Se supone que a tu edad la gente no se alegra de cumplir años. Sinceramente, esto me parece una tontería ¿por qué no alegrarse de estar aquí un año más? En tu caso deberías estar doblemente alegre porque en los años que yo he vivido, has conseguido que te admire. Bien es cierto que no siempre lo has hecho todo bien, y ya sabes cuál es mi opinión en muchas cosas, pero hoy no es día de recriminarte nada. Nunca te digo las cosas buenas que tienes y este me parecía un buen regalo de cumpleaños. Creo que para ti, incluso mejor que cualquier regalo que pueda comprarse.
Admiro tu templanza, que cuando discuto contigo me pone nerviosa (a mí y a todos), pero que al fin y al cabo es una cualidad admirable, la capacidad que tienes para sentarte a hablar y arreglar las cosas en lugar de limitarse a los chillidos. Además creo que es algo que, en parte, he heredado de ti. Otra cosa que quizás también he heredado de ti es tu humor, esa ironía tuya, solo que en mí creo que está incluso más pronunciada. Muchas de las veces que estoy contigo, me río muchísimo, y eso no se nota en el momento, pero son cosas que están ahí. Además eres una persona muy neutral, es algo de lo que me he dado cuenta con el tiempo. Una virtud parecida que tienes, pero que no es la misma, es que eres justo. Premias lo que ha de premiarse y castigas lo que ha de ser castigado. Cuando hacemos algo bien, nos haces ver que lo que estamos haciendo está bien, y es una de tantas cosas que tengo agradecerte. Aunque estas palabras acaben aquí, no se terminan aquí las cosas que he aprendido de ti, como el aprender a valorarme a mí misma, que el esfuerzo da resultados satisfactorios o el enseñarme a pensar.
Sólo quería que te quedaras esto por escrito para que, por muchas cosas que pasen, siempre te acuerdes de que te quiero, y de que si eso no es suficiente, además te admiro.
(Escrito a 20/02/2010, versión adaptada. Especial dedicación a "él ya sabe quién".)


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