
Me gusta la noche. La noche siempre es la misma. Da igual si el cielo está estrellado o si está nublado, no importa si es luna nueva o luna menguante. Sólo importa que el mismo cielo oscuro nos cubre a los dos donde estemos, que si levantamos la vista estaremos mirando la misma luna. Cada día cae el sol y se convierte en noche, y cada noche que no estoy contigo te echo de menos. Sólo me queda el consuelo de que la misma luna que veo será la que tú estás viendo, de que si duermo te veré en sueños y si quedo despierta tendré a mi luna. Tu luna, nuestra luna. La misma que nos vió aquella noche de invierno, la misma que nos miraba cuando nos dimos aquel primer beso. La misma que estaba en el cielo la última noche, con los últimos besos. La misma, que al marcharse, me dejó echándote de menos. Al llegar la luz del día todo se volvió confuso y es que no hay luz más clara para nosotros que la de la luna. No hay más claridad que la oscuridad de cada noche en que nos dejamos llevar sin pensar. La noche, mi gran pasión. De día somos lo que debemos, o lo intentamos. De noche somos nosotros, sin más. Por eso me gusta la noche, por eso miro a la luna, porque en esta silla en esta noche oscura, aunque no estés conmigo siempre me quedará la luna.
(Escrito a 29/04/2010)

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