Pa' qué te voy a decir que no, si sí.

viernes, 4 de abril de 2014 by Carmen Porcel
Te preguntan lo mismo de distintas maneras:
¿Cómo vas de chicos? ¿No hay ningún hombre en tu vida? ¿Qué tal los amores?
Y les dices que no hay nada y les cambia la expresión.
¿Nada de nada? ¿En todo este tiempo?
Dices que no y te miran con compasión. Casi parece que vayan a exclamar "¡pobrecita!". Y de pronto te ves casi justificándote por no haber sido capaz de enamorarte tú, pero sobretodo, de enamorar a nadie. Como si esa fuera tu obligación como mujer en la veintena y hubieses desobedecido unas órdenes que ni siquiera estaba en tu mano cumplir, pero tuvieras que pedir perdón por ello.
¿Cómo no vas a terminar preguntándote si has hecho algo mal? Las caras de compasión hacen mella en tu seguridad indestructible y piensas que quizás es eso, que eres demasiado fría. ¿Y cómo no serlo? Antes de que se compadecieran de ti, sufriste muchísimo más. Enamorando a quien no te enamoraba, enamorándote de quien no te miraba. Y equivocándote, haciendote fuerte, aprendiendo lo que no querías volver a tener nunca más y lo que jamás volverías a ser, por principios. Forjando un carácter y un criterio incompatibles con complacer por norma y dejarse querer por cualquiera, incompatibles con amar a ciegas a la primera de cambio, que esa es una piedra afilada con la que ya tropezaste bastante. ¿Es que nadie lo entiende? ¿Te compadecen por eso?
Estar sola es una elección a medias. Preferiría tener a alguien a quien llamar borracha a las 5 de la mañana y terminar la noche en su cama. Pa' qué te voy a decir que no, si sí. Pero nunca preferiría que ese alguien fuera cualquiera.
Yo no he hecho ningún mal a nadie, he sido yo misma y nadie se ha enamorado de mí. Y nadie me ha enamorado tampoco.
Dudo que yo haya perdido mi capacidad de amar, siempre fue demasiado grande. Pero puede que no sea capaz de enamorar a nadie y, si es así, ¿cuál es el problema? ¿Tan triste viviré? ¿Tendré que justificarlo eternamente? Porque pedir perdón... No, de eso ni hablar, que ya he hablado de que tengo principios. Y de ser fuerte. Eso no enamora, pero ayuda a vivir con la sonrisa en la cara y la cabeza alta. Me vendrá muy bien si voy a estar sola.
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