Miro las fotos de los buenos tiempos y veo la felicidad dibujada en nuestros rostros. Una felicidad que va más allá de las sonrisas fingidas en una foto cualquiera, una felicidad que se puede oler y tocar con sólo mirar nuestro gesto. Una felicidad, que tan pronto como vino se fue. Entre el venir y el irse hubo muchos momentos, ¿pero qué son hoy esos momentos, si ya se fueron? Nuestros momentos han quedado reducidos a nada, momentos que algún día daban el sentido a todo.
Me encuentro cara a cara con mi verdad y me doy cuenta de que ahora me duele tanto como no dolió en su día. En un minuto la verdad se convierte en algo físico, y ese minuto duele mucho más que los meses de pensar en nuestra verdad. De pronto parece que todo fue tiempo perdido, y entonces parecía que le había ganado todas las batallas al tiempo.
Me gustaría tanto reencontrarme con lo que hubo entre el ir y venir de mi felicidad… Me encantaría volver a dibujar en mi rostro esa felicidad, pero no merece la pena llorar por algo que jamás tendrás. Nuestros momentos son tentadores, pero también terriblemente aterradores.
Y me asusta reencontrarme con un momento de felicidad en mi rostro, porque pienso que luego se irá. ¿La felicidad es algo instantáneo? Hoy parece que sí, pero quizás algún día se me quite ese miedo y sin darme cuenta sea feliz por mucho, mucho tiempo.
Eso es lo que me duele de ti y de mí, me duele que hayas tenido que ser tú, que dibujaste la felicidad en mi gesto, quien me muestre que la felicidad tan pronto como viene, se puede largar.
Y como alguien dijo sabiamente un día: ya no te quiero, es cierto, pero cuánto te quise. Porque en noches como esta te tuve entre mis brazos, nunca estaré contenta con haberte perdido, aunque este sea el último dolor que me causes, y tal vez sea este el último texto que te escribo.
Me encuentro cara a cara con mi verdad y me doy cuenta de que ahora me duele tanto como no dolió en su día. En un minuto la verdad se convierte en algo físico, y ese minuto duele mucho más que los meses de pensar en nuestra verdad. De pronto parece que todo fue tiempo perdido, y entonces parecía que le había ganado todas las batallas al tiempo.
Me gustaría tanto reencontrarme con lo que hubo entre el ir y venir de mi felicidad… Me encantaría volver a dibujar en mi rostro esa felicidad, pero no merece la pena llorar por algo que jamás tendrás. Nuestros momentos son tentadores, pero también terriblemente aterradores.
Y me asusta reencontrarme con un momento de felicidad en mi rostro, porque pienso que luego se irá. ¿La felicidad es algo instantáneo? Hoy parece que sí, pero quizás algún día se me quite ese miedo y sin darme cuenta sea feliz por mucho, mucho tiempo.
Eso es lo que me duele de ti y de mí, me duele que hayas tenido que ser tú, que dibujaste la felicidad en mi gesto, quien me muestre que la felicidad tan pronto como viene, se puede largar.
Y como alguien dijo sabiamente un día: ya no te quiero, es cierto, pero cuánto te quise. Porque en noches como esta te tuve entre mis brazos, nunca estaré contenta con haberte perdido, aunque este sea el último dolor que me causes, y tal vez sea este el último texto que te escribo.
(Escrito en octubre de 2009).


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