“Prohibido” es una palabra que siempre me produjo atracción. Si puedes hacer algo cuando quieres no tiene el mismo valor que si no puedes hacerlo. Si está prohibido es por algo, y necesitas caer en la tentación para descubrir el porqué con todas sus consecuencias. Mas a veces está tan prohibido que los remordimientos son más poderosos que la propia tentación. No es algo que suela sucederme, suelo caer en la tentación sin más… pero esta vez, es diferente. Siento la atracción, lo cuál quizás roza ya el límite en la prohibición. Pero no lo sobrepasa. No sobrepasare los límites, no dejaré que me lleve la tentación. No, esta vez temo las consecuencias. Puedo vislumbrarlas antes de caer en la tentación, y no resultan tan atractivas como la propia tentación. Entiendo, en parte, porqué está prohibido lo prohibido en esta ocasión. Por más que lo entienda no puedo evitar querer caer en la tentación, tener la contradicción de sentirme absolutamente atraída por las cosas prohibidas y completamente aterrada por las consecuencias. Todo hipotéticamente, pues a veces las cosas prohibidas cuentan con una valla eléctrica a su alrededor para que no puedas acceder hasta ellas, y yo ni si quiera sé si podría saltar la valla o me electrocutaría. Pero tengo la tentación de saltar la valla, de sufrir las consecuencias pese a lo poco atractivas que son… tan sólo no la saltaré porque temo que esté electrificada, no por lo que podría pasar tras saltarla.
“Huye de la tentación, pero despacio para que pueda alcanzarte.”
(Escrito a 01/06/2010).

1 comentarios:
gran frase la del final
+-Carol-+
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