Éste es el desafío.

martes, 14 de septiembre de 2010 by Carmen Porcel
¿Habéis visto lo que he visto? ¿Habéis estado donde yo? ¿Habéis roto con lo previsto? ¿Habéis sangrado por amor? ¿Habéis tentado a la suerte? ¿Habéis jugado al ajedrez contra la muerte y aguantado hasta quedar inconscientes?
La experiencia es mi maestra, yo fui su mejor discípula: nunca dejé en blanco capítulos. Voy combatiendo monstruos, batalla humana y urbana, porque el 091 puede ser el 666. Es mi batalla en la que caigo y me levanto. Dicen que ando del revés y aquí me ves, con la cabeza bien alta y el mundo bajo mis pies.
Sin dejar que me entre polvo en la nariz voy a por todas, viviendo cada segundo como un momento Kodak. Nadie me puso alas pero aprendí a volar, no detuve vuestras balas pero aprendí a esquivar. Me quisisteis evitar y eliminar, dejarme solo, como un náufrago perdido en la inmensidad del mar.
El don es mío. El tiempo es mío. El reto es mío. El juego es mío. El mundo es mío, está en mi mano. Yo, vi la belleza en las cabezas de las bestias y sentí la tristeza entre las luces mas intensas. Yo me encontré con la muerte y la besé, viajé a través del universo y ya regresé.
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Gracias por venir.

sábado, 7 de agosto de 2010 by Carmen Porcel
Las personas no pasan por aquí sin pena ni gloria.
O una cosa o la otra, quizás ambas o muchas más.

El primero que vino, por no darme ni una pizca de lo que tenía
y cogerle tanto, sin recibir nada.
Por volverme completamente loca,
y con esa locura hacer que hallase mi cordura.
Por hacerme a mí, porque me hizo.
Me hizo a medida el amor, y desde entonces no soy la misma,
pero ésta soy yo,
la que desde entonces veis
o tratáis de adivinar.

El segundo, por tenderme su mano y abrirme sus brazos.
Por hacerme saber que a veces las cosas también pueden ser bonitas,
que el cielo puede estar mucho más bajo
o yo más alta,
y que por eso a veces una puede dejarse flotar entre las nubes,
que parecen más blandas desde que me elevó hasta ellas
y toqué el final del cielo con las yemas de los dedos.
Y que a veces las nubes se esfuman
y llueve, y pierdes muchas cosas,
pero nunca perderás la sensación de haber sido el ojito derecho del sol,
la niña mimada de las nubes.

El tercero, por no ser ni el último ni el primero.
Por darle un poco de sal a la vida,
y también azúcar, y tequila.
Porque con su sal, cura mis heridas, nacen mis sonrisas,
miradas cómplices y unas risas.
Porque con su azúcar, a veces todo parece mucho más dulce
y otras me sienta mal, pero sobrevivo.
Porque con su tequila, las noches cambian, se hacen más breves.
Más profundas y más activas,
más relevantes que el día aunque no haya sol,
porque las noches de su tequila,
son más noches que ninguna,
porque por luz están las estrellas
y por calor, nuestros cuerpos como cerillas prendidas.
Porque el tercero fue, es y será;
porque no me aburre ni me aburrirá.
Porque ya me lo conozco y nunca lo perderé,
porque conozco el camino de regreso demasiado bien.
Y si yo lo olvido, no hay problema,
dejamos restos de sal y azúcar pegados en el suelo por el tequila,
de modo que alguno de dos sabrá encontrar el camino siguiendo esas huellas.

Como te decía, por aquí las personas no pasan sin pena ni gloria.
Todos tuvieron su momento de gloria
y por todos tuve mi momento de pena,
todos completamente distintos,
pero igual de trascendentales en mi camino.
Porque dejaron su huella para hacerme a su medida.
Porque yo me hice de huellas,
de rasguños, de caricias,
de miradas, de risas
y de tequila.
Y de noches perdidas y de caminos encontrados.
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De ignorantes y soberbios.

jueves, 5 de agosto de 2010 by Carmen Porcel
El mayor soberbio es el mayor ignorante. Jamás me aterró tanto un ignorante como tú: tú, que crees saberlo todo. Que crees ser dueño de tantas cosas que no sabes ni lo que son, que no te molestas en conocer más de lo que ves, de lo que crees saber. Y al final no sabes nada, porque eres rematadamente soberbio y no tienes capacidad de aprendizaje. Eres un ignorante con labia que te hace creer que sabe algo cuando no sabe de nada. Eres la mayor contradicción hecha persona y así me atrapas en tus redes. Me haces sentir que sé, porque sé que no sabes nada, aunque no crea yo saber todo. Me haces sentir que no sé, porque me haces creer que sabes y que tienes el mundo bajo tus pies. Y no, no lo tienes. Ni si quiera me tienes a mí a tus pies. Si hoy dijeras adiós, mañana yo ya estaría diciendo hola. Y me río a carcajadas pensando que estás absolutamente convencido de que no sería capaz de abrir una nueva puerta después de que dijeses adiós. Y me río de que no te des cuenta de que yo también sé decir adiós, y aunque a veces lo hago en broma para ver cómo rápidamente vienes a suplicar que no cierre la puerta, si quisiera decir adiós lo haría. Porque yo me merezco mucho más que tú. Porque tú no aspiras a tanto como yo. Pero es más divertido así, jugando a balancearse en el poder. En el juego de ver quien manda, aún a sabiendas de que si las cosas funcionasen por sí solas nadie debería tener el mando. Mas me duele contradecirme y saber que a pesar de que pudiese continuar perfectamente sin tí, a veces, muy de vez en cuando, te echaría de menos. Tan sólo has tenido suerte de cruzar tu camino con el mío. Yo me sentía muerta, aburrida, vacía y entonces apareciste tú incorporando nuevas dosis de picardía y vivacidad a mis días. Siempre me gustaron los juegos y las batallas, pero cariño, siempre me gustó ganar así que cuidado, que no me voy a dejar vencer facilmente. Haré como una pantera, que cuando se halle el mayor silencio, me veas quieta y creas que estoy derrotada, tenga la última palabra. Quizás un adiós. O quizás un te quiero.
(Escrito a 31/07/2010).

