Cartas que no leerás: Partirse el alma.

viernes, 3 de agosto de 2018 by Carmen Porcel
Tengo en mis ojos las lágrimas de quien ha perdido un amor para siempre. Así es, nunca había vivido un duelo como este. Paradójico, porque pensé que para este estaba más preparada que nunca. Los últimos meses anunciaban un final inevitable y yo me iba queriendo hacer a la idea. De hecho, te perdí mucho antes de que te fueras y, sin embargo, aquí estoy, con un nudo en la garganta y unas lágrimas contenidas que quieren brotar, pero no les dejo.
No les dejo porque ni siquiera estoy en casa. Me acuerdo de ti en cualquier momento, en cualquier lugar. No quiero olvidarte -y sé que no lo haré-, pero a una parte de mí le gustaría que no me invadieras de esta forma tan repentina. Me invade tu recuerdo constantemente. Ni un solo día desde que te fuiste he podido dejar de pensar en ti.
A veces pienso que se me está partiendo el alma. No sé por qué, pero esa expresión exacta es la que me viene a la mente al pensar cómo me siento. En realidad es un sentimiento amargo, una forma negra de partirse el alma. A la vez pienso en ti y en cómo me animabas a sacar el lado bueno de todo, e increíblemente se me ocurre la forma de verle el lado bueno a partirse el alma. Lo contaré de la misma forma en que, probablemente, lo harías tú: con una historia (pero nadie como tú para contar anécdotas e hilarlas con lo que querías decir).
El malo de Harry Potter, Voldemort, dividió su alma en siete partes para hacerse inmortal y la escondió en objetos, lugares y personas. En su caso tenía, obviamente, una intención de lo más oscura. En cambio, yo esta vez quiero pensar que si siento que se me parte el alma es porque un pedazo de mí se ha ido contigo y otro ha entrado en mi alma para hacerte inmortal en mi memoria. Y de la ciencia ficción me paso a una canción: “un amor que es inmortal, que supera las barreras de la lógica y la física”. Así es el nuestro.
Por suerte, no me puedo arrepentir de no habértelo dicho. Nos profesamos amor mutuo tanto tiempo como la vida nos permitió coexistir y ese es mi mayor consuelo. Ese tiempo ha llegado a su fin, pero nuestro amor será eterno. El más auténtico. Ahora solo me queda buscar la forma de seguir hacia adelante como a ti te gustaría, sin poder recurrir esta vez a tus siempre sabios consejos y a tu incondicional apoyo.
Saldré adelante, te lo prometí. Te quiero. Para siempre.
Posted in | 0 Comments »

Mi cerveza favorita.

martes, 20 de junio de 2017 by Carmen Porcel
Se me olvidó escribir.
Nunca he sido poeta, ni escritora:
sólo un fraude.
Sólo sabía hablar de desamor,
de descosidos en el alma,
del dolor.

Escribía para deshacerme
de lo que tenía muerto por dentro,
y, la verdad,
me salía sin esfuerzo.

Lo difícil de verdad es escribirle al amor:
al de verdad, al que no anhelas, ni añoras, ni sueñas.
Será por eso que hay tantos poemas y canciones,
porque para quienes los hicieron solo eran borradores.

Ninguna letra es suficientemente buena para explicar
que el amor no se parece en nada a lo que soñamos.
Es mejor, es distinto, es imperfecto,
y mientras no nos lo creemos, lo creamos.

Hubo un tiempo en que yo llevaba la cabeza
sobre los hombres,
y apareciste de la nada
con la firme intención de desarmarme.

Me salió una risita nerviosa:
la de "si me quito la coraza, no sales vivo",
pero saliste e incluso entraste,
quizás herido, pero vivo.

Lo vi todo tan negro que lo tuve todo claro
y, como dijo Marwan, "bajé la guardia y subió el amor"
-que no está la vida como para quedarse con las ganas-.

Caí en la tentación y no me libró de ningún mal.
Caer en tus brazos me libró de mí misma.
Yo, que siempre amé dormir sola en la cama,
si no es en tus brazos ya no lo llamo dormir.

Aquí estoy, sin factor de protección.
Disfrutando cada instante,
con la piel desnuda y sin miedos.

Después de tu voz,
el silencio se me hace grande
y todo lo demás es ruido.

No me habléis de música
si no habéis escuchado su risa.
Y tú haces que mi risa
sea una canción interminable.

Que lo difícil nunca fue querer:
sino dejarse querer
y, sobre todo,
escoger por quién.

A veces me asusta pensar
que estoy viviendo un sueño sin terminar,
porque todos los sueños terminan al despertar.

Pero, si podemos flotar,
¿a quién le importa la distancia hasta el suelo?
Voy a venirme muy arriba
si prometes esperarme debajo.

Y ojalá nos queramos siempre,
y si no, mientras dure,
querámonos bien.

Lo que más me gusta de esta nueva vida
es tenerte dentro o, por lo menos, cerca.
Que mi cerveza favorita es compartida.

