Resurrección.

sábado, 14 de abril de 2012 by Carmen Porcel

jesucristo no lo sé,

pero yo juro que estuve muerta

y juro que he resucitado.

a mí, como a él, me asesinaron,

no fue en una cruz

pero sí me sujetaron con clavos...

de repente un día desperté

abrí la puerta de la tumba

y me escapé.

escapé hacia la vida,

aunque fuera sangrando.

escapé y de una vez

me he liberado.

de los asesinos, de sus clavos,

he sobrevivido

y aún me estoy recuperando.

mientras yo estaba muerta

el tiempo no se ha parado,

y ahora debo luchar

por recuperar lo olvidado.

olvidado por mí,

por dejarme morir;

recordado hoy por mí,

para empezar a vivir.

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La condena.

lunes, 9 de abril de 2012 by Carmen Porcel

Ni contigo ni sin ti tienen mis males remedio, contigo porque me matas y sin ti porque me muero. Podría dejar de escribir aquí, después de plasmar una frase tan manida como cierta, pero en este momento sin ti, sinceramente, me creo morir. Por más que intente aliviar tu ausencia pensando que tu presencia me mata, no es consuelo si en el fondo solo pienso que mis lágrimas podrías secarlas tú, quien me las causa. Y sí, sé que me fui por mi propio pie, pero empujada por el infierno de tu presencia, una pequeña llama a la que tú echabas más leña. Ojalá se me hubiese ocurrido la manera de apagar el fuego, pero pensando que si corría no ardería yo en aquel infierno, descubrí que el propio viento es capaz de propagar el fuego. ¿Y cómo iba a poder yo, tan pequeña, luchar contra el mismísimo viento? ¿Cómo iba a saber que por más que huyera, ya estaba condenada fuese contigo o con tu ausencia? Sin embargo hoy, me atormenta más tu ausencia. Regresaría a ti sin pensarlo, me fundiría en un abrazo, lloraría en tu hombro y disfrutaría mientras tú me consolaras. Dios sabe cuánto tiempo duraría aquel alivio: fumando un cigarro se desprendería una chispilla a la que avivar el fuego hasta volver al infierno, y así sucesivamente hasta este punto de no retorno. Sin vuelta atrás, pero ¿puedo andar más hacia delante? De verdad, ¿ya estoy condenada en cualquiera de los casos a sufrir por igual tu infierno que el infierno de tu ausencia?
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Lo que sabemos.

jueves, 1 de septiembre de 2011 by Carmen Porcel
sabes, porque lo sabes,
que pasó nuestro momento.
y sabes, aunque lo niegues,
que tuvimos nuestro momento.
y no sé si sabes, pero te cuento,
que lo dejamos pasar,
que fuimos unos cobardes,
y me siento un poco menos cobarde
si me atrevo a decir que lo fuimos.
no estaba todo de nuestra parte,
pero dejando eso a parte,
sabes, porque lo sabes,
que yo siempre estoy de tu parte.
y perdona si me lío con rimas tontas,
pero sabes que no tengo otra forma
de decir lo que pienso,
de escribir lo que siento
y te siento
tan cerca como siempre,
más lejos que nunca,
que sigues siendo el que fuiste
y que fuiste lo que ya no eres.
que siempre hemos sido dos
y así estaba escrito,
que seguiremos siendo dos,
porque así lo quisimos,
pero que sabemos,
porque lo sé yo y lo sabes tú,
que todo podría haber sido tan bonito...
más allá de las discusiones y de los gritos,
o de las lágrimas encerradas en algunos escritos,
podríamos no habernos perdido,
pero así lo hicimos,
y podrías haberme tenido,
como todavía me tienes.
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Nadie como tú.

martes, 15 de marzo de 2011 by Carmen Porcel

Ahora lo he entendido, no sé si es tarde para ello o es el momento perfecto, pero de pronto he visto la luz sin si quiera necesitarla...

Nunca me vas a dejar ser feliz, ¿verdad? Es eso. Si no es contigo, con nadie, y si es contigo, lejos; y lejos de ti y sin nadie me es imposible ser feliz.

No lo haces adrede (supongo) pero lo haces... si sonrío ha de ser por verte y si lloro porque me faltes, pero reír si otro me hace cosquillas está prohibido desde el momento en que me diste un beso y te lo acepté.

Porque no somos nada, claro. Ni nunca lo fuimos, ni lo seremos, pero es que somos mucho, ¿no? Y no puede haber uno mejor que tú.

Pues sonríe tú ahora, sonríe gracias a mí una vez más, porque tengo que decirte que lo has conseguido: no me siento capaz de tener con alguien lo que tengo contigo. Y aún así, lo que tengo contigo, lo maldigo.

Malditas sean las veces en que no somos nada y malditas las veces en que soy tuya. Maldito sea el día en que dimos un paso hacia delante, y al cuerno con cada vez que me has dicho que este o aquel no era lo suficientemente bueno para mí.

¿Es que tú sí? ¿Eso crees? Pues arriesga y tal vez ganemos. De momento no puedo saber si eres lo suficientemente bueno para mí, porque nunca has intentado demostrarlo.

Déjame andar hacia delante, y si tengo que chocarme, ¡estamparme! Pero no me digas que nadie me merece, porque si nadie me merece, tú tampoco. Y ya no puedo vivir a tu sombra, pero sé que no vas a dejarme ser feliz y ni aún así puedo alejarte de mí.

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Que no hemos muerto.

martes, 8 de marzo de 2011 by Carmen Porcel
"Que el amor verdadero es tan sólo el primero y los demás son sólo para olvidar". - La Oreja de Van Gogh.

Escuchando canciones en tardes largas y vacías, de esas que estoy con otro pero sin ti, me doy cuenta de que aunque ya te has ido todavía estás aquí. Estás en mis palabras, en mi cabeza, en la forma en que me gusta que me besen, en los últimos recuerdos que valoro, en la vida que un día tuve y en todo aquello en lo que pueda poner una pizca de ti, sin querer, pero sin olvidarte. Tú crees que ya hemos muerto, pero yo aún oigo latidos. Tú crees que te reemplacé, pero yo aún sigo esperando. Vivo en el absurdo de creer que volverás, porque sé que te arrepientes, pero no sé cómo soy capaz de pensar que podrías pedirme que vuelva excluyendo a tu orgullo de entre nosotros de una maldita vez; o que podrías darte cuenta de que cuando dije "adiós", sólo quería decir "ven a por mí". Ya lo dije una vez, somos cobardes. Yo nunca me atreví a decirte que estoy hasta los huesos por ti, y tú sólo supiste expresarte quemándome la piel. Todo empezó hace mucho tiempo, después conocí a tu amigo, tú a mi amiga y así son las cosas. Claro, que todo acabó y donde algo termina, algo empieza y nostros resurgimos a lo grande. A mí me preocupaba que no te cuidaras, a ti te preocupaba que no me cuidaran. Un día te marchaste para luego volver, y yo quise demostrarte que podía estar sin ti. Se me olvidó que en ocasiones eres ciego, y si hago sonar la música de que ahora soy feliz, eso es lo que sientes y te perdí, como me pierdo desde hace tantos años escribiendo lo que jamás me he atrevido a decirte a la cara y así escribo cualquier cosa -como esta- hasta el infinito con tal de evitar dos palabras, ocho letras. Ríos de tinta por callar lo que nunca supimos si saldría bien. Lo que ya vivimos, pero sin nombre. Lo que cada mañana pienso que algún día volverá, porque ya caímos antes pero nunca fue el final.
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