¿Quién me pegará donde más duele, va a mentirme y a quererme como haces tú?

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Filosofía.

martes, 3 de agosto de 2010 by Carmen Porcel
Mi filosofía de vida me dice que tengo que ser fiel a mis principios. Por lo tanto vamos bien, no solo tengo una filosofía de vida sino que además tengo unos principios. No me gusta la gente falsa, y por lo tanto, no soy ni seré falsa. Tampoco soy hipócrita, tengo una filosofía de vida y unos principios y los practico día a día, casi sin querer, me sale solo. No me gusta que me digan lo que tengo que hacer, no me gusta que me den órdenes: me gusta que me aconsejen y ser libre de escoger si quiero ignorar u obedecer los consejos que recibo. Ahí está la clave de todo, la verdad. En ser libre. Me gusta ser libre y ser yo misma. Mi forma de ser me dice que no quiero que me cambien, y lo aplico a mis principios y a mi filosofía de la forma más altruista posible: no quiero a las personas por lo que quiero que sean, sino por lo que son. Y no quiero que nadie me quiera por lo que puedo ser, sino por lo que soy. Además no engaño a nadie en quién soy. Soy tremendamente complicada, y no lo escondo. No es ya mi problema que a la gente le cueste entrar dentro de mi mente. Pero soy absolutamente transparente en cuanto a lo que soy: translúcida. Si pienso algo, lo digo. Si algo no está bien, me quejo. Y no lo considero un defecto sino una virtud: el valor. Para mí es además de una característica, un principio. Imponerte a ti mismo el principio de que hay que tener valor para decir las cosas cuando no te parecen bien y enfrentarte a lo que venga, para conseguir lo que crees que está bien. Normalmente todos queremos que las cosas estén bien desde nuestro punto de vista, así que casi podría traducirse a que hay que luchar para conseguir lo que quieres... pero sólo casi. No hay que luchar, porque no hay que derrotar a nadie. Tan sólo hay que intentar conseguir lo que te propones, y proponerte cosas que te hagan feliz. Y para ser feliz, soy fiel a mis principios. Mis principios son lo que pienso, y se rigen por lo que soy. ¿Cómo no voy a ser feliz si me gusta cómo soy y lo que hago? Ahí está la clave de mi filosofía de día a día. Nada de teoría, pura práctica inconsciente en mi rutina pero con todo un fundamento detrás de cada segundo de mi vida. Aunque mi filosofía no es exactamente nueva, quizás te suene eso del carpe diem. Eso es lo que más rige mi día a día: aprovechar el momento. Ser feliz mientras pueda. E intentar poder ser feliz siempre.
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Las cosas que te diría si me preguntases: ¿qué tal?

domingo, 1 de agosto de 2010 by Carmen Porcel

Todo va tal y como tenía planeado. Tú nunca creíste en mí, pero no importa, porque yo sí que creo en mí. Siempre lo he hecho, si tengo que creerme a alguien empezaré por mí misma y después iré a buscar las opiniones que crea pertinentes. Sí, hubo un tiempo en que buscaba la tuya, pero por suerte siempre tuve personalidad. Y amplias dosis de ego, y de confianza en mí misma. Te dije que haría esto y aquello, y lo de más allá, y me decías que sí como a los locos. Quizás no con maldad, pero siempre pensaste que no tendría el valor para hacer lo que quería o para conseguir lo que me proponía. Decías que sí como si fuese una ilusa y ya ves... aquí estoy mucho tiempo después, habiendo hecho exactamente cada cosa que te dije que quería hacer. Habiendo hecho de ilusiones, realidades. Puede ser, sí, que sea una ilusa. Tal vez no erraste del todo... pero soy una ilusa por tener ilusiones, no por imaginarmelas. Y soy quien soy, de los pies a la cabeza, por conseguir que esas ilusiones me lleven a donde quería. Que me muevan cada día las ganas, las emociones, las motivaciones, los sentimientos, los pensamientos y, en definitiva, sí: las ilusiones. Tú nunca creíste en mí y yo siempre creí en nosotros. Gracias al cielo o al destino, o incluso a ti, por hacerme ver que tal y como siempre he hecho, es en mí en quien tengo que creer. ¿Me envidias? Lo sé. Tú nunca tuviste ilusiones, y sin ilusiones ni metas no hay camino que andar. ¿Para qué vives? No respondas, conozco tus evasivas frente a planteamientos tan complejos como el sentido de tu vida. Mejor corre... vete a fumar.

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