
Cuando caiga la noche y repose horizontal, vendrá a mi cabeza tu nombre. Siempre revolotea sobre ella sin piedad, pero en ese preciso momento dejaré que el subconsciente me traicione, y como cada noche, soñaré que existe un mundo donde nosotros estamos juntos. Cuando despierte, blasfemaré a Dios por no haberme permitido quedarme a vivir en mis sueños, y en algún momento del día vendrás a contarme sobre algún nuevo amor, por llamarlo de algún modo. Te aconsejaré con sinceridad, trataré de alegrarme por ti, haré cualquier esfuerzo con tal de disimular que por más que me plazca verte intentar ser feliz, siempre me consideraré más capaz de conseguir hacerte feliz que cualquier otra. Algún otro día, no muy lejano, vendrás a contarme que aquel amor acabó rápido, como siempre. Te hicieron daño otra vez, pero no hay problema, porque sabes que siempre tendrás a esta amiga fiel que siempre te rescatará de las caídas. Me dolerá verte tropezar, me alegrará saber que ya no eres de otra. Me olvidaré hasta de mí por conseguir que no derrames ni una lágrima por otra. Fingiré, como siempre, que a mí todo me va bien, que no estoy enamorada, que nadie me hace daño a mí. No me traicionas, no me ignoras, pero duele saber que soy una amiga tan fiel. Siempre cometo el mismo error: ser demasiado buena amiga. No quiero ser tu amiga, quiero ser la chica que te haga feliz. Quiero que no vuelvas a necesitar una amiga fiel que escurra tus lágrimas, porque nadie te hará daño si estás conmigo. Pero tú eso no lo ves, y puedo conformarme con ser tu amiga si eso significa estar más cerca de ti, asegurarme de que estás bien. Que sepas que si algo va mal, puedes contar conmigo. Aunque no sepas que es mi amor, y no yo, el que no te va a fallar. Que es mi amor el que me invade cuando reposo horizontal, el que deja que el corazón subestime a la razón permitiéndome en mis sueños que estemos juntos los dos.
(Escrito a 07/05/2010).

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