Cómo puede ser que los años me hayan enseñado que tenemos más en común de lo que pensaba cuando te quería por ser tan jodidamente distinto a mí y al resto del mundo que yo conocía. La cuestión es que yo te decía que no iba a cambiar nunca y tú decías “las personas cambian, todo el mundo cambia”. Lo que nunca imaginé es que, huyendo de ti, terminaría convirtiéndome en tu reflejo. O al menos en el reflejo del “tú” que yo conocí, si es que alguna vez realmente te conocí. Lo cierto es que me decías verdades reveladoras con tanta facilidad como encendías el mechero mientras te fumabas un peta en el balcón de turno. Me lo pasabas tres veces y me entraba la risa tonta. “Si es que no fumas nunca, tía”. Lo que sí sabía a ciencia cierta es que mientras te sacaba de quicio por no hacer siempre lo mismo que tú y no pensar nunca como tú, te divertías al ver cómo me enredaba en argumentos que invalidabas a base de whisky y caladas. Jugabas conmigo, casi sin quererlo, a saber lo que querías que pasara y yo fingía, a veces queriendo y otras sin quererlo, que no sabía que pasaría. Pero pasaba. Y pasó muchas veces. Tú te creías muy distinto al resto del mundo y yo te veía así, porque entonces yo solo sabía mirar el mundo a través de tus ojos. Ahora sin duda no somos tan distintos, pero sí distantes. Prefería cuando era al revés. Contigo siempre fue todo del revés: cuanto más te quise, más te odié; cuanto más lejos te siento, más cerca te quiero. Ahora vivo del revés y a menudo pienso que sólo tú podrías poner mi mundo en su sitio. Esa es una batalla perdida: ya no sé si me fui, te fuiste o te dejé marchar. Sé que han pasado años y no volverás, no volveremos. “Las personas cambian, todo el mundo cambia”. Lo decías con tanta seguridad y sencillez que me fascinaba, pero no cesaba en mi empeño por negártelo. Cambié. Cambiaste. Nos cambiamos. Y por cambiarnos ya nunca seremos esos dos que un día se quisieron. Ya no soy la que quisiste ni tú el que quise, aunque aún le quiero.
El sueño es vida.
Nunca perderé la esperanza de vernos de nuevo en otra playa, otro banco, otra vida.
Y puesta a imaginar, será casualidad. Quizás tengamos canas, hasta en sueños pido poco.
Lo que no dudo, ni despierta, es que no podría haber más emociones en una mirada.
Me imagino cualquier parte llena de gente y sé que todo nos parecería vacío.
Conociéndonos, solo podrían despistarnos dos cosas: el nivel de humo en la risa y el de alcohol en la sonrisa.
A mí me daría un vuelco el corazón, y la vida, y sé que perdería la cabeza de nuevo si te mirase un minuto...
Tal vez la suerte que he tenido es que me han robado tu mirada y tampoco yo puedo mirarte.
De no ser así no habría aprendido casi nada de la vida.
Gracias a ti aprendí que eso de no saber lo que tienes hasta que lo pierdes, no es nada comparado con perder lo que nunca has tenido.
Tirando de refranero, es verdad que lo último que se pierde es la esperanza.
A mí un día me despertó tu mirada y desde entonces solo quiero soñar para volver a verla.
Y que no se encuentren nunca más nuestras miradas, la realidad nunca estará a la altura de los sueños.
Sueño para mantenerme viva y cada vez que sé que solo es sueño se me va un poco la vida.
Aunque cuando una mirada te quita poco a poco la vida... eso es vida.
La vida mata, así que vivamosla.
Tengo la maldita manía de mirar mucho al pasado. Y es una manía pésima, porque el pasado no me va a decir nada nuevo.
Cuando me canso de revolverle las tripas a lo que nunca pudo ser y a lo que fue, me da por jugar a ser Dios y miro el futuro como si lo pudiera cambiar. Y eso no es lo peor, no. Lo peor es que tengo la firme convicción de que un 80% de mi futuro está en mis manos y el porcentaje restante es azar.
Por eso, por ese ochenta por ciento, me paso la vida diciendo que carpe diem no es una frase perfecta para eslóganes publicitarios. O mejor dicho, lo es. Pero es mucho mejor como filosofía de vida: vive el hoy para que ayer sea sólo un recuerdo y que mañana el ayer sea un recuerdo feliz.
Disfruta el momento, que dice la frase. Así vivo: pensando en cómo sonreír y analizando qué me ha quitado sonrisas en la vida y qué me las podría dar.
Por ahora encuentro que lo que más felicidad me ha dado es la tristeza, por eso de que después de estar más jodido que nunca ya solo vas a mejor y, valga la redundancia, eso es inmejorable.
Además de la tristeza, me hacen feliz las juergas, el sexo y la cerveza. (Y el tequila, y la ginebra... Pero me hace feliz la poesía y tenía mejor rima el ambarado elixir). Placeres efímeros de la vida que se empeñan en decir que nos matan. ¡Pero por Dios! ¿Es que esos médicos prescriptores de consejos para la vida eterna no se han dado cuenta de que al final el tiempo es el que siempre nos mata?
Vivo enamorada del tiempo porque él siempre gana, tiene las mejores cartas: pasado, presente, futuro y fin.
La vida mata, así que vivamosla.
Pa' qué te voy a decir que no, si sí.
¿Cómo vas de chicos? ¿No hay ningún hombre en tu vida? ¿Qué tal los amores?
Y les dices que no hay nada y les cambia la expresión.
¿Nada de nada? ¿En todo este tiempo?
Dices que no y te miran con compasión. Casi parece que vayan a exclamar "¡pobrecita!". Y de pronto te ves casi justificándote por no haber sido capaz de enamorarte tú, pero sobretodo, de enamorar a nadie. Como si esa fuera tu obligación como mujer en la veintena y hubieses desobedecido unas órdenes que ni siquiera estaba en tu mano cumplir, pero tuvieras que pedir perdón por ello.
¿Cómo no vas a terminar preguntándote si has hecho algo mal? Las caras de compasión hacen mella en tu seguridad indestructible y piensas que quizás es eso, que eres demasiado fría. ¿Y cómo no serlo? Antes de que se compadecieran de ti, sufriste muchísimo más. Enamorando a quien no te enamoraba, enamorándote de quien no te miraba. Y equivocándote, haciendote fuerte, aprendiendo lo que no querías volver a tener nunca más y lo que jamás volverías a ser, por principios. Forjando un carácter y un criterio incompatibles con complacer por norma y dejarse querer por cualquiera, incompatibles con amar a ciegas a la primera de cambio, que esa es una piedra afilada con la que ya tropezaste bastante. ¿Es que nadie lo entiende? ¿Te compadecen por eso?
Estar sola es una elección a medias. Preferiría tener a alguien a quien llamar borracha a las 5 de la mañana y terminar la noche en su cama. Pa' qué te voy a decir que no, si sí. Pero nunca preferiría que ese alguien fuera cualquiera.
Yo no he hecho ningún mal a nadie, he sido yo misma y nadie se ha enamorado de mí. Y nadie me ha enamorado tampoco.
Dudo que yo haya perdido mi capacidad de amar, siempre fue demasiado grande. Pero puede que no sea capaz de enamorar a nadie y, si es así, ¿cuál es el problema? ¿Tan triste viviré? ¿Tendré que justificarlo eternamente? Porque pedir perdón... No, de eso ni hablar, que ya he hablado de que tengo principios. Y de ser fuerte. Eso no enamora, pero ayuda a vivir con la sonrisa en la cara y la cabeza alta. Me vendrá muy bien si voy a estar sola.