La que sea, pero contigo.
Posted in | 0 Comments »

Escribir.

sábado, 12 de julio de 2014 by Carmen Porcel
Lo malo de los que escribimos es que podemos bucear en nuestra memoria incluso recordando aquello que ya habíamos olvidado, porque lo dejamos escrito.
A veces, cuando estás en calma, de pronto empiezas a revivir capítulos cerrados y te das cuenta de que contienen más carga emocional de la que puedes soportar en plena quietud.
Lo malo de escribir es cuando se hace con el alma y se deja uno la vida en letras, porque el pasado se hace presente para siempre y puedes rescatar cuando quieras lo que te hacen sentir las historias, pero duele demasiado comprobar que se quedaron en eso: historias.
La solución existe: tirar de tus adentros y empujarte con esfuerzo a la asunción de que todavía tienes suerte, o alguna vez la tuviste, por vivir esas historias. Y lo bueno de escribir es que lo haces mejor cuando estás completamente roto, así que a veces recordar lo hondo de tus pozos te hace sentir alivio por haber salido de ellos.
Escribir es una condena para los que volcamos el alma en textos sin poder remediarlo, pero nuestra condena es nuestro único alivio.

Una vez escuché que las chicas buenas llevan diarios, pero es mejor tener una vida que recordar aunque no la escribas. Y es verdad. Pero más verdad es que hay emociones que merece la pena revivir más que las historias que podamos recordar.
Posted in | 0 Comments »

Las personas cambian.

martes, 29 de abril de 2014 by Carmen Porcel

Cómo puede ser que los años me hayan enseñado que tenemos más en común de lo que pensaba cuando te quería por ser tan jodidamente distinto a mí y al resto del mundo que yo conocía. La cuestión es que yo te decía que no iba a cambiar nunca y tú decías “las personas cambian, todo el mundo cambia”. Lo que nunca imaginé es que, huyendo de ti, terminaría convirtiéndome en tu reflejo. O al menos en el reflejo del “tú” que yo conocí, si es que alguna vez realmente te conocí. Lo cierto es que me decías verdades reveladoras con tanta facilidad como encendías el mechero mientras te fumabas un peta en el balcón de turno. Me lo pasabas tres veces y me entraba la risa tonta. “Si es que no fumas nunca, tía”. Lo que sí sabía a ciencia cierta es que mientras te sacaba de quicio por no hacer siempre lo mismo que tú y no pensar nunca como tú, te divertías al ver cómo me enredaba en argumentos que invalidabas a base de whisky y caladas. Jugabas conmigo, casi sin quererlo, a saber lo que querías que pasara y yo fingía, a veces queriendo y otras sin quererlo, que no sabía que pasaría. Pero pasaba. Y pasó muchas veces. Tú te creías muy distinto al resto del mundo y yo te veía así, porque entonces yo solo sabía mirar el mundo a través de tus ojos. Ahora sin duda no somos tan distintos, pero sí distantes. Prefería cuando era al revés. Contigo siempre fue todo del revés: cuanto más te quise, más te odié; cuanto más lejos te siento, más cerca te quiero. Ahora vivo del revés y a menudo pienso que sólo tú podrías poner mi mundo en su sitio. Esa es una batalla perdida: ya no sé si me fui, te fuiste o te dejé marchar. Sé que han pasado años y no volverás, no volveremos. “Las personas cambian, todo el mundo cambia”. Lo decías con tanta seguridad y sencillez que me fascinaba, pero no cesaba en mi empeño por negártelo. Cambié. Cambiaste. Nos cambiamos. Y por cambiarnos ya nunca seremos esos dos que un día se quisieron. Ya no soy la que quisiste ni tú el que quise, aunque aún le quiero.

Posted in | 0 Comments »

El sueño es vida.

by Carmen Porcel

Nunca perderé la esperanza de vernos de nuevo en otra playa, otro banco, otra vida.

Y puesta a imaginar, será casualidad. Quizás tengamos canas, hasta en sueños pido poco.

Lo que no dudo, ni despierta, es que no podría haber más emociones en una mirada.

Me imagino cualquier parte llena de gente y sé que todo nos parecería vacío.

Conociéndonos, solo podrían despistarnos dos cosas: el nivel de humo en la risa y el de alcohol en la sonrisa.

A mí me daría un vuelco el corazón, y la vida, y sé que perdería la cabeza de nuevo si te mirase un minuto...

Tal vez la suerte que he tenido es que me han robado tu mirada y tampoco yo puedo mirarte.

De no ser así no habría aprendido casi nada de la vida.

Gracias a ti aprendí que eso de no saber lo que tienes hasta que lo pierdes, no es nada comparado con perder lo que nunca has tenido.

Tirando de refranero, es verdad que lo último que se pierde es la esperanza.

A mí un día me despertó tu mirada y desde entonces solo quiero soñar para volver a verla.

Y que no se encuentren nunca más nuestras miradas, la realidad nunca estará a la altura de los sueños.

Sueño para mantenerme viva y cada vez que sé que solo es sueño se me va un poco la vida.

Aunque cuando una mirada te quita poco a poco la vida... eso es vida.

Posted in | 0 Comments »