Las buenas personas no siempre pueden ser vistas ayudando a una mujer anciana a llevar sus bolsas de la compra, dándole limosna a un mendigo o rezando en una capilla, una mezquita o una sinagoga. No son santos ni mártires, muchas veces las buenas personas dicen palabrotas, dicen que “no” cuando no están conformes con algo e incluso hacen el amor fuera del matrimonio, aunque esto sea un pecado en las tres religiones más potentes del mundo. No siempre son sumisos, educados, conformistas y adorables. Pero les puedes ver dándole la mano a su madre, o a un amigo, en un hospital mientras el otro sufre, en silencio, transmitiéndoles la calma que necesitan. Les puedes ver dando consejos en el momento acertado, consejos que para sus amigos serán mucho más valiosos que frases épicas de grandes poetas, filósofos o cineastas. Dando un abrazo a un amigo que llora, o sonriendo cuando un amigo gana un premio, o se besa con la persona a la que ama, o consigue un ascenso, o una beca. Las buenas personas no siempre ganan premios Nobel, ni Óscars. No siempre se les hace una película contando las grandes hazañas que hicieron a lo largo de su vida, ni nadie escribe su biografía. No se les beatifica, ni se les eleva a la categoría de celebridades. Pero siempre cuentan con el reconocimiento de las personas con las que sonrió, a las que les dio un beso, a las que les tendieron una mano.
(Escrito a 07/06/2010).

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