Paseando por tus pasillos.

sábado, 8 de mayo de 2010 by Carmen Porcel

A heart in the walk.
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Te conocí hace mucho tiempo, aunque parezca que fue ayer. Pronto me llamó la atención tu incapacidad para enamorarte. Tampoco tardé mucho más en vislumbrar tu miedo al amor, que más que miedo, a día de hoy sé que es pánico. Siempre he pensado que soy un ser hecho para el amor, aunque cuando te miro, veo en mí también a un ser ligeramente aterrado. Soy perfectamente capaz de comprender tu pánico. Sin embargo, sé que eres un ser hecho para amar. Probablemente un ser aterrado por el amor es el que mejor conoce la inmensidad de esta palabra. La valora, sabe lo que implica, sabe que hay un durante y un después, y aunque teóricamente yo siempre afirmaría que cualquier persona enamorada debería arriesgarse sin pensar en un después, a veces el ser conocedor de la inmensidad de la palabra amor, hace que por mucho que ames, temas el “después”. Es bonito pensar que no habrá un después, pero ¿y si lo hay? Sigo afirmando que siempre es mejor arriesgarse, pero no por ello dejo de comprender que a veces somos incapaces de arriesgarnos.
Nos ciega el propio amor, el pensar que si hay un después, será el comienzo de los días sin alguien, y los días sin esa persona nos aterran mucho más que el propio riesgo de enamorarse. No obstante, es incontrolable. Por mucho miedo que tengamos caemos una y otra vez, pero intentamos frenarlo. Si tienes miedo, simplemente miedo, es posible que alguna vez (muy particular) no consigas frenar tus impulsos de amar y caigas, pero si en vez de miedo tienes pánico, es posible que no te dejes caer nunca. Un “nunca” muy relativo, porque a veces el sentimiento se apoderará de la razón mal que nos pese, y si el sentimiento se apodera de la razón, todo lo que un día frenamos, se olvidará de pronto. Lo daremos todo, lo daremos rápido, lo daremos a lo grande. Haremos de la inmensidad de la palabra amor una profundidad aún más inmensa si cabe. Y si no recibimos lo mismo, aguantaremos de pie, intentando no caer en la profundidad de la enorme caída que nos espera por haber creado tanta inmensidad alrededor de la palabra amor, pero si no recibimos lo mismo, por mucho que soportemos, acabarán dejándonos caer. Y caeremos, cada vez con más miedo a enamorarse.
Yo un día comprendí que no hay que dejar vencer al miedo sin más, hay que tratar de ganarle las batallas. Empatizo contigo. Puedo meterme en los pasillos de tu mente sin perderme, meterme en esos pasillos en los que tú mismo te pierdes, esos que te parece que por más que los camines una y otra vez, siempre han cambiado. Pero puedo caminar por ellos sin pérdida alguna por más que cambien. Ahora sólo me gustaría introducir en ellos el valor para amar, y así saber si no nos arriesgamos juntos por miedo o por indiferencia.
(Escrito a 05/04/2010)
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Volvería a caer.

jueves, 6 de mayo de 2010 by Carmen Porcel
- ¿Volverías con él?
- Caería en sus brazos una y otra vez – dije yo.
- ¿Pero por qué, si tanto dices de él?
- Porque él puede ser muchas cosas, pero al fin y al cabo fue la primera persona que me hizo feliz. Además, fue la persona que más daño me ha hecho nunca, porque cuando me despreciaba, me hacía daño. Cuando me borró de su vida rápidamente, me hacía daño. Cuando nos encontrábamos y era un momento tenso, me hacía daño ver que ya no éramos nada. Pero me ha enseñado dos lecciones: cómo causar el mayor dolor a alguien y como hacer a alguien tan feliz que su vida cobre sentido por una sola persona, y de esas dos lecciones, me quedo con la segunda. Todo el daño que me ha hecho sería capaz de borrarlo igual de rápido que él me borró a mí de su vida, porque me compensaría el poder empezar de nuevo y ser feliz, y es más, intentaría hacerle la persona más feliz del mundo mejorando todos los errores que en su día cometí. Porque por mucho daño que me haya hecho, me quiso y le quise, y desde el minuto en que empezaron mis días sin él, no ha habido uno sólo que no le haya echado de menos.
(Escrito por mí en febrero de 2010).


Mis días sin ti son tan absurdos, tan agrios, tan duros, mis días sin ti. Mis días sin ti no tienen noches, si alguna aparece es inútil dormir. Tan faltos de aire, tan llenos de nada, buscando en las caras de ancianos pedazos de niño, mordiendo mis uñas, ahogándome en llanto, extrañandote tanto. Mis días sin ti. (Shakira).

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Las miradas.

