien me haga sentir de nuevo que quiero hacerle sonreír, y con esa persona compartiré todo mi ser, para que pueda aprovechar mis sentimientos para buscarse a sí mismo, como yo me encontré el día que me enamoré.
¿Cursi? ¿Soberbia? De eso nada. Yo no lo sé todo sobre el amor, pero al menos sé lo más importante, que no todo el mundo lo sabe, y lo más importante es que el amor te cambia la vida y no te importa. Los que dicen que en el amor todo vale, no saben lo que dicen. En el amor todo vale para hacer feliz a quien amas, si lo que quieres conseguir en el amor es tu felicidad y no la del otro, no sabes amar.
(Escrito a 6/11/2009).
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