miércoles, 5 de mayo de 2010 by Carmen Porcel

El silencio es capaz de decir muchas más cosas que las palabras, y a su vez capaz de esconder muchos más misterios. Una mirada silenciosa intenta decirme algo. Sé que ese silencio habla, sé que dice algo, pero a su vez es un silencio que no dice nada, sino que lo esconde. Mi mirada silenciosa no habla, grita. Casi aúlla desesperadamente que tu mirada silenciosa le persiga para decir lo que desea oír. Tu mirada silenciosa me dice tantas cosas. A veces me susurra cosas bonitas, a veces me transmite complicidad. Nunca me ha dicho nada malo, pero me hace daño. Me hace daño el misterio que esconde, el misterio que mi mirada pide a gritos revelar. A veces nuestro cuerpo reposa horizontal y nuestras miradas se vuelven verticales. Se cruzan y se dicen cosas que no son capaces de emitir con sonido, las manos se suman al juego y tratan de hablar también. El alma se enciende por dentro y aviva una llama que nunca nos llega a quemar. Se dejan llevar las miradas, las manos, el alma, y parece que va a ser eterno. Mi mirada te grita que quiere que sea eterno, mis manos vacilan y producen un ligero vaivén de caricias en tu nuca que dice que tengo miedo. Miedo a este silencio, miedo a que se acabe. Y de pronto abrimos la boca y fingimos que las miradas nunca hablaron, pero mi mirada sigue deseando que algún día le demos voz. Mi boca puede mentir, mis gestos a veces, pero mi mirada nunca. Tan solo se trata de que te aprendas el mapa que te guía a través de mi mirada, que trata de descifrar el código que esconde la tuya. Hasta hoy sólo ha descubierto que nunca es fría tu mirada en mi presencia. A veces da el calor de una manta que arropa en invierno, es una mirada tierna. Otras veces se calienta hasta hacer saltar chispas, quizás una mirada apasionada o quizás una mirada lujuriosa. Y a veces es tibia, y me pierdo en el laberinto de tus ojos que me quieren decir algo y de repente callan, que me quieren decir algo y necesito a tu boca para hacer penetrar la voz de tu mirada a través de mis oídos.
(Escrito a 28/04/2010).
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¿Es tan corto el amor y es tan largo el olvido?

lunes, 3 de mayo de 2010 by Carmen Porcel

Dije mil veces: le he olvidado, y fue tan falso que ni yo me lo creía. Pero hace ya unos meses llegó otra vez el momento en que dije "le he olvidado" y la rabia e incluso el odio surgieron de mi interior. Y lo que siento, siempre me lo creo, porque no hay nada más cierto que los propios sentimientos. Eso sí, no hay tampoco nada más confuso.
Si un sentimiento es cierto de por sí, más cierto es el amor cuando es verdadero, pues es, sin lugar a dudas el rey de los sentimientos. ¿Es eterno el amor verdadero, pues? Si es cierto, no debería haber obstáculo ni distancia ni tiempo ni circunstancia que pudiera con él ¿no? O al menos eso nos han enseñado desde pequeños... ¿Se puede, pues, olvidar un amor si es verdadero? Y si le olvidas, ¿significa que nunca estuviste enamorado?
Pues bien, aquí surgen mis dudas. Me preguntan: "¿y estás segura de que esta vez sí le has olvidado?" Y yo digo que sí, porque quiero creerlo, pues esta vez surgió rabia, cosa que antes no pasó; mas no está tan claro en mi interior porque me niego a creer que todo lo que quise a esa persona no era cierto.
Puede que diga que ya no le quiero, pero tengo claro que no he querido a nadie más que a él en toda mi vida, y que lo que sentí, algo tan grande e inexplicable, sólo podía deberse a una locura. ¿Y conocéis mayor locura que el propio amor si es cierto? Le quise. Y si ahora volviera, pero volviera tal y como el día en que le conocí, probablemente volvería a enamorarme. ¿O significa eso que nunca le habría olvidado? ¿Significaría, pues, que nunca le olvidaré?
En muchas cosas opino igual que Pablo Neruda, pero en esta, ahora mismo, no opino sino que siento lo mismo que aquel poeta: "ya no le quiero, es cierto, pero tal vez le quiero..."
(Escrito en abril de 2008).
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Nuestra realidad me saludó hace poco.

domingo, 2 de mayo de 2010 by Carmen Porcel

Broken heart
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Miro las fotos de los buenos tiempos y veo la felicidad dibujada en nuestros rostros. Una felicidad que va más allá de las sonrisas fingidas en una foto cualquiera, una felicidad que se puede oler y tocar con sólo mirar nuestro gesto. Una felicidad, que tan pronto como vino se fue. Entre el venir y el irse hubo muchos momentos, ¿pero qué son hoy esos momentos, si ya se fueron? Nuestros momentos han quedado reducidos a nada, momentos que algún día daban el sentido a todo.
Me encuentro cara a cara con mi verdad y me doy cuenta de que ahora me duele tanto como no dolió en su día. En un minuto la verdad se convierte en algo físico, y ese minuto duele mucho más que los meses de pensar en nuestra verdad. De pronto parece que todo fue tiempo perdido, y entonces parecía que le había ganado todas las batallas al tiempo.
Me gustaría tanto reencontrarme con lo que hubo entre el ir y venir de mi felicidad… Me encantaría volver a dibujar en mi rostro esa felicidad, pero no merece la pena llorar por algo que jamás tendrás. Nuestros momentos son tentadores, pero también terriblemente aterradores.
Y me asusta reencontrarme con un momento de felicidad en mi rostro, porque pienso que luego se irá. ¿La felicidad es algo instantáneo? Hoy parece que sí, pero quizás algún día se me quite ese miedo y sin darme cuenta sea feliz por mucho, mucho tiempo.
Eso es lo que me duele de ti y de mí, me duele que hayas tenido que ser tú, que dibujaste la felicidad en mi gesto, quien me muestre que la felicidad tan pronto como viene, se puede largar.
Y como alguien dijo sabiamente un día: ya no te quiero, es cierto, pero cuánto te quise. Porque en noches como esta te tuve entre mis brazos, nunca estaré contenta con haberte perdido, aunque este sea el último dolor que me causes, y tal vez sea este el último texto que te escribo.
(Escrito en octubre de 2009).
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